24 de mayo de 2014 - 22:33

Últimas postales antes del Mundial

El Gobierno va a invertir 233 millones de pesos en una universidad.

-Qué buena noticia. ¿La va a equipar?

-No, la va a estatizar.

En 1999, durante una charla que daba en la Universidad de las Madres que llevaba por título “El derecho a la violencia”, Sergio Schoklender decía -está grabado en un video de la época-: “No es con chupetines ni con caramelos con los cuales se lleva adelante una revolución. Lo que Fidel logró construir en Cuba no fue por las buenas”.

En 2011, 12 años y 1.347 cheques rechazados después, hablando por celular desde su yate de 420.000 dólares amarrado en San Fernando, el conferencista pudo haberle dicho a Hebe algo así: “Lo de los sobreprecios en Sueños Compartidos es relativo. Si pensás que se paga para la construcción de una vivienda, es caro. Pero si pensás que es para la construcción de un relato, es baratísimo. Quedate tranquila”.

Cortó. Sonrió. Y volvió a izar el pañuelo blanco de Hebe. La mejor vela en la regata de su vida.

Como ni el Estado ni el sistema bancario osaron objetar los más de 1.000 cheques rechazados que emitió la Fundación que manejaba tanto la Universidad de las Madres como el plan de viviendas sociales, el Gobierno decidió que esa deuda de más de 200 millones de pesos la paguemos todos. ¿Cómo? Estatizando la Universidad. ¿Qué es una estatización?

Miremos Repsol, Ciccone y Sueños Compartidos. La estatización es la letra chica del contrato entre el Estado y un privado, que dice que en caso de defraudación, estafa o vaciamiento, usted, querido lector, será solidariamente responsable de las deudas que ese privado haya contraído.

Pero todo puede ser más extravagante: esta semana el oficialismo logró alcanzar el quórum para firmar dictamen a la estatización de la Universidad de las Madres gracias a la curiosa renuncia de Gabriela Michetti a la Comisión de Derechos y Garantías. ¿Quién la reemplazó? ¿Alguien de Pro? No, cedieron el lugar, que fue ocupado por la kirchnerista Hilda Aguirre, que le posibilitó al Gobierno alcanzar el número. De paso, el quórum conseguido destrabó el proyecto que ratifica el acuerdo entre la Nación y la Ciudad para la remoción de la estatua de Colón de atrás de la Rosada (al otro Cristóbal ninguno de los dos lo remueve, se pelean por tenerlo cerca).

“Es una nueva muestra del pacto silencioso entre Pro y el FPV”, dijo el radical Luis Naidenoff. ¿La cesión de la ex ESMA, cuyo edificio pertenecía a la Ciudad, a la órbita de la Nación, formaría parte del acuerdo? ¿Pudo el ingeniero haber transformado la “grieta” en un transitado túnel?

El 11 de setiembre de 2001, mientras los argentinos veían la caída de las Torres Gemelas por televisión, el Congreso absolvía a Norberto Oyarbide por el affaire Espartacus. En junio de 2014, dentro de pocos días, mientras estemos viendo el Mundial, el fiscal José María Campagnoli, que investigaba la ruta del dinero K, será juzgado por un tribunal en su mayoría oficialista, que probablemente lo destituya (le tocó el grupo de la muerte).

Caminando aeróbicamente alrededor del Rosedal, el ex director de Asuntos Jurídicos del Ministerio de Economía José Guillermo Capdevila recibió amenazas de muerte por parte de dos hombres. Los personal trainers le sugirieron que, para no llevar su pulso basal a cero, era bueno no salir de testigo en la causa Ciccone. Capdevila, obediente, hiperventiló hasta Uruguay.

Ahora el juez Casanello lo invita a volver a la Argentina y lo tranquiliza, prometiéndole incluirlo en el programa de testigos protegidos, que en este caso consiste -mire qué delicia- en que el Estado que será acusado cuide al que lo va a acusar. Aterrado, Capdevila no descarta pedir asilo en otro país. Es difícil encontrar una postal que resuma mejor las contradicciones de esta época. Con los Kirchner vuelven los científicos y se van los testigos de la corrupción.

LAS MAS LEIDAS