El hombre en su laberinto
Que Borges es una figura clave para la literatura de Argentina no tiene discusión. Fue un inigualable escritor, pero sobre todo fue lector: reescribió tradiciones, inventó autores, citó libros reales e imaginarios, cruzó géneros y construyó una obra en la que cada texto parece abrirse hacia otros textos. Representa una manera de pensar la literatura como biblioteca, conversación y laberinto. A cuarenta años de su muerte, ocurrida en Ginebra el 14 de junio de 1986, el autor de Ficciones, El Aleph y El libro de arena vuelve a ocupar un lugar central en la vida cultural argentina, porque aparece como uno de los ejes más visibles de la programación de la Feria del Libro de Buenos Aires. No se trata solo de recordar a un escritor. Borges fue una forma de leer la Argentina y de proyectarla hacia el mundo. Su obra modificó la literatura nacional porque la sacó de toda idea estrecha de pertenencia: en sus páginas conviven Buenos Aires, los arrabales, los compadritos y los patios, pero también Dante, Shakespeare, las sagas nórdicas, la filosofía, la teología, las bibliotecas infinitas, los espejos y los laberintos. Desde esa mezcla singular, Borges enseñó que la literatura argentina podía ser profundamente local y, al mismo tiempo, radicalmente universal.
Tal vez por eso el homenaje de la Feria no se limita a las mesas de especialistas. Borges aparece como experiencia, como recorrido y como atmósfera. Uno de los espacios más llamativos es el laberinto montado en homenaje a su obra. La propuesta convierte uno de los símbolos más reconocibles del universo borgeano en una experiencia física: ya no se trata solo de leer sobre laberintos, sino de caminar dentro de uno y descubrir fragmentos de la escritura del autor.
A ese recorrido se suma una muestra inmersiva que permite ingresar en su universo visual y sonoro. Allí, los visitantes pueden escuchar su voz mientras reflexiona sobre el tiempo, Buenos Aires y su propia vida, rodeados de imágenes proyectadas que evocan sus obsesiones literarias. La exposición también recupera su costado mediático, con portadas de revistas y diarios que documentan la centralidad pública que alcanzó su figura, y exhibe traducciones de su obra que dan cuenta de su impacto internacional.
Esa dimensión global resulta clave para comprender por qué Borges sigue siendo actual. Su literatura viajó mucho más allá de la Argentina y dialogó con lectores, escritores y traductores de distintas lenguas y tradiciones. La colección de traducciones expuesta en La Rural funciona como una evidencia concreta de esa expansión: Borges ya no pertenece únicamente a la literatura argentina, sino a una conversación mundial sobre el tiempo, el infinito, la lectura y los límites de la realidad.
Borges en nuestros días
También la Ciudad de Buenos Aires organizó una programación especial en su stand 1400 del Pabellón Amarillo, con apoyo de la Fundación Jorge Luis Borges. Bajo el eje “Año Borges”, se proponen distintas formas de volver sobre su figura: Martín Kohan aborda cómo Borges se convirtió en símbolo de la literatura argentina; Martín Hadis explora los vínculos entre Borges y El Eternauta; Sylvia Iparraguirre analiza la dimensión policial de su obra; y Daniel Mecca cruza el universo borgeano con el pop de David Bowie.
La amplitud de esas propuestas dice mucho sobre la vitalidad del autor. Borges puede ser leído desde la crítica literaria, desde el policial, desde la historieta, desde la cultura pop, desde la música y desde la pregunta por los nuevos lectores. Su obra admite esas entradas porque nunca fue un territorio cerrado: cada generación parece encontrar allí un nuevo pasadizo.
La Feria también lo recuerda a través de lecturas y cruces artísticos. Entre las actividades destacadas se incluyen lecturas musicalizadas de sus milongas con Diego Paszkowski, además de encuentros que ponen su obra en diálogo con la ciencia, el conocimiento total, la literatura coreana, el policial y la biografía. La agenda anunciada incluye propuestas como “El Libro Absoluto: entre Borges y el Universo”, organizada por el Instituto Balseiro, el Centro Atómico Bariloche, la CNEA y la UNCuyo; “Han Kang y Jorge Luis Borges: memoria, cuerpo y laberintos literarios”, con Claudia Piñeiro y Silvia Hopenhayn; y “Borges y el policial”, con Guillermo Martínez, Sylvia Iparraguirre y Pablo De Santis.
A esto se agregan presentaciones y homenajes vinculados con su biografía y su legado: “Borges 40º Años – Entre Biógrafos”, con Lucas Adur y Alejandro Vaccaro; la presentación de Jorge Luis Borges: un destino literario, de Lucas Adur; y otros encuentros que vuelven sobre su figura desde distintas perspectivas. La multiplicidad de actividades confirma que Borges no es solo un autor para conmemorar, sino un campo de lectura todavía activo.
Incluso fuera de las salas, su nombre aparece asociado a la circulación contemporánea de los libros. La Red de Bibliotecas Públicas de la Ciudad realiza activaciones para invitar a los vecinos a asociarse a sus bibliotecas y a descubrir la Biblioteca Digital Jorge Luis Borges, una aplicación con miles de títulos gratuitos para vecinos de la Ciudad. Ese gesto conecta el homenaje con una dimensión especialmente borgeana: la biblioteca como territorio de acceso, imaginación y conocimiento.
En ese sentido, la presencia de Borges en la Feria excede la efeméride. No se trata únicamente de recordar los 40 años de su muerte, sino de comprobar que su obra sigue viva porque todavía produce preguntas. ¿Qué significa leer? ¿Qué lugar ocupa la memoria en nuestra identidad? ¿Cuántas versiones posibles tiene una historia? ¿Cómo se construye una tradición? ¿Qué hacemos frente al infinito de los libros, de las imágenes, de los datos, de los mundos posibles?
La Feria, con sus recorridos, stands, muestras y conversaciones, parece responder a esas preguntas de un modo profundamente borgeano: leyendo. Borges está en las charlas, pero también en los pasillos; en las vitrinas, pero también en las voces; en los libros, pero también en las experiencias que invitan a las nuevas generaciones a acercarse a su obra desde otros lenguajes.
* La autora es especialista en innovación educativa.