20 de abril de 2026 - 00:00

IA y educación: ahora importa más que nunca enseñar a pensar, decir y convivir

La UNESCO acaba de lanzar el Observatorio de Inteligencia Artificial en Educación para América Latina y el Caribe, que invita a pensarnos frente al avance de la tecnología. La pregunta inicial es qué cosas debería enseñar hoy la escuela para preparar a chicos y jóvenes para un mundo en el que la inteligencia artificial ya está entre nosotros.

Cuanto más avance la IA, más urgente será volver a trabajar con fuerza sobre aquello que ninguna tecnología puede resolver por nosotros: el lenguaje, el pensamiento, el equilibrio emocional y las habilidades para colaborar con otros. La tentación de esta época es creer que el gran desafío educativo consiste en “incorporar herramientas tecnológicas”. Pero tal vez esa sea una manera muy limitada de mirar el escenario al que nos enfrentamos. La cuestión no es simplemente integrarlas en los entornos de trabajo, sino decidir con qué criterio vamos a usarlas, para qué, en qué casos pueden ayudar y en cuáles no deberían reemplazar la labor humana. Ese, de hecho, parece ser el mensaje más valioso detrás del lanzamiento del Observatorio de Inteligencia Artificial para América Latina y el Caribe que acaba de lanzar la UNESCO, con la participación de 33 ministerios de Educación de países de la región, entre los que se encuentra Argentina. No se trata de que la tecnología gobierne la educación, sino de que la educación sea capaz de prepararnos para comprender y hacer un uso responsable y crítico de la tecnología. Y esto implica, necesariamente, ponerle dirección, sentido, límites y propósito humano. Esto importa especialmente en una región como la nuestra, donde la conversación sobre innovación no puede desligarse de una realidad incómoda: todavía tenemos enormes deudas en lectura, comprensión, escritura, razonamiento y aprendizaje. ¿Qué pasa cuando una tecnología poderosa aterriza en sistemas educativos donde muchos estudiantes todavía no logran comprender bien lo que leen, expresar con claridad lo que piensan o sostener una argumentación propia? La IA no corrige mágicamente esas fragilidades. En algunos casos, incluso puede volverlas más profundas.

Las habilidades clave

Por eso, sin dudas, la primera habilidad que hoy tenemos que defender con convicción es el lenguaje. Leer bien, escribir bien, preguntar bien, nombrar bien, argumentar bien. Todas estas habilidades cobran nuevo sentido en este tiempo. Porque una persona que no comprende con profundidad, que tiene poco vocabulario o que no puede organizar su pensamiento con palabras claras queda mucho más expuesta a repetir respuestas ajenas sin poder examinarlas de verdad. Y una sociedad desbordada de información, acostumbrada a la comunicación impulsiva y veloz, pero que no forma sujetos capaces de interpretarlas críticamente, corre el riesgo de volverse más vulnerable. No alcanza con acceder a información, sino con tener las herramientas para gestionarla, analizarla e interpretarla.

La segunda habilidad imprescindible es el pensamiento. Pensar de verdad. No solo responder. No solo producir. No solo “resolver” con rapidez. Pensar supone detenerse, comparar, dudar, establecer relaciones, reconocer matices, advertir contradicciones, distinguir lo verdadero de lo apenas verosímil. La IA puede asistir, sugerir, organizar, sintetizar. Pero no puede reemplazar el juicio humano ni la responsabilidad de decidir. Mucho menos en educación, donde cada decisión tiene una dimensión ética, pedagógica y emocional que no entra en una fórmula automática.En un tiempo que idolatra la velocidad, enseñar a pensar es indispensable. Hay otra cuestión que a veces queda relegada cuando hablamos de innovación: el equilibrio emocional. Vivimos en un entorno saturado de estímulos, de hiperconexión, de demandas simultáneas, de exposición permanente. En ese contexto, aprender a regular las emociones, tolerar la frustración, desarrollar empatía, sostener vínculos sanos y tomar decisiones responsables deja de ser un complemento “blando” de la formación. Pasa a ser parte de lo esencial. Porque el futuro no va a necesitar solamente personas que sepan interactuar con sistemas inteligentes. Va a necesitar personas que sepan interactuar entre sí sin deshumanizarse.

Sobre el Observatorio

El propósito de esta iniciativa impulsada por la CEPAL es atender una doble urgencia regional: por un lado, medir y gestionar el impacto de la IA en la enseñanza y el aprendizaje, y por otro, atender especialmente la crisis de aprendizajes básicos (lectura, escritura, matemáticas) que se observa en la región. El Observatorio plantea que no se puede pensar la IA al margen de esa deuda estructural y es en este marco que aparece como una infraestructura regional de cooperación. Su función sería producir evidencia comparada, fortalecer capacidades institucionales, orientar políticas públicas y ayudar a los países a tomar decisiones mejor fundadas sobre el uso de IA en educación. No se presenta como una plataforma para “acelerar” la adopción tecnológica, sino como un espacio para ordenarla, gobernarla y hacerla compatible con el derecho a una educación de calidad. Entre las líneas de acción que se destacan están la generación de reportes y evidencia regional, el apoyo a marcos éticos y regulatorios, la formación de docentes y tomadores de decisión, la conexión con observatorios y laboratorios nacionales, y la promoción de pilotos e innovaciones abiertas que permitan detectar soluciones escalables.

En un mundo de respuestas instantáneas, enseñar a leer, pensar, sentir y colaborar tal vez sea menos vistoso que enseñar a usar una aplicación, pero es bastante más decisivo. Porque el futuro no se jugará solo en la potencia de las tecnologías, sino en la calidad humana de quienes aprendan a convivir con ellas.

* La autora es especialista en innovación educativa.

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