Lo conocí a sus 15 años, yo era uno y medio mayor, en la Parroquia Nuestra Sra. De los Dolores, en el Movimiento Juvenil de Peregrinos. Apenas empezábamos a rascar un poco las cuerdas de nuestras guitarras.
Lo de Felipe Staiti alcanzó dimensiones que no creo hayan sido correctamente ponderadas en Argentina y especialmente en Mendoza. Se fue joven, se fue repentinamente. Me deja un vacío enorme, como cada vez que muere un músico que me emociona, pero mucho más en este caso porque siempre lo sentí mi amigo.
Lo conocí a sus 15 años, yo era uno y medio mayor, en la Parroquia Nuestra Sra. De los Dolores, en el Movimiento Juvenil de Peregrinos. Apenas empezábamos a rascar un poco las cuerdas de nuestras guitarras.
Debiera darme pudor expresar lo que voy a escribir a continuación, pero en honor a la verdad diré que. en esos primeros encuentros, con todas las enormes limitaciones que siempre tuve, tocaba mejor que él.
Pero enseguida se notó la primera gran diferencia entre nosotros, aparte de su talento natural, era extremadamente curioso, copiaba todo lo que veía hacer, a mí y a todos los del grupo, éramos varios guitarristas, algunos muy buenos.
Cada vez que alguien hacía algo con la guitarra que él no llegaba a asimilar exclamaba : «¿Cómo hiciste eso?» o «Enseñame eso».
El grupo se fue consolidando y él iba cada vez más esporádicamente a ensayar. En poco tiempo, no fue más.
Tuvo la inteligencia de juntarse con los mejores guitarristas del momento, Julio Molina, El Milton, . . . «Son tipos grandes, puedo aprender», me dijo una vez.
Pasó a saludar apenas meses más tarde, llevaba un estuche, lo abrió, y lució una Fender Stratocaster blanca ¡Una guitarra profesional! En la pobreza franciscana que vivíamos, resplandecía.
Pero el deslumbramiento por el instrumento duró poco, hasta que lo conectó. Estuvo veinte minutos tocando sin parar con todos nosotros embobados oyéndolo y viéndolo. Fue impresionante.
Recuerda la historia de Robert Johnson, pero sin leyendas, ni encrucijadas, ni entrevistas a medianoche con personajes siniestros.
Felipe Staiti, «El Felipe» para nosotros, no tenía «pacto con el Diablo», era un joven talentoso que sabía lo que quería lograr y que trabajaba duro y muy bien para conseguirlo.
Desde aquel sábado a la tarde, cada vez que lo veía me sorprendían sus progresos. Marciano Cantero era el bajista de esa banda y Daniel Piccolo era sonidista, plomo y apoyo moral para todos, una pieza fundamental.
En 1979, nos disolvimos y nació el trío que llevó por toda América el sonido de lo que cariñosamente llamamos « rock menduco », Los Enanitos Verdes (Sres, ¡de pie!).
Era una banda que tenía dos caras, palabras textuales de Felipe Staiti, «en discos, un sonido FM, en vivo, un power trío».
Y agrego, un power trío contundente, demoledor. No fallaban nunca, eran una masa, garantía de rock & roll.
Tres excelentes músicos y buenos amigos míos, me deslumbraba lo que hacía el Felipe con sus guitarras.
Claro, con el tiempo tuvo muchas. Sus más representativas fueron la Stratocaster, por supuesto, la nº1, Kramer, Ibánez y mucho después Gibson Les Paul.
Recuerdo una charla con Daniel Piccolo, cuando los LEVs ya estaban consolidados como una de las más importantes bandas del continente, le dije eso que mencioné antes «Cada vez que lo veo me sorprende, no para de progresar».
«¿Cada cuánto lo ves?», preguntó, y yo «No sé . . . una vez al año, digamos». Remató la charla con «Pues, yo lo veo todos los días y cada día me sorprende».
Cursaba la secundaria por la mañana y desde la siesta y hasta la noche, todos los días de la vida, tocaba la guitarra, estudiaba, se exigía.
Una vez tocó el famoso « Lazy » de Ritchie Blackmore, una pieza hermosa y difícil.
Me contó que había estado toda la tarde con el vinilo, que en un momento lo puso en 16 rpm hasta identificar de oído nota por nota todo el «riff».
Cada vez que hablábamos, sin falta, en cada reportaje que leí o vi en video, repetía una simple frase : «A mí me gusta tocar la guitarra».
Iba de vacaciones a Mendoza, al necesario descanso después de giras interminables, terriblemente agotadoras, y aceptaba la invitación para tocar con cada banda que lo llamaba, y todas lo hacían, por supuesto.
Jamás se negaba y siempre mostraba la misma pasión, ese fuego intenso que solamente arde en los grandes.
Talento, ideas claras, objetivos concretos, estudio, obstinación, trabajo duro.
Creo que sería la receta para el éxito en cualquier actividad, tal vez con algunos otros ingredientes, según el caso.
Excepto porque esa receta no existe.
Es lo que hay que hacer, sin dudas: Persistir en ella, no desfallecer (LEVs vivió etapas muy duras, de mucha desazón) y mantenerse atentos para aprovechar oportunidades, empujar con fuerza apenas una puerta se entreabre, etc.
No es una verdadera receta porque haciendo todo eso, tal vez, y sólo tal vez, se logre el éxito.
A ellos se les dio y lo celebro enormemente, porque lo merecían por su propuesta artística y porque eran buena gente.
Lo de Felipe Staiti alcanzó dimensiones que no creo hayan sido correctamente ponderadas en Argentina y especialmente en Mendoza.
La Fender, es decir una de las dos fábricas de guitarras eléctricas más importantes y representativas del Mundo le dedicó un modelo especial y le puso su nombre, la Fender Staiticaster.
Es mucho decir, es una enormidad como reconocimiento.
Se fue joven, se fue repentinamente. Había vivido un episodio grave a fines de 2024, me lo contó con cierto detalle, en marzo de 2025 estaba otra vez en la ruta.
Me dijo que estaba mejorando. pero, tristemente, un nuevo episodio de salud lo arrebató de este Mundo.
Me deja un vacío enorme, como cada vez que muere un músico que me emociona, pero mucho más en este caso porque, a pesar de que su vida de «rock star» me permitía apenas contactos esporádicos, siempre hubo entre nosotros mucho respeto y afecto, siempre lo sentí mi amigo.
Conservo su último whatsapp, del lunes 6 de abril, justo una semana antes . . .
Como suelo repetir en estos casos, se dice que los músicos tienen reservado un lugar especial en el Cielo.
Que así sea.
Adiós, amigo mío.
* El autor es ingeniero mendocino radicado en Canadá.