El reflejo de la Fiesta

Con toda su magnificencia y belleza, el Acto Central es solamente un reflejo de la fiesta, no la fiesta. La auténtica Fiesta de la Vendimia se vive en las hileras, cuando el labriego recoge con sus manos el fruto de Dios y de su esfuerzo, esquivando heladas y granizadas.

Siempre sigo El Acto Central de La Fiesta de la Vendimia, aun viviendo lejos hace años, lo veo y lo disfruto.

El de anoche fue hermoso. Es una celebración de carácter único, así reconocida por la ONU. Una tradición mendocina de incalculable valor cultural.

Un desafío para los guionistas, renovarse manteniendo la tradición, ser originales y conservadores.

A veces lo consiguen con gracias, a veces no tanto. Lo de anoche fue muy bueno, me guardo las críticas a los muy pocos cuadros que no me gustaron o a errores que percibí. Es normal.

Pero El Acto Central es solamente un reflejo de la fiesta, no la fiesta.

La auténtica Fiesta de la Vendimia se vive en las hileras, cuando el labriego recoge con sus manos el fruto de Dios y de su esfuerzo, esquivando heladas y granizadas.

La he visto, la he vivido, es uno de mis mejores recuerdos de juventud. En sitio alguno he visto gente trabajando tan contenta como los vendimiadores mendocinos. Y he andado y he trabajado por el Mundo.

Hace mucho que la Fiesta (la real) es duramente castigada por desmanejos y abusos. Pervive gracias a la inquebrantable moral del pueblo mendocino, la que le hizo decir al Gran General que con otro así libertaría al Mundo.

Es hora de que todos, pueblo y Gobierno, rescatemos la Fiesta de las Hileras, que reconozcamos el valor de ese trabajo amoroso y creativo, de mucho sacrificio.

Si no, El Acto Central, en toda su belleza y con toda su emoción, será, al decir del trovador cubano, solamente lucecitas montadas para escena.

* El autor es un ingeniero mendocino residente en Quebec, Canadá.

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