24 de septiembre de 2025 - 00:10

Presente y Futuro, la guerra venciendo a la paz

He llegado a creer que los periodos de paz mundial, jalonados siempre por conflictos locales, son apenas reacomodamientos de fuerzas después de un gran conflicto como antesala de otro. Pareciera que nuestro único interés y ocupación es la guerra, la destrucción mutua. La violencia, la muerte reinan por doquier.

El escritor más trascendente de nuestra literatura nacional y celebrado por la crítica internacional, Jorge Luis Borges, era un entusiasta de las metáforas. Se pregunta en un ensayo si las metáforas posibles son infinitas o bien si son infinitas las variantes posibles sobre unas pocas metáforas reales.

Una recurrente en la literatura mundial de todos los tiempos es la de comparar el curso de la vida con el de un río.

Se dice que el río siente gran angustia al aproximarse al estuario pues teme ser devorado por el mar. Recorre, sin embargo, plácidamente los últimos metros al comprender que en realidad va a transformarse en el mar.

El gran maestro dice que es imposible contemplar dos veces el mismo río, pues la segunda vez el agua que está pasando es otra, luego el río es otro. Y agrega, redondeando la metáfora de caudal y vida, que la segunda vez el observador tampoco es el mismo, pues ha vivido.

Así, me cuesta discernir la razón por la cual por primera vez en mi vida veo el futuro con algo de pesimismo siendo que siempre fui obstinadamente optimista.

¿El futuro se nos muestra oscuro? ¿O es que los años han cambiado mi forma de mirarlo?

Recibo cada amanecer el mensaje de optimismo que la claridad del alba deposita en mi ventana y me levanto con el entusiasmo de siempre a vivir el día.

Yace, sin embargo, en mí, el peso de las tantas experiencias vividas.

Por otra parte, fríamente analizado, el Mundo actual ofrece pocas razones para ser optimistas.

El periodo de desarrollo que siguió a la Segunda Guerra Mundial produjo un estado de prosperidad y abundancia que eliminó la razón primaria de la guerra, la supervivencia.

Ya no necesitamos luchar por el terreno o los recursos, pero la guerra sigue, aparece por doquier.

Además, con un detalle no menor, por primera vez en toda la historia humana podemos producir más bienes de los que somos capaces de consumir, también por primera vez podemos autodestruirnos, total, real y efectivamente.

Nada de eso nos detiene, ni el bienestar asegurado ni la autodestrucción asegurada, hacemos de todos modos la guerra.

He llegado a creer que los periodos de paz mundial, jalonados siempre por conflictos locales, son apenas reacomodamientos de fuerzas después de un gran conflicto como antesala de otro.

Pareciera que nuestro único interés y ocupación es la guerra, la destrucción mutua.

Tenemos hoy permanentemente en las noticias dos conflictos armados, cada vez menos porque ya no llaman tanto la atención, y por los menos otros veinte lamentablemente activos con el mismo terrible saldo de muerte, sufrimiento y destrucción.

Claro que, al decir de Facundo Cabral, ‘‘esa no es la realidad, sino una parte de la realidad, porque también nacen mariposas’’.

Sin embargo, la parte negativa de la visión del futuro empieza a pesar en mí.

Resulta terrorífica la experiencia de repasar videos antiguos en los que Benjamín Netanyahu (de apellido real Mileicowsky) opina que Israel debe ocupar Palestina y exterminar a sus habitantes y mucho más terrorífico resulta verlo aproximarse a la consecución de aquél antiguo proyecto suyo.

Resulta terrorífico comparar imágenes o videos de la Siria de antes de la guerra y la actual. Era unos de los países más prósperos de la región, hoy es una ruina.

Fue un espectáculo dantesco el terror que dos potencias europeas desataron en Libia hace casi quince años (lo vi de cerca, estaba trabajando en Argelia). Sé que ese conflicto desapareció de las noticias, pero, a no engañarse, el baño de sangre sigue hoy.

En los últimos años, Rwanda, Yemen del Sur, Somalía, Camboya, Ucrania, El Salvador, Sierra Leona, Los Balcanes, El Congo, . . .

La violencia, la destrucción, la muerte reinan por doquier.

Borges no logra responder su pregunta en aquel ensayo mencionado al principio de estas líneas ¿Existen infinitas metáforas o sólo algunas con infinitas variantes?

Yo, en cambio, tengo respuesta a mi pregunta: Sí, mis ojos tienden a nublarse con los años y a ver el futuro más oscuro, lo asumo.

Pero también es verdad que el futuro se oscurece, real y verdaderamente, no es solamente mi visión del Mundo.

Lo que nos queda, a mí y a todos los hombres de buena voluntad, es seguir creyendo y apostando siempre a la vida, contribuir a mejorar el suelo que pisamos, aunque sea humildemente, y saber que, aunque parezca demasiado poco, siempre poco es más que nada.

El paso siguiente en la evolución humana es cambiar competencia por colaboración ¿cuándo será el día?

Yo mismo escribí una vez que el amor es lo único real del Universo, todo lo otro es ficticio.

Con más tristeza en la voz, pero con la misma convicción, después de tantos años lo repito y sigo creyéndolo.

Paz y Bien.

* Ingeniero mendocino radicado en Sherbrooke, Provincia de Quebec, Canadá.

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