6 de abril de 2026 - 00:00

Una celebración que mira su historia y su tiempo

No se trata solo de contar años, sino de reconocer una historia, una tradición y una forma de encuentro que sigue viva. Esa es la invitación este año para quienes asistan a la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, que del 23 de abril al 11 de mayo llegará a su edición número 50 con una propuesta que promete estar a la altura de ese aniversario tan simbólico.

La cita será, como ya es costumbre, en La Rural, pero esta vez con un clima especial. Medio siglo después de su nacimiento, la Feria se prepara para una edición atravesada por la memoria y la celebración.

La programación anunciada anticipa una agenda intensa, con autores internacionales de peso, homenajes, muestras y espacios pensados para conectar con autores y representantes del mundo de la cultura. Entre los grandes nombres confirmados aparece J. M. Coetzee, autor sudafricano, Premio Nobel de Literatura 2003, una presencia que por sí sola vuelve excepcional esta edición. También llegarán autores muy leídos y esperados por el público argentino, como el escritor español Arturo Pérez-Reverte y el cubano Leonardo Padura, junto a otras voces destacadas de la literatura contemporánea, entre ellas Fernando Aramburu, Nona Fernández, María Fernanda Ampuero y Kim Ho-yeon. La Feria, una vez más, buscará tender puentes entre tradiciones, lenguas, estilos y generaciones lectoras. Pero si algo distingue a esta edición aniversario es que no quiere limitarse a reunir nombres resonantes. La organización también anunció una serie de propuestas especiales para poner en valor la historia de la Feria y su lugar en la vida cultural argentina. Habrá espacios dedicados a recorrer estas cinco décadas, muestras fotográficas, homenajes a visitantes ilustres y hasta una exposición con dibujos de Roberto Fontanarrosa vinculados con este universo de libros, lectores y escenas memorables. También habrá lugar para la reflexión. A 50 años del golpe de Estado de 1976, parte de la programación incluirá una mirada sobre la represión cultural y los libros prohibidos, recordando que la historia de la lectura en la Argentina también está atravesada por silencios impuestos, censuras y resistencias. En ese punto, la Feria vuelve a mostrar que nunca fue solamente un gran paseo editorial: también es un espacio donde la cultura piensa, recuerda y discute su tiempo.

A 50 años de su nacimiento, la Feria del Libro de Buenos Aires se prepara para abrir sus puertas con una programación ambiciosa, invitados de peso y una celebración que busca honrar su historia y reafirmar el lugar que tiene la lectura en la cultura argentina.

La apertura, además, buscará correrse del protocolo más clásico. En vez del formato tradicional, el inicio de esta edición estará marcado por una conversación entre Gabriela Cabezón Cámara, Selva Almada y Leila Guerriero, con coordinación de María O’Donnell. La elección parece sintetizar bien el espíritu que se quiere imprimir este año: una Feria que honra su recorrido, pero que al mismo tiempo quiere dialogar con las voces que hoy marcan la conversación literaria y cultural del país. Las tres encarnan, desde registros muy distintos, algunas de las voces más potentes de la literatura argentina contemporánea: Cabezón Cámara, con una escritura audaz, política y de gran experimentación; Almada, con una narrativa de raíz profunda en los territorios, las violencias y las vidas del interior; y Guerriero, referente mayor de la crónica en español, dueña de una prosa de precisión y sensibilidad excepcionales. Reunirlas en la apertura es, también, una forma de decir qué literatura quiere celebrar hoy la Feria: una literatura viva, inquieta, crítica y capaz de leer su tiempo.

Perú, los grandes nombres y el ritual de los lectores

En tiempos de dispersión, consumo veloz y pantallas omnipresentes, la persistencia de este ritual tiene algo de conmovedor. Miles de personas siguen eligiendo caminar entre libros, escuchar a un autor en vivo, descubrir un sello independiente o volver a una obra que creían olvidada. Tal vez allí resida una parte del secreto de su vigencia: la Feria sigue ofreciendo una experiencia que, aun en un mundo acelerado, conserva el valor de la pausa, la curiosidad y el encuentro.

La edición 2026 tendrá además a Perú como país invitado de honor. La figura de Mario Vargas Llosa aparece como una referencia inevitable: su obra ocupa un lugar central en la historia literaria de América Latina y en la formación de generaciones de lectores. Que Perú tenga este año un lugar protagónico permite, de algún modo, volver sobre esa herencia, pero también abrir la puerta a nuevas voces, nuevas lecturas y nuevas maneras de pensar la identidad cultural de la región.

Todo indica que el medio siglo de la Feria no será apenas una cifra redonda. Será, más bien, la oportunidad de volver a confirmar que los libros siguen convocando, interpelando y reuniendo. Y que, aun en medio de tantos cambios, hay celebraciones que todavía conservan intacta su capacidad de emocionar.

* La autora es especialista en innovación educativa.

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