15 de agosto de 2018 - 00:00

Uber en Mendoza: regular para el bien común - Por Rodrigo Méndez Martino

Las aplicaciones que facilitan el servicio de transporte -como Cabify o Uber- son buenas para el consumidor, para el medioambiente y para las ciudades, concluyó el Foro Internacional de Transporte de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) en su informe "Servicios de taxi y servicios de transporte basado en aplicaciones. Principios para su regulación".

La decisión de la Legislatura de Mendoza de dictar una nueva ley de movilidad que contemple estos servicios es acorde a estos principios, es positiva para los mendocinos y los turistas y, en general, representa un beneficio para todo el ecosistema de movilidad de la provincia.

A diferencia de la Ciudad de Buenos Aires -y a tono con más de cien ciudades del mundo tan dispares como Miami, Texas, Ciudad de México y Karachi (Paquistán)-, Mendoza optó por regular un servicio que permite mayor competencia en el estancado mercado de los taxis y remises.

Así, facilita la irrupción de este tipo de servicios de intercambio basados en internet fomentando la competencia en los mercados convencionales.

Al estimular la innovación y la competencia de precios de los proveedores establecidos, beneficia a los consumidores en términos de servicios nuevos y mejores.

Esto no es nuevo. Las empresas de redes de transporte obligan al sector de transporte a mejorar de la misma manera que Whatsapp y Skype revolucionaron las comunicaciones, Netflix la industria del cable, o Airbnb la hotelería. Al simplificar la prestación del servicio y abaratar los costos, el beneficiado es el consumidor, que tiene más opciones posibles.

La provincia podría haber optado por el camino de la Ciudad de Buenos Aires, permitiendo las agresiones de sindicatos de taxistas contra quienes conducen Cabify o Uber, interviniendo activamente para bloquear -de manera ilegítima- la aplicación, o dar la orden política de prohibir cualquier tipo de regulación.

Sin embargo, eligió un camino más inteligente, acorde a los estándares y recomendaciones de la OCDE, el club de Estados al que Argentina aspira a ingresar.

En una provincia en la que el turismo es una actividad económica de suma trascendencia, que quiere vender sus productos y servicios al mundo, cerrarse a las empresas de redes de transporte es suicida.

Mendoza quiere atraer, no rechazar. Quiere darle posibilidades a quien la visita. Tal como señala el informe de la OCDE Tourism and Trends 2016:

"Las opciones de transporte compartidas como Uber, por su parte, pueden ayudar a facilitar la movilidad de los viajeros, ya que los turistas familiarizados con estos servicios no tienen que tratar de descubrir los sistemas locales de transporte público o encontrar una parada de taxis. Al mismo tiempo, estas plataformas pueden llevar a los turistas a nuevos destinos que antes no eran populares, especialmente aquellos que carecen de infraestructura turística significativa".

Toda regulación debe hacerse mirando al usuario, no a quien monopoliza un servicio. Asegurar la pesca en la pecera no puede ser el objetivo del gobierno. Y a los usuarios, ir en taxi o en un servicio como Cabify o Uber, les es indiferente: quieren llegar a tiempo, a buen precio, en un vehículo decente, y bien tratados por el conductor. Quieren evitar que los paseen, quieren que acudan a su llamado cuando se solicita el servicio y que no les cobren de más. Quieren ganar tiempo y simplicidad.

Los que primero se opusieron a las imprentas fueron quienes escribían y armaban obras de teatro de pueblo en pueblo, que vieron cómo perdían el monopolio del negocio. La imprenta cambió el modelo de negocio y, a la vez, facilitó el crecimiento de la lectura y la escritura. Las empresas de redes de transporte democratizan la movilidad. Sean bienvenidas a Mendoza, tierra de empresa y emprendedores.

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