Viajar en avión se mantiene como uno de los medios de transporte más seguros del mundo, aunque no todas las rutas ofrecen la misma experiencia a bordo. El trayecto que une Mendoza y Santiago de Chile concentra condiciones que lo convierten en el más turbulento a nivel global.
Ignacio es un médico argentino que vive en Chile y es popular por compartir ofertas de vuelos en Instagram. Foto: Web
Este recorrido en el primer puesto del ránking mundial de turbulencias, un dato que sorprende por la corta distancia del vuelo y por la intensidad de los movimientos que suelen percibirse en cabina.
El vuelo entre Mendoza y Chile
El vuelo entre la capital mendocina y la capital chilena cubre apenas 196 kilómetros, pero atraviesa una de las regiones geográficas más complejas para la aviación comercial. La cordillera de los Andes impone un escenario donde confluyen vientos fuertes, diferencias térmicas marcadas y variaciones abruptas de presión. Esa combinación genera corrientes de aire irregulares y movimientos verticales que impactan de lleno en la estabilidad del avión, sobre todo durante el ascenso y el descenso.
Se registra una pérdida de masas de hielo en la Cordillera de los Andes. Foto: TN
El informe de Tubli asignó a esta ruta un índice de turbulencia de 24,68 sobre 100, el valor más alto registrado en su base de datos a escala mundial. Esta cifra la ubica dentro del rango de turbulencia moderada, aunque con picos que pueden resultar especialmente incómodos para los pasajeros.
A esto se suma el contraste entre masas de aire frío provenientes del Pacífico y aire más cálido del lado argentino, un factor que incrementa la inestabilidad atmosférica. Estas condiciones no son excepcionales ni imprevisibles: forman parte del comportamiento habitual de la región andina y son monitoreadas de manera constante por los servicios meteorológicos.
Los desafíos de esta ruta
Desde el punto de vista operativo, las compañías aéreas y las tripulaciones conocen en detalle los desafíos de esta ruta. Los planes de vuelo contemplan procedimientos específicos, márgenes de seguridad amplios y ajustes de altitud para minimizar el impacto de las turbulencias más intensas. Aunque la sensación dentro de la cabina puede generar nerviosismo, los estándares de diseño de las aeronaves y la formación de los pilotos están preparados para operar sin riesgos en este tipo de escenarios.