Hay un pequeño problema que en el siglo XXI todavía carece de solución por más paradójico que parezca: el delay. Este atraso en la transmisión digital o satelital por el proceso de codificación, compresión y decodificación trae problemas a quienes, por ejemplo, se enteran antes que su equipo favorito hizo un gol por los gritos de su vecino o del ganador de un concurso televisivo de talentos.
Mientras que en el modo analógico (TV de aire o de cable tradicional) solamente se envían las ondas directamente, en la transmisión de la TV digital se necesita pasar por los procesos de codificación, compresión y decodificación. Además la imagen digital es más pesada que la analógica, de ahí que la demora inevitable.
Y no sólo sucede con la televisión. La radio, como hace más de un siglo, es la más rápida de todos los medios de comunicación. Las ondas de radio son más ligeras que las de la casi imbatible televisión analógica, lo que también causa atrasos e inconvenientes si comparamos con nuestros vecinos o en una misma casa con dos televisores con fuentes distintas.
Si bien los aparatos de televisión nuevos pueden ser rápidos y causar menos atrasos, es prácticamente imposible que tengamos transmisiones tan rápidas como las de la señal analógica. El HD, que se volvió la calidad de base, hay un desfase de hasta 10 segundos. Ni hablar de los afortunados que pueden acceder a transmisiones 4K.
Quienes no soporten que otros vayan adelantados, pueden recurrir a la vieja confiable: la señal analógica, aunque, obviamente, la calidad de imagen es inferior (no es HD). La opción B es recurrir a la fiable radio.
Otra posibilidad es el streaming. Al contrario de lo que se cree, es la peor de todas las opciones porque tiene un atraso mayor que las transmisiones digitales o satelitales, algo que se traduce hasta en medio minuto de diferencia.