Otra vez Donald Trump está parado delante de una caldera: una guerra con Irán podría llevarlo a la gloria de lograr su reelección en 2020, pero también convertirlo en uno de los peores presidentes de Estados Unidos.
Otra vez Donald Trump está parado delante de una caldera: una guerra con Irán podría llevarlo a la gloria de lograr su reelección en 2020, pero también convertirlo en uno de los peores presidentes de Estados Unidos.
Las guerras que Trump le criticaba al ex presidente Barack Obama, cuando se aprestaba a competir por la presidencia en 2016, están ahora delante de su cabeza, incluida Afganistán, el conflicto más largo que enfrenta el país más poderoso del planeta.
La decisión de desplegar tropas estadounidenses en Arabia Saudita, luego de un ataque con drones y misiles que redujeron la producción de petróleo de ese país al 50%, el pasado 14 de septiembre, lo pone de nuevo frente a esta disyuntiva.
Si bien volvió a repetir que la opción militar es siempre una posibilidad, el jefe de la Casa Blanca también sancionó al Banco Central iraní con la intención de afectar las exportaciones de petróleo de ese país.
Curiosamente, los atentados en Arabia Saudita ocurrieron días después de que Trump echara a uno de sus halcones más osados, John Bolton, quien en varias oportunidades le sugirió al magnate que fuera más duro con el gobierno del moderado Hasan Rohani.
Sin embargo, Irán ha negado reiteradamente cualquier vinculación con el ataque y advirtió que tomará represalias si es atacado por este hecho, reivindicado por los rebeldes hutíes en Yemen que luchan contra una coalición internacional encabezada por el reino saudita desde 2015.
“El ataque no vino de Yemen; se lanzó desde el norte y, sin lugar a dudas, Irán está detrás”, afirmó el coronel Turki al Malki, portavoz del Ministerio de Defensa saudita.
Nadie quiere una nueva guerra en Medio Oriente. Sería una nueva catástrofe para esta empobrecida región. Y, aparentemente, es el propio Trump que está tratando de tener una línea más mesurada en su política exterior con la designación de Robert O'Brien como asesor de Seguridad Nacional, un hombre vinculado a la negociación por la toma de rehenes en el extranjero.
Con respecto a Irán, Bolton tenía una mirada especial: consideraba que cualquier negociación con Teherán o con Corea del Norte estaba destinada al fracaso.
"Los ataques contra dos refinerías sauditas pueden llevar a un enfrentamiento directo con Irán que, Trump, hasta ahora ha intentado evitar", dijo a Télam Mario Sznajder, doctor en Ciencias Políticas y profesor emérito de la Universidad hebrea de Jerusalén.
Para este analista, "Arabia Saudita no se moverá directamente contra Irán sin el apoyo de los EE.UU. Trump parece estar incrementando las sanciones contra Teherán, pero también está claro que intenta evitar una guerra con ese país".
No hay duda de que el incidente ha provocado una nueva crisis en una región volcánica donde Arabia Saudita, Estados Unidos e Israel combaten contra el poder de Irán y Siria, secundados detrás por el gobierno ruso de Vladimir Putin.
Muchos analistas consideran que el ataque del 14 de septiembre fue el más grande desde la serie de ataques contra instalaciones petroleras en la Guerra del Golfo Pérsico en 1991, en términos de daños y pérdidas económicas.
Por ese motivo, el incidente va más allá de la Guerra de Yemen.
Pero Teherán no es un enemigo fácil para la Casa Blanca como lo fue en su momento el Irak de Saddam Hussein, ya que el ejército de la República Islámica se encuentra entre los más poderosos del mundo.
Si finalmente invade Irán, con apoyo de otros países, Trump podría convertirse en un mandatario impopular como le ocurrió durante las invasiones de Afganistán e Irak al ex presidente George W. Bush (2001-2008).
En esta pulseada regional, donde los hechos suelen ser más fuertes que la posicione diplomáticas, Israel es otro de los protagonistas principales.
El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, un aliado estratégico de Trump, acaba de ser derrotado en las elecciones legislativas del martes pasado por el líder de la coalición Azul y Blanco, Benny Gantz, un carismático ex jefe del Ejército del que surgieron dos hombres renombrados: Isaac Rabin y Ehud Barak.
"Hay chances que la democracia liberal Israelí pueda sobrevivir sin el populismo asfixiante de Netanyahu", dijo a Télam desde Jerusalén el analista internacional Arie Kacowicz.
Gantz tiene pasta de líder. Ya dijo que está dispuesto a formar un gobierno de unidad nacional, sin la presencia de Netanyahu.