Obama, dijo un analista francés, está “muy lejos de las esperanzas que inflamaron a su país hace cuatro años”. Incluso en Kenia, de donde provenía su padre, la energía en torno a esta elección fue apenas una sombra de lo que había sido en 2008, cuando parecía que todo el continente africano le estaba lanzando vivas. Muchos kenianos han estado decepcionados de que Obama aún no haya ido de visita como presidente, parte de un sentimiento más extenso en el continente de que África no ha sido una de las prioridades, ciertamente no comparado con el debate nuclear en desarrollo en Irán y la guerra civil en Siria.
Algunos se apresuraron a enumerar sus requerimientos en conflicto, señalando los bancos de arena diplomáticos por delante.
Funcionarios iraníes insinuaron que las pláticas entre Irán y Estados Unidos eran posibles. “Si eso beneficia al sistema, negociaremos con Estados Unidos incluso en las profundidades del infierno”, declaró Mohammad Javad Larijani, uno de varios hermanos con posiciones clave en la élite gobernante, a la semioficial agencia de noticias Mehr, diciendo que las conversaciones bilaterales “no eran tabú”.
El mes pasado, algunos funcionarios de la administración Obama dijeron que se había accedido en principio a ese tipo de conversaciones, pero después fue negado en Washington y Teherán. Dany Danon, el vicepresidente del Parlamento israelí que es considerado un firme aliado de los republicanos, evocó “la amenaza existencial que presenta para Israel y para Occidente la perspectiva de Irán con armamento nuclear”: “Ahora es el momento de que el presidente Obama regrese a la política sensata y honrada por el tiempo de 'cero luz de día' entre nuestras respectivas naciones”, dijo Danon.
Danon es integrante del conservador Partido Likud que encabeza el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, quien tiene relaciones tensas con Obama y que fue percibido ampliamente en Israel y en Estados Unidos como alguien que apoyó al desafiante republicano, Mitt Romney.
“Fue nuestro error que Bibi fuera y besara al otro antes de la elección”, dice Michael Pashko, trabajador en una tienda de material eléctrico en Jerusalén, refiriéndose al primer ministro por su apodo. “Esos besos le van a costar caro”.
Antes de que se conociera el resultado, analistas chinos habían resumido lo que al parecer era un cálculo generalizado que la dirigencia china, en sí programada para cambiar en dos días, favorecía a Obama “porque les es familiar”, sostiene Wu Xinbo, el subdirector del Centro de Estudios Estadounidenses en la Universidad Fudan, en Shanghai. Una victoria de Romney habría hecho que China “se sintiera un poco nerviosa de que él pudiera traer nuevas políticas”.
El presidente chino, Hu Jintao, elogió el “duro trabajo de las partes china y estadounidense” en torno al primer mandato de Obama para crear “progresos positivos” en su relación: “Con un ojo en el futuro, China está dispuesta, junto con Estados Unidos, a seguir esforzándose por promover la cooperativa sociedad entre China y Estados Unidos con miras a lograr un desarrollo nuevo e incluso mayor, generando más beneficios para el pueblo de ambos países y la población mundial”.
La respuesta de China fue marcada por una promesa de Romney previa a la elección de catalogar a Pekín como un manipulador de divisa. “Con la continuación de Obama”, opina Poon Tsang, vendedor en un mercado en las calles de Hong Kong, “debería haber cierta estabilidad en su relación con China”.
A lo largo de Europa, muchos recibieron la noticia de la reelección de Obama con una sensación de ligero alivio, aunque no fue inmediatamente claro si esos sentimientos iban acompañados de alguna expectativa aumentada de que, armada con un nuevo mandato, la administración Obama encontraría soluciones a los enormes desafíos que sigue enfrentando en Afganistán, Irán, Paquistán, Siria y Oriente Medio.
Imran Khan, prominente político paquistaní, exhortó al reelecto Obama a “darle una oportunidad a la paz” tras un primer mandato marcado por “mayores ataques con aviones teledirigidos, un repunte de tropas en Afganistán y mayor militancia en Paquistán a consecuencia de eso”.
La mayoría de los afganos al parecer estaban conformes con el resultado electoral, dándole la bienvenida a la continuidad que ofrecía en un país golpeado violentamente por el cambio y el conflicto a lo largo de los últimos años, aunque a muchos les preocupaba que Obama pudiera acelerar el retiro de tropas estadounidenses del país, programado para 2014.
Obama también está bajo presión para que aumente su participación para ponerle fin a la guerra siria. Al hablar ante reporteros durante una visita a Jordania, el primer ministro británico, David Cameron, dijo en la mañana del miércoles: “Una de las primeras cosas de las que quiero hablar con Barack Obama es cómo debemos hacer más por tratar de resolver la crisis”.
Algunas de las respuestas favorables a Obama reflejaron errores de campaña de Romney que generaron comentarios mordaces tanto de británicos como de españoles por declaraciones sobre sus países: “En España queríamos que ganara Obama porque él se parece más a nosotros, aún lo vemos como un líder transformador”, afirma el politólogo Manuel Manchón. “Romney insultó a España, y no se puede culpar meramente a España por esta crisis”.
Al igual que la mayoría de los europeos occidentales, los británicos son generalmente más liberales que los estadounidenses; incluso la mayoría de los británicos conservadores simpatizan mucho más con opiniones demócratas que republicanas con respecto a temas sociales como el aborto, la pena de muerte y el cuidado de la salud.
Existe la percepción tanto en el Reino Unido como en otras partes de Europa de que un gobierno de Romney habría sido provinciano, receloso de los extranjeros y sin experiencia en asuntos mundiales, al tiempo que la victoria de Obama, como lo expresó el diario Guardian, tendiente a la izquierda, “es buena para los estadounidenses, buena para Estados Unidos, y buena para el mundo”.
El Reino Unido ha sido un cercano aliado de sucesivas administraciones estadounidenses en las guerras de Irak y Afganistán y en su respuesta a la denominada “primavera árabe”, y se enorgullece de lo que Cameron y otros llaman “una relación especial”.
Para algunos europeos, la victoria ofreció una lección objetiva en la política de penuria económica que les ha costado sus puestos a líderes en el Reino Unido, Francia, España y otras partes: “Obama ha tenido éxito donde Sarkozy, Zapatero y Brown fallaron: ser reelegidos en medio de una importante crisis económica”, escribió el subdirector editorial François Sergent en una edición especial del diario de izquierda Liberation, en Francia.
La sensación de que el segundo mandato de Obama estaría menos limitado por consideraciones electorales ofreció un rico tema a los analistas: “Pese a todas las críticas hacia Obama, ahora él tiene el viento de cola y la independencia de no tener que buscar la reelección”, destacó Claudia Schmucker, del Consejo Alemán de Relaciones Exteriores. “De igual forma, él puede usar eso para la política exterior”.