Desde fines de marzo y hasta junio, poco más o menos, el Gobierno tendrá tregua en el frente que más le preocupa, el del dólar.
Desde fines de marzo y hasta junio, poco más o menos, el Gobierno tendrá tregua en el frente que más le preocupa, el del dólar.
De hecho, en las dos primeras semanas de abril, la liquidación de exportaciones se acercó a un promedio de 200 millones de dólares diarios, con picos apenas por debajo de los 400 millones. Por eso las reservas internacionales del Banco Central, que habían caído por debajo de los 27.000 millones, comenzaron a recuperarse.
La pax cambiaria, sin embargo, terminará con las liquidaciones del complejo sojero y antes aún, ya mismo, le plantea al Gobierno serios dilemas de política económica.
La devaluación del 22 de enero pasado, acompañada de fuertes alzas de las tasas de interés y un brutal retiro de liquidez del mercado por parte del Banco Central, le quitó presión al dólar, a la espera de la tregua que llegó con la soja. El presidente del Banco Central, Juan Carlos Fábrega, hizo su parte: las tasas llegaron, en el caso de los grandes depósitos, a más de 40% anual; la que los bancos cobran sobre los saldos de las tarjetas de crédito superaron con creces 50% y los préstamos bancarios prácticamente desaparecieron.
Así, sólo en febrero, Fábrega retiró del mercado 21.000 millones de pesos de liquidez. Fue eso, y no "Precios Cuidados", un programa de burda propaganda para engrupir incautos y mantener la fe de la feligresía K, lo que tranquilizó el dólar y evitó que la inflación -que aunque por inercia siguió siendo alta- se desmadrara.
Pero el apretón monetario no puede suplir indefinidamente la disciplina fiscal. Debido a las necesidades del Tesoro, dependientes de un nivel de gasto que el Gobierno no parece dispuesto a aflojar, en marzo el BCRA inyectó casi 23.000 millones de pesos de liquidez.
Que esa reversión monetaria no se haya trasladado al dólar es producto de dos fenómenos convergentes: el inicio del chorro de dólares sojeros mencionado más arriba y el hecho de que los bancos se sentaron sobre la nueva liquidez: la masa de depósitos a plazo fijo en pesos creció, pero no los préstamos. Hay más pesos, pero guardados en los bancos.
Esa situación no puede mantenerse demasiado. La liquidación de dólares se terminará en un par de meses y los bancos no retendrán indefinidamente dinero que día a día pierde valor ante una inflación bien superior al 30% anual.
Vale aquí una digresión: junto con sectores visibles como el automotor, el polo electrónico fueguino, los textiles Pro-Tejidos y el amigopolio K de los contratos públicos, los sobreprecios y la corrupción, los bancos fueron el socio invisible del kirchnerismo.
¿Qué mejor "Modelo" para los banqueros que aquel que durante años fuerza a los tenedores de pesos a confiárselos a los bancos a tasas de interés negativas (inferiores a la inflación) y fomenta su negocio más redituable: el préstamo a tasas usurarias al consumo (préstamos personales, tarjetas de crédito, fideicomisos para todos los gustos).
¿Qué mejor aliado que un gobierno que te subsidia la mercadería (el dinero) y te ayuda a que la vendas lo más caro posible? Porque pese a la retórica inclusiva del "Modelo", el crédito que mejora sosteniblemente la vida de la gente (el hipotecario, el productivo), fue una porción decreciente del negocio bancario, a plazos, tasas y valores-cuota inalcanzables para el grueso de la población.
Y la frutilla del postre: cuando esa etapa de política económica llegó a su fin, con la devaluación del 22 de enero, los bancos volvieron a ser los principales beneficiados, gracias a sus posiciones en divisas. De hecho, según el último informe sobre bancos, del BCRA, en el período noviembre-enero la ganancia total de los bancos fue de 13.767 millones de pesos. Anualizados, serían más de 55.000 millones de pesos. El privilegio, decíamos, viene de lejos: en 2013 los bancos ganaron 29.143 millones de pesos. En 2012, 19.415 millones; en 2011, 14.720 millones.
Si uno se extiende hacia atrás, puede sumar un par de decenas de miles de millones más, que en verdad subestiman las ganancias bancarias, mucho más notables si se miden a valores actualizados por la inflación. Pero, paradojas del "Relato", últimamente los bancos son uno de los villanos preferidos de los voceros K y la alcahuetería paraoficialista para explicar las dificultades del "Modelo".
Mientras dura la tregua, la inflación se mantiene en torno del 3% mensual y el gobierno pispea cómo empalmar el fin de las liquidaciones sojeras con alguna otra forma de inyección de divisas.
Las negociaciones con el Club de París, el reciente viaje del ministro de Economía, Axel Kicillof a la Asamblea Anual del FMI y el Banco Mundial y las emisiones de deuda en dólares y los proyectos de YPF con socios extranjeros, son el combo con el que se busca exorcizar la prospectiva escasez de dólares. Todo, sólo para evitar una crisis cambiaria, la forma en que históricamente explotaron aquí los entuertos macroeconómicos.
En la etapa final del "Modelo", el nivel de actividad, el empleo, los salarios, las jubilaciones, son convidados de piedra. Como notó Javier Lindemboim, economista especializado en el mercado de trabajo, en una entrevista en Los Andes, la "década ganada" no cambió la estructura productiva ni el perfil ocupacional de los denostados '90 y desde 2007/08 no hubo, salvo en un breve momento entre 2010 y 2011, nuevos trabajos en el sector privado formal. Hace más de dos años el empleo sólo crece en el Estado y en el cuentapropismo.
¿Y el salario real? Al cabo de una década de "recuperación", precisa Lindemboim, está un poco por debajo del nivel que tenía a principios de los '90 y "sensiblemente más bajo que en plena Guerra de Malvinas", cuando, a su vez, era 30% más bajo que el nivel de 1974.
El "Modelo" de entonces terminó en el Rodrigazo. Ahora, con niveles de salario y empleo mucho más bajos, el Gobierno, que se dice heredero de aquel "camporismo", se conforma con una tregua sojera y su principal apuesta es seguir demorando el estallido.
Las opiniones vertidas en este espacio no necesariamente coinciden con la línea editorial de Los Andes.