La población chilena sigue dando ejemplos de la forma en que se deben enfrentar las grandes crisis. Su capacidad demuestra una vez más la existencia de una comunidad resiliente, es decir, una población educada y formada para enfrentar, resistir, manejar y superar las situaciones de riesgo; una sociedad en la que cada persona desempeña un rol específico y se hace responsable de su propia seguridad en el contexto de la organización política, económica y social.
Con el objetivo de desarrollar resiliencia tanto en actores públicos, privados y de la comunidad y construir una cultura de seguridad frente a desastres en Mendoza, se ha propuesto la creación del Instituto de Gestión del Riesgo a Desastres (Ingrid-Mza.). La finalidad es transformar el conocimiento en acción, acercando la gestión de esos actores a los circuitos donde nacen y crecen el conocimiento, la ciencia y la técnica.
Esta iniciativa universitaria busca facilitar la interrelación entre los diferentes actores de la gestión de los desastres -académicos, científicos, técnicos, actores públicos, privados y de la comunidad- para construir escenarios de mayor seguridad y sustentabilidad frente al incremento de los desastres en Mendoza.
El sistema aspira a convertirse en una plataforma de discusión permanente e interactiva, abierta, flexible, con un enfoque integrador, para estimular la resiliencia social, vigorizar el rol de la educación y de la política en reducción y gestión del riesgo, estimulando además la participación de los nuevos liderazgos de las mujeres y los jóvenes en el proceso de reducir los desastres.
Es necesario alcanzar una mayor comprensión del riesgo, tanto en las autoridades como en el sector privado y la comunidad para promover acciones locales de gestión de riesgo a desastres (GRD) y estimular una gobernanza responsable, así como una mayor previsión en las inversiones y en sus costos operativos.
Los miembros del Ingrid-Mza. están trabajando actualmente para ofrecer diferentes instancias de capacitación, así como servicios de asesoramiento, promoción, información y planificación, para que se logre un ambiente de mayor seguridad incluido en el proceso de desarrollo del territorio y de la economía provincial.
Mendoza históricamente ha enfrentado estos flagelos con entereza y con conciencia de su condición de territorio sísmico, aluvional, seco y volcánico. Sin embargo, los desafíos son cada vez más complejos por el nivel de desarrollo y apertura internacional del territorio provincial y la actual variabilidad climática que la someten a riesgos de todo tipo: geológicos, ambientales, tecnológicos, climáticos, hídricos, de organización social, política, económica, etc., para muchos de los cuales no está preparada, ya que existen:
1. Amenazas y exposición evidentes, reconocibles pero débilmente tratadas: crecientes amenazas climáticas e hídricas: aluviones, heladas, granizo, tormentas eléctricas, vientos violentos estacionales, sequía, incendios de campos y derivados, sin planes preventivos y sin que la población esté debidamente preparada para enfrentarlos.
2. Impulsores del riesgo en la provincia: esas amenazas actúan en conjunción con riesgos que se acumulan por un patrón de desarrollo cuyos procesos de toma de decisiones políticas, organización social y comportamiento económico, no contienen ni integran todavía datos de RRD (Reducción de Riesgo a Desastres) y por lo tanto no promueven la existencia de escenarios seguros.
3. Pocas capacidades para la gestión del riesgo de desastre: se trabaja adecuadamente en las fases del tratamiento de las emergencias, pero muy poco en la prevención de situaciones que pueden contener riesgo: el riesgo se va acumulando paulatinamente. Ej. debilidad de la infraestructura de edificios escolares, que se deterioran rápidamente.
4. Normas habilitadoras con débil desarrollo: desde 2009 se incorpora la exigencia de la GDR en la Ley 8.051 de Ordenamiento Territorial y Uso del Suelo. Sin embargo, la lentitud de la aplicación de esta última hace que la Provincia no tenga todavía un esquema de planificación integrada que permita reducir las condiciones de riesgo en el contexto del desarrollo.
En el escenario actual y futuro de Mendoza se perfila -además del riesgo sísmico y aluvional tradicional- un riesgo potencial en crecimiento por dos factores dinámicos que actúan en su territorio:
a. El desarrollo de los corredores de comercio (Bioceánico Central del Mercosur, Pehuenche y Las Leñas) que han habilitado y habilitarán nuevos y extensos espacios sin información ni previsiones para reducir el riesgo. El desarrollo mendocino avanza captando y capitalizando recursos disponibles sin tener en cuenta los riesgos potenciales que se activan con esa omisión.
b. El cambio climático (CCG) hace retroceder glaciares y modifica el comportamiento de las precipitaciones tanto en cantidad, calidad y distribución sobre el territorio provincial. Esto afecta la capacidad de captación de agua, ya que Mendoza vive en el contexto de un riesgo potencial oculto (sequía), hasta ahora superado y controlado a través de un conjunto de extensos sistemas de riego superficial que históricamente han hecho posible la prosperidad de la provincia. Pero los estudios de CCG anuncian que aumentarán las precipitaciones en las planicies en un 100%: 180 a 200 mm/año pasarían a 400 mm/año hacia 2040.
La merma de nieves en el oeste y el nuevo escenario ponen en riesgo la estructura y funcionalidad de los sistemas de riego instalados y con ello afectan la base de la organización estructural de la provincia, la vida y la economía futura de la población. Por el momento no hay previsiones ni proyectos... ni ideas, para colectar esas nuevas aguas de lluvia ni cómo se suplantaría el agua que disminuirá desde la montaña.
Frente a esas tendencias, se estima que es una acción de Responsabilidad Social Universitaria (RSU) capitalizar los avances realizados durante la larga trayectoria de conocimientos y productos que se han acumulado en Cetem-FFyL/UNCuyo sobre RRD y GRD, para ponerlos a disposición de la sociedad mendocina a través del nuevo instituto.
Hacer gestión integral de riesgos a desastres significa desarrollar herramientas dirigidas a intervenir en las amenazas y la vulnerabilidad para disminuir y/o mitigar los riesgos existentes; pero especialmente prever hacia el futuro, la construcción de asentamientos más seguros, con una población responsable.
En consecuencia, el trabajo no se limita a la identificación y evaluación de las amenazas o a la estimación de la vulnerabilidad en todas sus dimensiones, sino que se debe dar un tratamiento multidisciplinario e integral al riesgo, con el propósito de promover acciones políticas, privadas y comunitarias concretas para preverlo y controlarlo.
Se debe trabajar para lograr una Mendoza resiliente frente al creciente riesgo a desastres.