Tomarse un tiempo ¿qué hay que saber antes de hacerlo?

Aunque el distanciamiento temporal asusta a la mayoría de las parejas, puede ser necesario e incluso una forma de fortalecerla.

Escuchar la frase “tenemos que tomarnos un tiempo” puede activar cualquier tipo de miedo en nuestra mente. ¿Será que mi pareja quiere salir con otras personas? ¿Estará buscando terminar “sutilmente“ la relación? O simplemente,  ¿querrá “vivir la vida loca”?

Sin embargo, esta decisión no siempre busca convertirse en el preludio del fin: cada vez son más las personas que apuestan a un distanciamiento como un proceso de introspección que les permita mejorar sus relaciones.

“Tomar distancia emocional y/o física en situaciones puntuales puede servir para analizar el vínculo y aclarar qué siento y qué quiero. Esa distancia muchas veces sirve para ‘calmar las aguas’, revalorizar el vínculo y reencontrarnos con el otro a través del diálogo y la reflexión conjunta”, dice la licenciada en psicología Mariana Sconfianza (matrícula 2939).

No obstante, la terapeuta de parejas aclara que el tiempo, por sí solo, no resuelve el problema. “Es importante analizar los motivos que llevaron al deseo de separarse. Si existen conflictos en el vínculo y se desea continuar, ambos miembros deben asumir su responsabilidad y trabajar conjunta e individualmente para resolverlo”.

-¿Hombres y mujeres reaccionan del mismo modo ante este pedido?

- La respuesta ante el pedido no es en sí una cuestión de géneros. En general, la demanda de un tiempo por parte de uno de los miembros de la pareja desencadena en el otro perplejidad, fantasías de abandono, sensación de que el otro se está escapando o excusando y hasta la idea de un “tercero en discordia”. Puede generar mucha angustia, ansiedad y frustración.

-¿Qué debemos tener en cuenta para tomar esta decisión?

-En primer lugar, es clave plantear qué es lo que se busca resolver con ese tiempo y qué cree que le aportaría de diferente a la unión. Así, la persona toma distancia de aquello que no lo satisface dentro del vínculo, sin tener que renunciar completamente a éste.

-¿Lo correcto es que las dos partes estén de acuerdo?

-Es muy difícil hablar en términos de correcto o incorrecto con respecto a las emociones y deseos humanos. Si uno de los miembros quiere y el otro no, ¿qué sentido tiene que quien se oponga trate de evitar o convencer al otro de que no se vaya?  Pero esto no significa que no pueda elegir: puede decidir sostener o no ese tiempo fuera.

-¿El objetivo final es encontrar el beneficio mutuo?

-No necesariamente. Muchas veces el pedido responde a motivaciones e intereses personales, y no está mal que así sea. Cada uno debe hacerse cargo de lo que desea.

-¿Hay cuestiones que se convierten en motivo de ruptura definitiva?

-No hay cuestiones que, a priori, sean motivo seguro de ruptura. Hay parejas que sobreviven a una infidelidad, a conflictos familiares, a crisis económicas o a la muerte de un hijo. Y otras que no.

Dependerá de la dinámica vincular, de la madurez emocional de los miembros y de las motivaciones de cada uno para sostener la pareja: el amor, el mutuo deseo, los proyectos de vida en común, sexualidad satisfactoria, intereses económicos, dependencia emocional, status social, etcétera.

-¿Cuánto incide el paso del tiempo durante este proceso?

-Un tiempo fuera en ocasiones puntuales puede ayudar a los miembros a revalorizar la relación y a extrañar. Pero la ausencia no es por sí misma generadora de amor o de deseo.

Y ahora... ¿qué hago?

Antes de tomar la decisión, Sconfianza plantea que lo primordial es responder con sinceridad una serie de preguntas: ¿Qué me lleva a tomar esta decisión? ¿Para qué quiero ese tiempo? ¿En qué va a ayudarme? ¿Estoy tratando de evitar confrontar los problemas que tengo con mi pareja?

Dentro de este período, la ayuda profesional puede ser una buena opción para acompañar el proceso.

“Para que se constituya la terapia de pareja, ambos miembros deben estar de acuerdo, ya que se trabaja sobre el vínculo y la dinámica del mismo. En el caso de la terapia individual, esta puede ser una opción si lo que se desea es buscar respuestas a inquietudes internas con respecto a la pareja”, afirma la licenciada.

-¿Cómo debe ser la comunicación durante este período?

-Responderá a lo que motiva el deseo de tomar distancia y al acuerdo al que lleguen los miembros de la pareja. Una vez definido, se podrá, por ejemplo, cortar todo contacto personal y virtual, limitar la frecuencia de contactos o llamadas, limitar el contacto sexual y/o afectivo, abrir la posibilidad de conocer a otras personas, entre otras opciones.

-¿Qué no debemos hacer después de este tiempo fuera?

-Es muy difícil hablar de conductas incorrectas dentro de la pareja, salvo que alguna vulnere los derechos de alguno de los miembros. Pero si aceptamos sostener la decisión de una separación temporal, debemos respetar los espacios y los tiempos del otro. Es decir, no agobiarlo con preguntas o reclamos, ya que suele producir el efecto contrario: mientras más controlo o persigo al otro, más se aleja de mí.

-¿Qué condiciones nuevas se pueden incorporar para que la pareja -que no funcionó antes- lo haga ahora?

-La búsqueda de nuevos acuerdos y condiciones en la pareja es producto del diálogo y el trabajo conjunto. Buscar nuevas formas de encontrarnos a partir de establecer qué es lo que nos hacía sufrir. De hecho, los contratos implícitos y explícitos de la pareja se van renegociando y modificando con el paso del tiempo para poder sostenerla. El tiempo o la separación por sí sola no reemplaza esto de ninguna manera.

¿Y cuando hay hijos?

En estos casos, tomar este tipo de decisiones es mucho más difícil. “En parte, por el temor al daño que les pueda ocasionar indirectamente la ruptura de la pareja parental. Y por otro lado, por la pérdida -momentánea o definitiva- del ideal de familia”, dice Sconfianza.

¿Cómo comunicar la noticia?

Una vez que ya está tomada y con un lenguaje acorde a la edad de los niños. “De ninguna manera los hijos deben formar parte de este acuerdo. Ellos, necesaria y sanamente, deben quedar afuera de las decisiones sobre el vínculo de pareja”, concluye.

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