Oscar Vidoni es presidente del Centro de Ingenieros Agrónomos de Mendoza (CIAM). El titular de la entidad plantea la necesidad de actualizar la norma que regula, en la provincia, todo lo ateniente a la producción, comercialización y uso de fitofármacos y fertilizantes.
La iniciativa salió a la luz en el marco de las V Jornadas Nacionales Fitosanitarias, que –organizada por el CIAM, Fadia (la Federación que nuclea a las entidades profesionales de la Agronomía de todos el país) y el Ministerio de Agroindustria de la provincia– reunió en Mendoza a unos 700 asistentes de Argentina, Brasil, Paraguay, Chile, Uruguay y México.
Vidoni habla del tema convocante de ese encuentro, pero también de la necesidad de facilitar el acceso de los productores regionales a nuevas tecnologías, y el rol del Estado en esta materia.
-¿Qué dejaron como conclusión las Jornadas Nacionales Fitosanitarias realizadas en Mendoza?
-La jornada giró en torno a tres temas: la innovación tecnológica, la legislación en materia fitosanitarias y el rol del ingeniero agrónomo.
Sin duda que el eje central fue el uso racional de agroquímicos, que fue planteado bajo el lema de la responsabilidad social compartida. Sobre este punto, quedó claro que todos los sectores involucrados somos responsables del uso racional de los agroquímicos. Desde quien los produce hasta el agricultor que los aplica, pasando por quien los vende y el ingeniero agrónomo que los recomienda.
-¿Se usan de manera racional los agroquímicos en Mendoza?
-Mendoza tiene una ley provincial -vigente desde 1993- y en cierta medida se está cumpliendo. Si bien hoy en día está en discusión su actualización, plantea un modelo que es reconocido a nivel nacional. Desde aquel momento hasta la fecha, el Iscamen viene tomando muestras para la determinación de residuos de agroquímicos en la producción agrícola, y el nivel detectado es muy bajo. Existe un trabajo de concientización por parte del Estado, una evolución en los productos; nuevas técnicas de aplicación que han dado resultados.
-¿Son los resultados deseados?
-Lo deseable es ir reduciendo el nivel de residuos. Esto tiene que ver con los mercados de exportación, con las exigencias de distintos países y con la necesidad de proteger la salud humana y animal.
-Pero hay un segmento importante de producción, particularmente el cinturón hortícola del Gran Mendoza, que está bajo la lupa…
-El Centro de Ingenieros Agrónomos de Mendoza está participando activamente en este tema, porque lo consideramos de suma importancia, haciendo aportes a nivel técnico. Creemos que hay que trabajar en la elaboración de nuevos productos que, sin dejar de ser efectivos, sean menos contaminantes; y además, profundizar la tarea de concientización y asesoramiento, fundamentalmente de los pequeños y medianos productores, sobre la necesidad de aplicar racionalmente estos productos.
-Usted habló de actualizar la ley. ¿Qué habría que modificarle o incorporarle?
-Creemos que se imponen cambios en la ley provincial de agroquímicos. Uno de los puntos principales es incorporar la obligatoriedad de la receta agronómica. Entendemos que será una herramienta clave para favorecer el uso racional de los agroquímicos. Esto es comparable con el tratamiento de la salud humana. Uno enferma, va al médico, el médico le receta un producto, hay que ir a la farmacia y después es responsabilidad del paciente tomar el medicamento de acuerdo a las indicaciones del médico.
En este caso, el ingeniero agrónomo prescribirá el producto fitosanitario para curar el cultivo afectado por una plaga, un hongo, una bacteria. Con esa receta el agricultor va a la casa de agroquímicos a comprar el producto, y después será su responsabilidad seguir las indicaciones para su aplicación. Creemos que esto permitirá reducir significativamente los riesgos que presenta para la salud humana y el ambiente la toxicidad de algunos productos; y reducir gastos, porque el agricultor va a aplicar el producto que corresponde en la dosis necesaria.
-¿Se están empezando a discutir esos cambios en la ley?
-Se están formando comisiones para trabajar junto con la Cámara de Diputados, con la participación del CIAM, de colegas de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Cuyo, de colegas independientes, el IN TA, para discutir estas modificaciones a la ley que, entendemos, debe darse a la brevedad. Habrá que prever los recursos para fiscalización, que es responsabilidad del Estado.
-¿Este sería el único punto a incorporar en la ley?
-Otro de los temas que se debe incorporar es el de tratamiento, esencialmente el procedimiento de triple lavado y disposición final de envases vacíos de agroquímicos. Esto, actualmente, está contenido en resoluciones del Iscamen. Creo que es importante aclarar que cuando hablamos de agroquímicos nos referimos no sólo a los productos para curar el cultivo, sino también de fertilizantes. Los dos contaminan, porque el mal uso de los fertilizantes puede dañar los suelos y contaminar los acuíferos. Hoy en día, la tendencia es reducir riesgos, a través de enfoques preventivos. Por eso es importante determinar cuáles son las carencias de nutrientes del suelo en función de los requerimientos del cultivo, para determinar qué se va a aplicar, en qué dosis y en qué momento.
-Eso es tarea de especialistas. ¿Hay disposición del productor a recurrir al asesoramiento técnico?
-Precisamente, la idea es que el productor sea consciente de la necesidad de contar con asesoramiento profesional. De hecho, para eso está preparado el ingeniero agrónomo; para orientar no sólo sobre el uso adecuado de productos, sino también en la aplicación de tecnologías que contribuyen a producir más, y de mejor calidad.
Este fue uno de los temas que tratamos en la jornada. Se habló de la posibilidad de promover, desde el Estado, la conformación de estructuras similares a la de los grupos CREA, que dan muy buenos resultados, para facilitar la transferencia de tecnología a pequeños y medianos productores, que en la mayoría de los casos no están en condiciones de contratar un ingeniero agrónomo. Claro que, esto se ve dificultado por los casos, que son muchos, de productores mayores que suelen ofrecer resistencia al cambio.