Los Tipitos: "Grabamos las canciones que nos identifican”

El clan rock-pop regresa a bordo del tour “El país es uno”, un proyecto que enlaza, vía satélite, dos recitales gratuitos.

Surgieron a mediados de los ‘90, cuando el modelito económico impulsado por Cavallo auguraba que íbamos bien. Demasiado bien. Eran tiempos difíciles para el under (tal vez no más que ahora). Pero ellos enchufaban instrumentos en bares y festivales solidarios de Mar del Plata. Poco después, en ‘bondis’, plazas o boliches porteños. Los movía las ganas honestas de tocar canciones que los identificaran. Como ahora.

Porque entre aquellos y estos Tipitos (Walter ‘Willy’ Piancioli, Raúl Ruffino, Pablo Tévez y Federico Bugallo) casi no hay diferencia. Al menos no la hay, en la filosofía que los guía.

Están más maduros, sí; acaso más tranquilos. Ahora, creen, la vida les va a un ‘tempo’ menos. Sin embargo, la energía para crear, grabar o subirse a un escenario está intacta. Walter ‘Willy’ Piancioli (piano, guitarra y voz de la banda) devela el secreto: “Trabajar de lo que nos gusta tiene que sumarle a la vida, hacerla divertida”.

-¿Cuál es el balance, después de 20 años?

-Me parece que crecimos, que nos tranquilizamos un poco. El paso de la juventud a la adultez te tranquiliza, te pone un poco más coherente y a ‘tempo’. Aunque presumo que sigo siendo nervioso (risas).

Por eso, cuando no trabaja, trabaja igual; porque está produciendo bandas. La voz ronca se escucha animada: “Esto de producir me mantiene ocupado y contento”.

Este mismo rol asumió en “Push”, el disco que Los Tipitos lanzó el mes pasado y que tiene previsto presentar el 8 de julio en el teatro Ópera. “Estamos atareados; ensayando mucho y aprendiéndonos el disco, que es una tarea bastante ardua, además de ocuparnos de las cuestiones técnicas, de luces y sonido”.

Ya dijimos: poco se diferencian estos Tipitos de aquellos que tocaban en plaza Francia (Recoleta), rotaban por las radios con el “Brujería”, el hit de “Armando Camaleón” (2004) o telonearon a Calamaro (2006), Oasis (2009) y Bon Jovi (2010). Ellos siguen empujando: el pop-rock, los discos, las giras.

Conceptualmente, “Push” sintetiza ese derrotero y está definido por las “curiosidades”. En principio, el origen del nombre: “Durante la primera gira que hicimos por la costa, en un micro alquilado, cada vez que el bondi se quedaba nos bajábamos todos a empujar y teníamos un asistente llamado Facundo Valdés que nos decía: ‘Push, Tipitos, push”.

-La metáfora perfecta para sus dos décadas.

-Nos pareció que éste era el momento. Además, porque en este material no hay una producción externa y, en término de composiciones, es un disco más homogéneo (N de la R: el proceso de creación está repartido entre todos los integrantes). La banda está volviendo a ese estado larval de sus comienzos.

Tal vez por eso, “Push” le recuerde a “Vintage” (2001), “un material ecléctico que podía viajar desde el folclore, a un tema más rabioso o eléctrico y detenerse, en algún momento, en un tema beatlero”. En este nuevo material, el clan marplatense incursiona, por primera vez, en estilos que se alejan del rock-pop que los define. Decimos: reggae, funk, tango y hasta rumba.

-¿Pura curiosidad?

-Un poco se dio por iniciativa personal de cada compositor. Pero también nos dimos ciertos permisos que, cuando trabajás con un productor de afuera, no te podés dar. En el afán de que un disco sea ‘comerciable’, el productor algunas veces coarta posibilidades, las deja en el plano de la anécdota. En este disco nos dimos el gusto de hacer lo que teníamos ganas y, para lo que sonaba bien, recurrimos a bandas amigas.

Así, entre los aportes invitados se cruzan los agudos pop de Ale Sergi (también mechó programaciones en el tema de Tévez), el diestro bandoneón Walter Ríos (en el tango que compuso Bugallo) o el reggae tradicional de Los Pericos. “Nos dimos esos lujitos: de incursionar en otros lugares y de grabar las canciones que nos representan ahora”.

-¿Antes no lo hicieron?

-En otro contexto de producción, uno no puede intervenir en esas decisiones. Sí se puede discutir, claro, pero siempre la última palabra la tiene el productor. En los últimos dos discos (“El club de los martes” y “Tan real”) sentí que el tema que terminó grabándose no era el que tenía ganas de cantar.

-¿Qué canciones tienen ganas de cantar ahora?

-Fijate que ésa es otra curiosidad del disco porque aunque solemos ser monotemáticos respecto del amor esta vez son otras las preocupaciones o las intenciones de las letras. Eso le da diversidad al material. Me recuerda un poco a “Vintage” (2001), porque éste también es un pantallazo de estilos.

-Si ya no es el amor, ¿cuáles son esas preocupaciones?

-La velocidad del tiempo, los viajes que no terminan nunca; incluso una canción que hace referencia a “La ley de la ferocidad”, la novela de Pablo Ramos (N de la R: con letra y música de Piancioli y Bugallo).

-¿Cómo tradujeron la novela a unos pocos versos?

-No es fácil sintetizar en una canción pero el autor está muy contento con la letra porque cree que rescatamos la esencia del libro.

“La ley...” es el primer corte de “Push” y ya tiene clip; fue dirigido por el realizador Carlos Olivan.

“El video completa aquello que la letra no pudo contar de la novela. Es una historia dura, acerca de un ex adicto al alcohol y la cocaína que tiene una recaída cuando muere el padre porque debe hacerse cargo de la familia y del velatorio. La novela narra los tres días de velatorio. Nosotros tratamos de ser lo más fieles posibles a esa ferocidad. O mejor: autoferocidad”.

-El rock tiene su autoferocidad.

-El que es adicto es adicto desde que se levanta hasta que se va a dormir. La película “Vuelo” es un ejemplo de lo que hablo: el tipo vive todo el día tomando.

-Y así realiza una maniobra que nadie puede repetir...

-De todos modos, una cosa no justifica la otra. No basta con tomar heroína para tocar como Jimi Hendrix.

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