13 de abril de 2019 - 00:00

Tildes, tachas y pulgas - Por María del Rosario Ramallo

Existen vocablos que, cuando los usamos, tienen una connotación negativa y que asociamos con mensajes de carácter denigrante. A pesar de su significado negativo, el hablante pierde, a veces, esa noción y los usa erróneamente, en contextos en que no corresponden. Vamos hoy a brindar tres ejemplos: ‘tildar’, ‘tachar’ y ‘pulgas’.

En el caso de ‘tildar’, proviene del verbo latino “titulare”; este verbo original proporcionó al español dos resultados: por un lado, ‘titular’, como cultismo o voz sin evolucionar, mientras que, como vocablo evolucionado o voz patrimonial, nos dio nuestro ‘tildar’.

¿Cómo se diferencian esos dos derivados en el español actual? El cultismo ‘titular’ tiene como principales valores significativos “poner título, nombre o inscripción a algo” y, dicho de una persona, “obtener un título académico”. Vemos que las dos acepciones tienen en común que nos remiten al sustantivo ‘título’, entendiendo como tal un nombre o un rango.

En cambio, ‘tildar’ toma acepciones totalmente diferentes: por un lado, la que más usamos, es la acepción que dice “poner tilde o acento a las letras que lo necesitan”, como en “Para tildar adecuadamente, debe conocer las reglas”; también, “colocar una marca en una casilla de verificación”: “Por favor, tilde solamente una opción”; la tercera, a la que aludíamos al iniciar la nota, consiste en “señalar a alguien con alguna nota denigratoria o una característica negativa”.

Cuando toma este valor, nos dice el Panhispánico, la nota denigratoria va introducida por la preposición ‘de’: “Lo tildan de excesivamente ambicioso”. Es allí donde nos advierte la Academia que es incorrecto su empleo con adjetivos de significado positivo o con el sentido general de ‘calificar’.

Por lo tanto, será incorrecto decir, por ejemplo: *“Una actriz tildada de exitosa” pues hay una  contradicción léxica entre el valor denigratorio de ‘tildar’ y el positivo de ‘exitosa’; tampoco, *“Tildaron al espectáculo de apto para todo público”, en donde ‘tildar’ fue erróneamente usado en lugar de ‘calificar’.

En el ámbito informático, existe una expresión muy usual, con la utilización del verbo como pronominal: ‘tildarse’. El sentido también es negativo puesto que, según el Diccionario integral del español de la Argentina, el valor significativo es el de “referido a un equipo o a un programa, quedar bloqueado en medio de un proceso”.

Así, “No pude terminar de pasar el texto porque, otra vez, se tildó la máquina”. Coloquialmente y referido a una persona, ‘tildarse’ equivale a “concentrarse en sus pensamientos o en algo determinado, dejando de prestar atención a todo lo demás”: “Me tildé y no pude escuchar tus últimas palabras”.

Otro verbo con connotaciones negativas es ‘tachar’, del cual usamos, como más habitual, la acepción de “borrar lo escrito haciendo unos trazos encima”: “Había tachado el nombre para que no advirtiéramos quién era el responsable”. Esta acepción se vincula a ‘tachadura’, que se define como “líneas o garabatos que tapan un texto o fragmento de un texto, para corregirlo u ocultarlo”.

La segunda acepción es “atribuir a algo o a alguien cierta falta”: “Se ofendió porque lo tacharon de ignorante”. Esta acepción queda vinculada a ‘tacha’, sustantivo que significa “defecto, falta o error de algo o de alguien”. Con este sustantivo, se relaciona también la tercera acepción, del mundo del derecho: “Alegar contra un testigo algún motivo legal para que no sea creído en el pleito”: “El demandado opuso una tacha a la declaración del último testigo, pero no prosperó”.

Nuevamente, el Panhispánico nos da algunas recomendaciones acerca de los usos correctos de ’tachar’: debe construirse con la preposición ‘de’, no con ‘como’. Entonces, decimos “Lo tacharon de inútil” y no *“Lo tacharon como inútil”.

La otra recomendación que da a los usuarios es que nunca debe utilizarse para atribuir a algo o a alguien cualidades positivas; así, no diremos *“Tacharon de prometedoras las perspectivas”, pues hay una contradicción entre el significado negativo de ‘tachar’ y el carácter positivo de ‘prometedoras’.

En este caso, se debería haber dicho “Consideraron/juzgaron prometedoras las perspectivas”. Hay una locución interjectiva relacionada con estas palabras, ‘¡Miren qué tacha!’, que se usa para ponderar la especial calidad de algo.

Por último, hemos considerado que siempre posee carácter negativo otro término, el sustantivo ‘pulga’, del que todos conocemos el significado común atribuido al insecto, parásito del ser humano y de algunos animales.

También, según el Diccionario integral del español de la Argentina, existe el vocablo ‘pulguiento’, que se puede utilizar como adjetivo y como sustantivo, con uso siempre ofensivo: “Son unos pulguientos que nunca se arreglan”.

En relación con el valor peyorativo de ‘pulga’, consideremos algunas expresiones: cuando algo inquieta y causa desazón, se habla de ‘la pulga detrás de la oreja’; si a alguien ‘se le buscan las pulgas’ es lo mismo que decir que ‘le buscan las cosquillas’, o sea, que se emplean, para impacientarlo, los medios que al efecto se consideren más a propósito.

¿Qué valor posee decir “hacer de una pulga un camello/elefante”? Se trata de una locución coloquial para significar que se exagera desmesuradamente. Muy cercano en significado es el refrán “Hombre celoso hace de la pulga un oso”, para dar a conocer las reacciones desmedidas del hombre que cela a una mujer, hasta por una acción sin importancia.

Si se dice que alguien “se sacude las pulgas” puede significar que rechaza las ofensas o los vejámenes, pero también que elude las responsabilidades o que intenta librarse de situaciones o trabajos incómodos. Reza otro refrán “A perro flaco, todo son pulgas”: consignado en el Refranero multilingüe del Centro Virtual Cervantes, se lo interpreta diciendo que la desgracia parece ensañarse con los desvalidos, los pobres, los débiles y los que están abatidos.

Además, describimos el mal carácter de una persona diciendo que “tiene malas pulgas” o, simplemente, diciendo que es “de pocas pulgas” o que “tiene pulgas”, en alusión a un genio demasiado impaciente y malhumorado. Y, finalmente, para describir el paso lento pero implacable del tiempo existe un refrán que lo pinta claramente: “Por Santa Lucía, a paso de pulga avanza el día”.

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