The Crown 3: tres razones para verla

Hoy llega a Netflix la tercera temporada de la deslumbrante serie que repasa la vida de la reina Isabel II.

The Crown 3: tres razones para verla
The Crown 3: tres razones para verla

Ya no hay que esperar más. La tercera temporada de "The Crown" está en Netflix desde hoy. La larga biopic de la reina Isabel II de Inglaterra suma una nueva entrega, para repasar los agitados '60 y para mostrarnos a la familia real en paños menores. Ganadora de dos Globo de Oro y ocho Emmys, la serie vuelve con un elenco totalmente renovado y promete. Pero ¿vale la pena invertir en ella un domingo de descanso como este? Sí, y explicamos por qué. 

1. Por Olivia Colman. Ella sola valdría por todas las razones, si es que no hubiera otras. Puede que ya sigás la serie y ahora retomés el hilo, pero si no es así la presencia de esta actriz en el tercer envío es un gran incentivo para poner play a "The Crown" desde cero.

La decisión de Peter Morgan, guionista y productor de la serie, de cambiar cada dos temporadas al elenco para representar el paso del tiempo ha sido arriesgada, pero acertadísima.

En lugar de seguir la corriente de envejecer a las estrellas con toneladas de maquillaje (recordemos a Christian Bale en "Vice"), Morgan prefirió el cambio de cara. Y allí hay cambio de facciones, de rigor, de corporalidad, de voz. Colman, quien ganó este año el Oscar a Mejor Actriz por su colosal interpretación de la reina Ana en "La Favorita" de Yorgos Lanthimos, se calza ahora la corona de otra reina británica. Por lo que se ha visto en los adelantos, es una reina Isabel madura, cuyo semblante sabe reflejar a la perfección las marcas que deja la corona después de diez años de reinado. Y a su lado, todos han crecido también: la magnética Helena Bonham Carter asume el rol de la princesa Margarita y Tobias Menzies es el Duque de Edimburgo. 

Claire Foy, la niña reina, se ha convertido en una mujer que, con casi 40 años, deberá tomar las riendas de un país en los tumultuosos ‘60. Y esta es la próxima razón.

2. Porque es una excusa para aprender de historia. Bueno, en realidad siempre hay que tomar las ficciones con pinzas, porque son ante todo eso: ficciones. Decíamos que en la tercera temporada Isabel II ya no es la jovencita insegura que tuvo que asumir funciones monárquicas por la prematura muerte de su padre, Jorge VI, en 1952. Ella ya no es la misma. Pero Inglaterra tampoco, y estas series históricas nos acercan muy bien a otros contextos históricos.

¿Qué hay detrás del ojo de la cerradura? La convulsionada década de los '60. Cuadros como los siguientes: la muerte del ex Primer Ministro Winston Churchill, la paranoia anticomunista, el triunfo del Partido Laborista y la llegada del hombre a la Luna, entre otros. El mundo, ya ostensiblemente dividido en dos, entra en una nueva era, y ahí está la realeza para mostrarse anacrónica y rozar el patetismo.

Como cuando Isabel recibió con una actitud de freezer la tragedia de Aberfan, en la que murieron 144 personas (la mayoría niños), o la ridícula entrevista televisiva en la que su marido se quejaba de que a la familia real “no le alcanzaba” la plata.

El Palacio de Buckingham no es un lugar fácil de penetrar, pero nunca había estado tan lejano del mundo circundante como en esos años, en los que se perpetró el distanciamiento. Aún así, el palacio vale la pena por sí mismo, porque la reconstrucción es perfecta.

3. Por el diseño de la serie. Un gran atractivo de estas series monárquicas (desde "Los Tudor" hasta la recientemente estrenada "Catalina la Grande") es el diseño de producción. Estamos ahí no solo para ver la historia, sino también para sumergirnos en el fasto de los palacios, las sedas y las joyas. "The Crown" se propuso desde el principio deslumbrar con la puesta, tanto así que el presupuesto de cada capítulo se triplicó, volviéndola una de las series más caras de la historia. Pero obvio, todo lo gastado estará a la vista en estos diez episodios. Así que a maratonear, porque la corona está servida.

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