Los datos revelados del ministerio de Educación dan cuenta de que hay menos chicos en las escuela estatales, incluso, menos chicos en la escuelas en general.
Los datos revelados del ministerio de Educación dan cuenta de que hay menos chicos en las escuela estatales, incluso, menos chicos en la escuelas en general.
Prácticamente, se observan 50.000 alumnos menos que en el año anterior, 300.000 menos que en el año 2003.
¿Por qué el dato es tan fuerte? Porque la explicación era que los chicos no aprendían más pero había más chicos en la escuela. Lo que esto confirma es que ni los chicos han aprendido más, ni hemos logrado retenerlos en el sistema. Al mismo tiempo, los datos del propio ministerio muestran el crecimiento de la educación de gestión privada, los que pueden se van.
Esa combinación es muy potente, menos chicos y sin tener los conocimientos que debieran es un cóctel muy pesado para nuestra sociedad. ¿Qué pasa con nuestros chicos? ¿Qué pasa con la escuela? ¿Por qué no podemos retenerlos en la escuela ni enseñarles?
El ministro y el jefe de gabinete explicaron la situación con tres argumentos que resulta interesante analizar.
El primero afirma que mejoraron los indicadores económicos del país, que la gente está en mejor condición y eso hace que busquen una escuela de gestión privada, lo que estaría explicando que si la población estuviera en mejores condiciones aún, abandonaría el sector estatal, todos buscarían una opción en el sistema privado.
Este argumento ratificaría los problemas de administración del sistema que ellos mismos manejan, la ineficiencia de un Estado que no puede generar mejores condiciones en las escuelas de gestión estatal.
El segundo argumento es que la cantidad de huelgas y conflictos docentes en las escuelas de gestión estatal generan una discontinuidad en el trabajo de las escuelas que deteriora la calidad y la capacidad de contener a los chicos y que por esa razón las familias buscan dejar las escuelas de gestión estatal camino a las de gestión privada.
Si fuera así, la pregunta es por qué no intervinieron, no actuaron para pararlas, para hacer de gobierno, de autoridad. Después de 10 años el gobierno no puede ofrecernos este argumento, sin explicar qué hizo cuando los paros expulsaban a los chicos.
Por último, la explicación es generacional, la idea de que nacieron menos chicos y que la caída de los alumnos tiene que ver con el descenso de las tasas de natalidad y entonces, los números de matrícula caen. Lo cierto es que ninguno de los indicadores justifican semejante caída, no es cierto que hayan nacido tantos chicos menos como para explicar la caída.
Entonces, ¿qué pasa? ¿Por qué los chicos no aprenden ni se quedan en la escuela?
Evidentemente, el relato no alcanza, no podemos seguir buscando excusas, los problemas son más importantes que este tipo de argumentos.
Para que los chicos aprendan y estén en la escuela, los adultos debemos tomar algunas decisiones diferentes, en principio, tener claro qué es lo distinto que podemos hacer por ellos.
El relato de que es mejor que estén en la escuela y no en la esquina, que cuando se agota el diálogo no está mal que los chicos tomen la escuela, entre otros, no les sirve a ellos ni a la sociedad.
Los chicos necesitan que los apoyemos, que los contengamos, pero que también les exijamos. “Te exijo porque estoy convencido de que podés”, no aceptar lo que no debemos admitirles. Si pueden, los ayudamos para que puedan, para que aprendan, para que puedan construir un futuro.
En muchos casos, el discurso tolerante puede ser cómplice, si yo te dejo caer, te vas a caer, y eso no te sirve a vos. Te escucho, te ayudo, te acompaño, pero vos tenés que comprometerte con la mejora.
Basta de discursos justificativos, lo que necesitamos es comprometernos todos con la mejora, con que el esfuerzo, el trabajo, los incentivos, nos van a permitir mejorar. Y necesitamos reconocer al que lo hace bien y ayudar al que lo hace mal, si se compromete.
Pero debemos comenzar por arriba, por las autoridades, dejar de engañarse y engañarnos, el sistema no está bien, requiere un cambio importante, que demanda ubicar a los actores en diferentes espacios, plantear nuevas reglas y administrar los recursos con otros criterios. Y ellos son los responsables, y son muchos años.
No creamos las excusas, tenemos un problema educativo y lo mejor que podemos hacer es empezar asumiéndolo, aceptando que el problema existe y que necesitamos cambiar.