17 de mayo de 2014 - 21:57

El temor a las niñas con estudio

Occidente no está actuando racionalmente para combatir la militancia extremista, que siente menos terror a los drones que a las jóvenes instruidas.

Cuando los terroristas en Nigeria planearon un ataque en secreto en abril, no tenían en la mira algún cuartel militar, una estación de policía o una base de drones. No, los militantes de Boko Haram atacaron lo que a un fanático le resulta aún más aterrador: una escuela de niñas. Eso es lo que hacen los extremistas. Atacan a muchachas con estudios, su peor pesadilla. Fue por eso que los talibanes paquistaníes le dispararon a Malala Yousafzai en la cabeza cuando la chica tenía 15 años. Es por eso que los talibanes afganos lanzan ácido a la cara de las muchachas que se atreven a querer estudiar.

¿Por qué los fanáticos tienen tanto miedo de la educación de las niñas? Porque saben que no hay mayor fuerza transformadora de la sociedad. La peor amenaza para el extremismo no son los drones que lanzan misiles sino las niñas que leen libros. En ese sentido, Boko Haram actuó de manera racional -aunque bárbara- al secuestrar a casi 300 de las niñas más brillantes de la región y anunciar su plan de venderlas como esclavas. Para mantener a un país en el atraso hay que maniatar a sus hijas.

Lo que me entristece es que Occidente no esté actuando de manera tan racional. Para combatir la militancia extremista invierte arrolladoramente en herramientas militares pero no tanto en las educativas, pese a que éstas tienen mejores antecedentes en la derrota del extremismo.
 
Obama dio su luz verde para acabar con los terroristas mediante drones pero descuidó su promesa de campaña en 2008 de establecer un fondo global de educación dotado con dos mil millones de dólares. Yo quisiera que los republicanos, en lugar de investigarlo por los quiméricos escándalos en Bengasi, Libia, echaran luz sobre el no haberle dado seguimiento a esta excelente idea.

¿Por qué es tan importante la educación de las muchachas? En primer lugar porque modifica la demografía. Uno de los factores que se relaciona más directamente con la inestabilidad es un marcado pico de jóvenes en la curva de la población. A mayor desempleo entre jóvenes de 15 a 24 años, mayor agitación social.

Un estudio encontró que por cada punto porcentual que aumente la población de 15 a 24 años de edad, el riesgo de guerra civil aumenta en cuatro puntos. Eso significa que controlar la tasa de natalidad fomenta la estabilidad y ahí es donde entran las mujeres con estudios. Si educamos a un chico, éste tendrá menos hijos que uno sin estudios, pero el efecto es pequeño. En cambio, una mujer con estudios, en promedio tendrá una familia significativamente menor.

Un estudio muy bien fundado en Nigeria logró definir la relación de causa y encontró que por cada año adicional de escuela primaria, la mujer tiene 0,26 menos hijos. Así pues, si queremos reducir el pico juvenil dentro de diez años hay que educar a las niñas desde ahora.

En términos más generales, la educación femenina puede casi duplicar la fuerza laboral formal. Esto impulsa la economía, eleva el nivel de vida y promueve un círculo virtuoso de desarrollo. El auge económico de Asia se basó en la educación de las niñas y en el traslado de éstas del campo a las ciudades para desempeñar trabajos mucho más productivos.

Un ejemplo del poder de la educación de las niñas es Bangladesh, que hasta 1971 fue la parte oriental de Paquistán. Una vez que obtuvo su independencia, hizo énfasis en la educación, en especial de las niñas. De hecho, en la actualidad en las escuelas preparatorias hay más mujeres que hombres. Esas mujeres con estudios constituyeron la columna vertebral de empresas como Grameen Bank, de organizaciones de desarrollo como BRAC y de la floreciente industria de la ropa.

Del mismo modo, en los años sesenta, Omán era uno de los países más atrasados del mundo, sin televisión, sin diplomáticos y con la radio prohibida. Ni una sola mujer asistía a la escuela en Omán. Después hubo un golpe de Estado y el nuevo gobierno dio educación a niños y niñas por igual. Hoy en día, Omán es estable y está incomparablemente mejor que su vecino Yemen, donde a las mujeres se las sigue casando a muy temprana edad y se les niegan los estudios.

EEUU está combatiendo con drones a las filiales de Al Qaeda en Yemen y Paquistán. Quizá sería mejor que invirtiera en escuelas para niñas, como hicieron Bangladesh y Omán. La educación de la mujer no es la panacea. En Irán y Arabia Saudita hay mujeres con estudios pero sin derechos, por lo que están atoradas en el pasado. Cuando un país les da educación y posibilidades a las mujeres, éstas se convierten en multiplicadoras de la fuerza para siempre.

Angeline Mugwendere era una chica pobre de Zimbabue, de quien se burlaban sus compañeras porque iba descalza a la escuela, con un vestido desgarrado sin nada abajo. No podía comprar los útiles, por lo que lavaba platos en casa de sus maestros con la esperanza de que le dieran un lápiz o un cuaderno a cambio.

Sin embargo, Angeline era brillante. En los exámenes nacionales de graduación de sexto año tuvo la calificación más alta de todo su distrito; de hecho, una de las más altas de todo el país. Sin embargo, no tenía esperanzas de asistir al séptimo año pues no podía pagar las cuotas. Fue entonces cuando intervino una organización no lucrativa llamada Campaña para la Educación Femenina, la cual pagó para que Angeline pudiera seguir sus estudios. Le fue de maravilla y ahora es la directora regional de esa asociación, encargada de hacer que las niñas pobres de cuatro países africanos puedan ir a la escuela. Está pasando la antorcha.

Dar educación a las niñas y oportunidades a las mujeres son tareas que, a nivel global, son relativamente factibles. Se gastan miles de millones de dólares en recolección de información, en operaciones antiterroristas y en intervenciones militares, aunque todo eso arroje resultados discutibles. En comparación, la educación femenina es una causa a la que se le dedican pocos fondos pese a sus innegables ventajas.

Los lectores suelen sentirse impotentes, incapaces de hacer algo importante. Pero fue un movimiento de base, iniciado en Nigeria, el que llamó la atención sobre el secuestro de las chicas y pidió cuentas a los dirigentes. Los políticos de Nigeria quizá ahora se den cuenta de que deben proteger no solo los pozos petroleros sino un tesoro aun más grande: los estudiantes de su país. Los estadounidenses pueden exhortar a los congresistas para que aprueben la ley sobre la violencia internacional contra las mujeres, lo que promovería la cuestión de la violencia sexual en la agenda mundial.

Boko Haram tiene su bastión en el noreste de Nigeria porque ésa es una región donde la educación es débil y las mujeres están marginadas. Unas dos terceras partes de las mujeres no tienen educación formal; sólo una de cada veinte ha terminado la preparatoria, pero la mitad de ellas están casadas a la edad de quince años.

Obviamente, la situación en Estados Unidos es incomparablemente mejor. Pero también tiene sus problemas. Se calcula que cada año, unas cien mil chicas menores de 18 años se trafican en el comercio sexual en Estados Unidos. Así pues, hay que luchar en favor de #BringBackOurGirls en Nigeria pero también en el resto del mundo.

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