10 de mayo de 2026 - 09:35

Millones de reproducciones, cero fans: el auge de la música con IA pone en jaque a la industria musical

Las plataformas pueden generar desde éxitos en segundos hasta "gemelos digitales" de artistas consagrados, la música creada por inteligencia artificial ha pasado de ser una curiosidad tecnológica a convertirse en el centro de una batalla legal, comercial y ética que redefine la propiedad intelectual.

La industria musical atraviesa una transformación sin precedentes impulsada por la inteligencia artificial generativa, una tecnología capaz de inundar las plataformas de streaming con contenido que ha comenzado a “robar” las regalías de los artistas reales.

La IA puso un pie en la música como herramienta para corregir voces o recomendar canciones, pero ahora se metió de lleno a componer, cantar, mezclar y producir temas completos en cuestión de segundos. Así, en apenas dos años pasó de curiosidad experimental a ser un nuevo frente de batalla para los artistas, la industria musical, las plataformas de streaming y las discográficas.

Lo que suena

El mercado actual ofrece diversas herramientas para la creación musical asistida por IA, aunque cada una con enfoques distintos.

Los gigantes del sector son Suno y Udio. Ambos son capaces de generar canciones completas (voz, melodía y ritmo) a partir de simples instrucciones de texto. Suno, por ejemplo, ha alcanzado una valoración de 2.450 millones de dólares y se ha consolidado como un actor dominante pese a las controversias sobre sus datos de entrenamiento. También Gemini permite crear canciones con Lyria, que permite generar canciones completas y fue entrenada con material licenciado, algo clave en medio de las disputas legales actuales.

Suno, plataforma de IA
Suno es la plataforma más popular en la actualidad para la creación de música con Inteligencia Artificial

Suno es la plataforma más popular en la actualidad para la creación de música con Inteligencia Artificial

Similar en funcionamiento está también Mureka, ideal para crear canciones, letras y pistas personalizables de alta calidad, especialmente para creadores de contenido y músicos que buscan música libre de derechos, algo que también hace Mubert o Soundraw, muy usada por streamers y creadores.

Luego hay proyectos llamativos como el de la artista Grimes. Se llama Elf.tech y es una plataforma que permite a los usuarios utilizar su "huella vocal" (GrimesAI-1) para crear nuevas canciones a cambio del 50% de las regalías.

Otro artista con proyecto propio es Holly Herndon que lanzó Holly+, una plataforma que utiliza un "gemelo digital" y una organización autónoma descentralizada (DAO) para que el público pueda crear música con su voz bajo una gobernanza cooperativa.

La más ética del grupo es Mustango, una alternativa de código abierto desarrollada académicamente que se entrena exclusivamente con datos de Creative Commons, lo que asegura una mayor transparencia y ética en el proceso.

Exitosos, pero irreales

La principal sacudida a la industria es la mutación del concepto tradicional de banda y el fenómeno hasta tiene nombre: "Spawning", que es la generación de contenido a partir de la identidad de otro. O sea, surgen bandas que se parecen a otras -algo que siempre ocurrió en la música-, pero esta vez es un algoritmo el que decide qué imitar y a quién.

The Velvet Sundown, una banda de indie rock, es el proyecto de IA más exitoso y ejemplificador. Es completamente artificial y superó el millón de oyentes mensuales en Spotify en julio de 2025 antes de que muchos usuarios descubrieran que detrás no había músicos reales.

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Éxito similar cosecharon Aventhis -que ha superado el millón de oyentes mensuales en Spotify- y Breaking Rust, una banda que logró colocar una canción en la lista Billboard Country Digital Song Sales de Estados Unidos en noviembre de 2025.

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Los casos de éxito es el incentivo para que músicos sin recursos y melómanos se lancen a la aventura de crear música con IA, pero el problema es que ya existen más personas creando canciones con IA que oyentes interesados en descubrirlas.

El riesgo es que las plataformas terminen saturadas por millones de temas automatizados diseñados para captar reproducciones rápidas, acompañar videos o alimentar playlists algorítmicas como si fuera un “fast food musical” hecho para el consumo inmediato y descartable.

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Del rechazo al acuerdo

La industria musical está dividida. Mientras unos buscan accionar legalmente, otros prueban aliarse. Por ejemplo, el famoso artista Peter Gabriel ha colaborado con empresas como Stability AI para concursos de videos generados por IA. En cambio, el cantante de country Tony Justice y su sello 5th Wheel Records lideran demandas colectivas contra plataformas de IA en representación de artistas independientes.

En Tennessee, Estados Unidos, la respuesta legislativa llegó con la "ELVIS Act", una ley pionera diseñada para proteger la voz y la imagen de los artistas frente al uso indebido de la IA generativa.

Las grandes discográficas se mueven en ambos sentidos. Inicialmente, los tres grandes sellos (Sony, Warner y Universal) demandaron a Suno y Udio por infracción de derechos de autor a "escala inimaginable". Sin embargo, para finales de 2025, Universal Music Group (UMG) y Warner Music Group firmaron alianzas estratégicas con Udio y Suno para desarrollar plataformas de creación bajo licencias controladas. A eso se le llama el "Jardín Vallado" porque de esa alianza saldría una nueva plataforma de UMG y Udio que permitirá a los fans reimaginar canciones en un entorno donde las piezas no podrán descargarse y evitan así que compitan directamente con los temas originales en los servicios de streaming.

Musica creada por Inteligencia Artificial
El polémico éxito de la música creada por Inteligencia Artificial

El polémico éxito de la música creada por Inteligencia Artificial

El gigante Spotify es uno de los apuntados por artistas y sellos por controlar las creaciones de IA y darle regalías solo por cumplir con la meta de tener millones de reproducciones. La presión hizo que la plataforma tome medidas drásticas como eliminar más de 75 millones de pistas de spam en un año. Además, ha implementado filtros contra la suplantación de identidad y trabaja en estándares de la industria para que los créditos de las canciones indiquen claramente el uso de IA.

Un problema industrial

La revolución musical de la IA plantea un sistema -y un problema- de dos niveles donde las grandes discográficas logran monetizar la tecnología, mientras que los artistas independientes luchan por transparencia y una compensación justa en un mercado saturado de contenido generado por máquinas.

El reconocido artista Brian Eno en una entrevista con MusicRadar señaló claramente el problema que atraviesa la industria musical: “Con toda la tecnología musical, siempre es muy interesante que las cosas se diseñen con un propósito; y luego la gente empieza a descubrir nuevas posibilidades” y añadió: “El mayor problema que le veo a la IA no es intrínseco a la IA en sí, sino al hecho de que está en manos de un mismo grupo de personas”.

OPINIÓN

Una que sepamos todos

“Lo perfecto es enemigo de lo bueno”, decía Voltaire para explicar que incluso los grandes descubrimientos pueden surgir del error. Y algo parecido ocurre hoy con la música. Mientras la inteligencia artificial busca producir canciones cada vez más perfectas, buena parte de lo más interesante sigue naciendo de la rareza, la imperfección y lo impredecible.

Un ejemplo es Angine de Poitrine, el dúo canadiense de rock experimental y math rock que se volvió viral gracias a una mezcla absurda de estética caótica y música microtonal imposible de imaginar dentro de un algoritmo entrenado para agradar rápido.

Embed - ANGINE DE POITRINE - Teaser

La discusión alrededor de la IA musical parece enorme, pero la industria ya atravesó otras crisis: la descarga ilegal, el MP3, el streaming o el autotune. La diferencia es que ahora la automatización alcanza directamente al proceso creativo.

La IA convirtió la composición, grabación y producción en algo instantáneo. Nunca hubo tanta música disponible y, al mismo tiempo, nunca pareció tan difícil encontrar algo verdaderamente personal.

Porque una canción no es solamente técnica o afinación. También es contexto, identidad y hasta error humano. Y quizás ahí esté el verdadero valor del futuro: mientras más artificial se vuelva todo, más importante será saber que detrás de una canción existió alguien real.

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