A las 21.11 comenzó en el Teatro Independencia el espectáculo de Kevin Johansen junto al ilustrador Liniers, en un formato que combina música en vivo con intervenciones gráficas proyectadas en tiempo real.
El dúo se presentó en el Teatro Independencia con su formato híbrido de música e ilustración en vivo, ante una sala colmada.
A las 21.11 comenzó en el Teatro Independencia el espectáculo de Kevin Johansen junto al ilustrador Liniers, en un formato que combina música en vivo con intervenciones gráficas proyectadas en tiempo real.
El inicio fue con Down with my baby, tema que marcó el tono de la noche. “A Mendoza, bendiciones”, expresó Johansen al saludar al público, que acompañó desde los primeros minutos con atención y entusiasmo.
A lo largo del espectáculo, canciones como Baja a la tierra y Es como el día fueron acompañadas por ilustraciones realizadas en vivo por Liniers, generando una dinámica que amplía el sentido de cada interpretación.
Uno de los primeros momentos destacados fue la intervención del clásico avioncito de papel, construido en escena a partir de la música, que Liniers lanzó al público. La propuesta mantuvo al público atento tanto a lo sonoro como a lo visual, consolidando el carácter integral del show.
La interacción entre ambos artistas fue constante, con comentarios, intercambios y guiños que aportaron fluidez al desarrollo del espectáculo.
El recorrido musical incluyó versiones como Modern love, en clave country, y temas propios como S.O.S. tan fashion, presentado por Johansen con humor. También formaron parte del setlist canciones como Tu ve, No voy a ser yo y Vecinos, esta última dedicada a una fan del público.
Durante el show, Johansen definió su propuesta artística como “des-generada”, en alusión al cruce de estilos que caracteriza su repertorio. Esa versatilidad se hizo evidente también en su interpretación en vivo: a lo largo de la noche alternó distintas guitarras —acústicas y eléctricas—, desplegando una ejecución sólida, con matices y una impronta rítmica que sostuvo el pulso del espectáculo.
Más allá del formato escénico, uno de los puntos altos de la noche fue la presencia musical de Johansen en vivo. Con dominio del escenario y una interpretación precisa, el artista construyó climas diversos, pasando de momentos íntimos a pasajes más enérgicos sin perder coherencia.
Su manejo de los tiempos, los silencios y los cambios de registro —acompañado por la alternancia de instrumentos— reforzó la identidad de cada canción, aportando dinamismo y profundidad al show.
Uno de los pasajes más celebrados fue el intercambio de roles entre los artistas: Liniers tomó el ukelele y realizó una breve improvisación musical, mientras Johansen se sumó al dibujo en vivo. "Acá es momento en que vemos los dotes de músico de Liniers, y yo de “dibujansen”, afirmó con humor Johansen.
Hacia el tramo final, Liniers descendió del escenario para interactuar directamente con el público, convocando a algunos asistentes a participar en escena durante la interpretación de Cumbiera intelectual, generando un momento de alto nivel de participación colectiva.
El cierre incluyó canciones como Desde que te perdí, Anoche soñé contigo y La gente más linda, con un público que acompañó cantando en gran parte de los temas.
Antes de despedirse, Johansen expresó: “Es un placer venir a Mendoza; agradezcan el lugar en el que viven”, en un mensaje que fue recibido con aplausos por la audiencia.
Con el Teatro Independencia colmado y una conexión que se sostuvo de principio a fin, la noche dejó la sensación de haber asistido a algo más que un recital. La potencia musical de Johansen en vivo —sostenida en cada interpretación y en el diálogo constante con sus instrumentos— se encontró con el trazo sensible y lúcido de Liniers para construir un clima cercano, humano y profundamente disfrutable. Un espectáculo que, desde la simpleza de dos lenguajes que dialogan, logró emocionar y quedarse en la memoria del público.