26 de abril de 2026 - 08:00

Johansen-Liniers: cuando la música se ve y el dibujo suena

El dúo regresa a Mendoza en las postrimerías de una experiencia artística de 16 años que convirtió la música y el dibujo en un lenguaje compartido.

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Después de más de 16 años de ruta conjunta, el dúo de Kevin Johansen y el dibujante Liniers regresa a Mendoza con la sensación de estar cerrando un capítulo que fue creciendo casi sin darse cuenta, como esas historias que empiezan en voz baja y terminan ocupando toda la escena.

La cita será el 2 de mayo, a las 21 hs, en el Teatro Independencia, en el marco del tramo final de una gira que desde 2023 volvió a poner en movimiento este experimento artístico que mezcla música en vivo, ilustración improvisada y una química escénica difícil de encasillar. En esta visita, además, llegan con novedades que funcionan como testimonio del viaje: el álbum en vivo Desde que te Madrid y el libro Es nuestra forma de comunicarnos, dos formas de fijar o de intentar fijar un espectáculo que vive justamente de lo efímero.

Sobre el escenario, la dinámica es simple y a la vez hipnótica: Johansen recorre canciones de su repertorio mientras Liniers dibuja en tiempo real, proyectando imágenes que dialogan, contradicen o expanden lo que suena. El resultado no es un concierto ni una muestra de dibujo, sino una especie de criatura híbrida, cálida y lúdica, donde el humor, la emoción y la sorpresa se turnan sin pedir permiso. Un cierre de gira que, más que despedida, promete ser celebración.

Esta semana, Estilo contactó con ambos artistas para conocer los detalles de su regreso a Mendoza.

—Después de 16 años juntos en el escenario, ¿se consideran una pareja artística estable o aún hay ebullición e innovación?

KEVIN JOHANSEN (KV): Nunca fuimos ni seremos estables. ¡Viva la inestabilidad! Viva la volatilidad de nuestra relación. Desde ya que si estás con alguien pasándola bien arriba del escenario durante tanto tiempo es por algo. Debido a la respuesta del público, al cariño, a que hay un enganche nuestro con ellos y de ellos para con nosotros.

LINIERS (L): Sí, siempre está cambiando el show, siempre se está moviendo, aparecen cosas nuevas, ideas, canciones, discos. Así que es un show que si bien tiene ya tiene establecida una estructura, a los dos nos divierte sorprendernos y empujar para adelante y hacer experimentos que a veces funcionan y a veces no.

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—¿Cómo fue que surgió este espectáculo en común?

(L): Surgió sin darnos mucha cuenta. Al principio yo dibujaba escondido con el sonidista y el iluminador en una computadora y eso aparecía tras de la banda, después en otra época pintaba mientras los chicos tocaban y por ahí yo hacía algún comentario tímidamente. Y de a poco me fui animando cada vez más. Kevin creo que se dio cuenta de que yo podía hacer algo que yo no tenía la menor idea que podía hacer. Y me fue invitando al escenario. Así que arrancó tímidamente, sin mucho plan y sin copiar a nadie

(KJ): Surgió de la forma más normal, si se quiere, entre comillas. Fui a pedirle un afiche para un show y Liniers me hizo unos pingüinos para la presentación de Sur o No Sur en el 2002 o 2003. Pero ya antes éramos amigos, veníamos tiroteándonos ideas.

—¿Cuánto de improvisado hay en cada show o trabajan con un guion estricto?

(L): No, nadie escribió ni capítulo. Todo el show surgió en el escenario. Si algo pasa en el escenario y nos divierte, lo seguimos haciendo. Si algo fracasa, lo olvidamos. Cuando veo shows viejos, veo un montón de cosas que me olvidé que yo hacía o que él hacía o que nos comentábamos entre nosotros. Es como que se va moviendo el show sin que nosotros nos demos mucha cuenta. Y nos gusta que se mueva porque nos divierte.

—¿El show es el mismo para cada ciudad a la que van o lo van adaptando según el lugar?

(KJ): Uno se adapta al lugar donde está, porque además cambian los formatos de lugares. De pronto estás en un teatro grande, en un teatro chico o mediano; de pronto estás en un bar o en un boliche o al aire libre para 20.000 personas, como estuvimos en la Puerta del Sol en Madrid.

Así que varía mucho. La predisposición, lo nervios, todo, pero seguimos teniendo esa responsabilidad de anfitriones.

(L): Sí, a veces Kevin por ahí saca una canción sobre Porto Alegre o el otro día estaba escribiendo una canción en Bogotá, no la había ni terminado de escribir y se puso a cantarla. Y yo ahí tengo que descubrir qué dibujar en el momento. Creo que a los dos nos gusta eso también.

Las canciones a veces cambian y los shows. Kevin va viendo para dónde va más que yo. Él medio que es el capitán Ahab y yo soy Ismael. Y vamos los dos tras la ballena blanca, a ver si la agarramos o no.

—¿En algunos puntos de la gira encontraron resistencia al formato o público al que le costara la propuesta?

(L): No. La verdad es que lo que hacemos es muy simple, no es tan complejo como para que la gente ponga resistencia y diga, ¿qué es esto que no se entiende?

Creo que la gente agradece ver algo en estos tiempos de inteligencia artificial que es muy humano, muy hecho a mano, muy qué está sucediendo ahí. Kevin toca con la guitarra acústica y los dibujos no están hechos en computadora, sino a mano y se notan la mancha y el error. Así que me parece que la gente lo agradece en ese sentido.

(KJ): Muy poca resistencia, la verdad. La verdad es que no tengo el recuerdo de algún comentario que dijera, "No, no hagan esto." Creo que es muy equilibrado. Entre la música y el arte visual, es muy complementario y en ese sentido te diría que, al contrario, fue muy abrazado el formato y la idea.

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—En escena qué tiene la hegemonía ¿música o dibujo?

(KJ): Bueno, hay un claro factor visual que, mientras dibuja líneas, aparece detrás una pantalla grande con esos dibujos durante el transcurrir de las canciones. A mí personalmente me gusta no ser el eje visual, no lo necesito. Disfruto que le quite solemnidad también al espectáculo, porque no quiero ser el tipo de cantautor arriba de un pedestal dando cátedra. Me gusta el hecho de ser uno más.

En todo caso a priori decimos que lo que yo hago no se ve y lo que Liniers hace no se escucha, aunque se puede ser un poco más flexible y decir que la música tiene imágenes, las letras tiran imágenes y las imágenes también se escuchan o hacen ruido.

(L): Creo que la música es la manera de arte más más excelente, porque llena todo el espacio. Para mirar mis dibujos hay que mirar para adelante, si uno mira para atrás no está ahí mi dibujo. En cambio la música nos rodea y nos envuelve. Y los dibujos tratan de seguir a la música. Alguna vez hicimos que la banda de Kevin The Nada y Kevin siguieran el dibujo, que fuese al revés. Y nos salía una cosa medio jazz moderno, tipo Thelonius Monk. Kevin dice que los oídos no se pueden cerrar. Uno cierra los ojos y se acabó lo que yo hago, pero lo de Kevin envuelve. Es un pequeño milagro la música para mí.

—¿Alguna vez un dibujo de Liniers cambió el rumbo de una canción en vivo, o viceversa?

(KJ): Hemos hecho de todo. Él hace un comentario gracioso o que emociona, porque lo bueno de Liniers es que no es solamente el historietista de chiste, ocurrente y locuaz, que también lo tiene, sino que emociona con un dibujo.

Por ahí yo soy el que está tirando algo más irónico desde la música o desde una letra y él es quien emociona al público. Y los veo emocionados, con lágrimas en los ojos, así que por suerte esa posición está presente durante el espectáculo, no es una sola cosa. Suelo decir respecto a los géneros musicales que soy un desgenerado y Liniers también es muy desgenerado y nuestro público, afortunadamente, también es un público que gusta de diversos estilos.

—Después de 16 años, y ya casi al final de esta gira ¿qué evaluación tienen de este trabajo en común?

(L): Yo lo siento como un regalo del destino. Haberme cruzado con un señor de Alaska, con voz profunda a lo Barry White, al que le interesaba tener un dibujante de historietas al lado mientras cantaba. Es una especie de milagro estadístico.

En la historia del universo, inclusive en otras galaxias dudo que se haya dado este rejunte. Así que es algo que como dibujante, pero también como persona me ensanchó la vida, me ensanchó el horizonte. Así que lo agradezco mucho, me parece medio una especie de milagro absurdo que me salió.

Uno como historietista está acostumbrado a tirar la piedra y esconder la mano. Nunca vemos cómo detona un dibujo nuestro. La gente lo lee en su casa o en un libro o en el diario o en el teléfono. En el show en vivo veo inmediatamente si dije algo que a la gente le parece gracioso, veo que están mirando el dibujo y qué les hace gracia cuando hago algún remate visual.

(KJ): Quieras o no tenés una sensación más que una evaluación. La que tengo en lo personal es muy satisfactoria, de mucha gratificación. Hemos hecho un recorrido trascendente, lindo, que toca a la gente, que toca diferentes generaciones, eso me emociona, la verdad.

—¿Hay momentos en esta trayectoria juntos que recuerden como decisivos o más importantes? ¿Cuáles?

(KJ): No hay un solo momento, pero creo que el momento en que lo invitamos a Liniers a subirse al escenario con su escritorio de dibujante y encontramos este formato simple de una cámara cenital proyectando sus dibujos mientras progresan las canciones, fue una sensación de “Ok, esto va a tener un recorrido”. No es casual que el último disco que hicimos Desde que te Madrid dice letras pequeñas hecho con IE, con Inteligencia Emocional y no inteligencia artificial, así que hay algo artesanal si se quiere en este show.

(L): Hubo momentos que me dieron mucha felicidad y sorpresa. Hay varios. Hicimos un show en vivo en Puerta del Sol en Madrid frente a miles y miles de personas, en un espacio tan gigantesco y tan icónico. Hicimos una gira por Estados Unidos que fue como tocar en Broadway. A un show vino Art Spiegelman, que es uno de mis dibujantes favoritos. En Los Ángeles nos vino a ver Matt Groening, el creador de Los Simpsons. Gracias a Kevin he compartido escenarios con héroes musicales míos: desde Fabiana Cantilo a Drexler, con Lisandro Aristimuño, con Paulino Mosca…

—De esta sociedad surgieron no hace mucho un disco y un libro. ¿Qué pueden decir sobre ellos?

(L): El disco Desde que te Madrid, lo hicimos en vivo en el Teatro Albeniz, en Madrid. Fue coronar una gira que estábamos haciendo por Europa, donde fuimos a un montón de ciudades: Berlín, Londres, París, Estocolmo, Copenhague. Son lugares a los que uno no se imagina que va a ir a trabajar y que gente de ahí nos va a venir a ver. Así que fue como un premio ese disco. Dibujé todas las canciones del show en historieta y ahí en la discográfica gustaron las historietas, así que sacaron vinilos y CD. Lo que también nos puso a todos muy contentos. Y pensando en que hay gente que por ahí no tiene un tocadiscos, hicimos el libro en donde están las canciones de Kevin ilustradas, pero en formato de libro.

(KJ): Veníamos de Latinoamérica y partes de Europa. Antes de Madrid estábamos en París y dijimos: "Obvio que vamos a registrar el último show en Madrid, donde tenemos amigos que participaron, como Jorge Drexler, Las Migas”. La gran banda de flamenco de mujeres está en las canciones Quiero mejor y Desde que te perdí. Jorge cantó con nosotros No voy a ser yo. Y hasta estuvo mi hijo. Terminamos ahí la gira y nos quedamos unos días en Madrid, que es como casita.

—Han venido varias veces a Mendoza ¿Qué conexión sienten con el público mendocino?

(KJ): Y Mendoza también es como casita, la verdad que siempre ha sido un lugar donde nos sentimos interpretados, donde el público siempre nos ha recibido con la mejor onda. Es una parte del país que nos encanta, que amamos y, bueno, llegar a Mendoza siempre es un flash y siempre uno conoce un poquito más a través de su gente.

(L): Sí, fuimos varias veces con Kevin, alguna vez también con Alberto Mont, cuando hacíamos nuestro show de stand up. La verdad es que es una ciudad que me encanta visitar, una provincia hermosa que he visitado también por cuenta propia, para ir a tomar unos vinos por ahí.

Siempre nos recibe algún sommelier local, algún enólogo amigo y nos riega con vino. Además para mí, personalmente, como dibujante historieta, Mendoza es la tierra que nos dio a Quino. Así que es un poco como la Meca, hay que ir a visitar, agradecer y hacer un brindis por el maestro de vez en cuando.

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