8 de junio de 2026 - 00:10

El Indio, las misas ricoteras y aquello que los sociólogos no supimos mirar

El fenómeno ricotero y el fenómeno del Indio como máxima expresión de ese universo puede ser entendido como una forma de construcción de comunidad en tiempos de fragmentación social. Muchos encontraron allí amistades, parejas, redes de solidaridad e incluso sentidos para sus propias trayectorias vitales. No es casual que numerosos seguidores hablen de Los Redondos utilizando un lenguaje cercano a la experiencia religiosa. Tampoco es casual que la palabra "misa" haya surgido espontáneamente para describir los recitales.

Entre los cientos de testimonios escuchados y reproducidos en estos días tras el fallecimiento de Carlos el "Indio" Solari, hubo uno que me llamó particularmente la atención. Un seguidor decía, con una mezcla de tristeza, ironía y convicción, que los sociólogos se ocupaban de pelotudeces, así, textualmente, y que no ponían la atención en lo verdaderamente importante en términos sociales, de lo que estaba pasando ahí, por ejemplo, en las llamadas "misas ricoteras". Señalaba de esta manera una crítica profunda hacia una disciplina que muchas veces ha preferido observar fenómenos con poca relevancia para la comunidad antes que detenerse en los rituales cotidianos donde la sociedad se piensa, se siente y se construye a sí misma. Esto resulta especialmente importante justo esta semana, donde el 1 de junio se conmemoró el día de los sociólogos y sociólogas. Como siempre intentamos tener una mirada crítica de nuestra propia disciplina respecto de su utilidad para el conjunto social, vale detenerse en la crítica expresada por el ricotero.

Tuve la oportunidad de ver al Indio Solari junto a Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado el 28 de septiembre de 2008, cuando presentó Porco Rex en el estadio Juan Gilberto Funes de La Punta, Provincia de San Luis. Lo que en aquel momento fue una experiencia musical inolvidable, con el paso de los años se convirtió también en un objeto de reflexión sociológica. Sin saberlo del todo, realicé un ejercicio de observación participante: estaba allí como espectador, pero también como alguien interesado en comprender los fenómenos colectivos que movilizan a miles de personas.

Lo primero que me impactó fue que aquello excedía ampliamente la categoría de recital. No se trataba simplemente de consumidores culturales reunidos para escuchar canciones. Había algo más profundo. Familias enteras, grupos de amigos provenientes de distintas provincias, trabajadores, estudiantes, militantes políticos, vendedores ambulantes, profesionales y desocupados compartían un mismo espacio físico y simbólico. Durante algunas horas desaparecían muchas de las diferencias sociales que organizan la vida cotidiana.

La sociología clásica ofrece algunas herramientas para comprender este fenómeno. Émile Durkheim sostenía que toda sociedad necesita rituales colectivos para reafirmar los valores que la mantienen unida. En las sociedades tradicionales esos rituales se expresaban principalmente en la religión; en las modernas, donde las instituciones religiosas pierden centralidad, surgen nuevas formas de sacralidad. Las misas ricoteras fueron, precisamente, una de esas formas.

Miles de personas viajaban cientos o incluso miles de kilómetros para participar de un acontecimiento que poseía características claramente de rituales: preparación previa, peregrinación, encuentro con otros/as creyentes, símbolos compartidos, relatos comunes y una intensa experiencia emocional colectiva. El recital aparecía como el momento culminante de un proceso que comenzaba mucho antes y continuaba mucho después.

Durkheim denominó "efervescencia colectiva" a ese estado emocional extraordinario que experimentan los grupos cuando participan de rituales compartidos. Quien haya estado alguna vez en una misa ricotera comprenderá inmediatamente el concepto. La sensación de formar parte de algo más grande que uno mismo, de pertenecer a una comunidad imaginada pero tangible, difícilmente pueda explicarse únicamente desde la música.

Sin embargo, el fenómeno ricotero también permite incorporar otras lecturas. Desde la perspectiva de Pierre Bourdieu, los seguidores de Los Redondos construyeron un universo cultural propio, con códigos, lenguajes, formas de vestir, modos de interpretar las letras y criterios de legitimidad que otorgaban pertenencia al grupo. Ser ricotero implica mucho más que escuchar una banda; constituye una identidad social.

Las canciones funcionan como repertorios simbólicos capaces de condensar experiencias compartidas. Cada verso puede convertirse en una clave de interpretación del mundo. Las letras del Indio fueron apropiadas, resignificadas y utilizadas para expresar frustraciones, esperanzas, rebeldías y posicionamientos frente a la realidad social.

Porque si algo caracteriza al universo ricotero es su particular relación con la política. No se trata de una militancia partidaria homogénea. Por el contrario, conviven allí sensibilidades ideológicas diversas. Sin embargo, existe una matriz común de desconfianza hacia las formas tradicionales del poder, una mirada crítica sobre las desigualdades sociales y reivindicaciones sobre diferentes derechos sociales, politicos, económicos y culturales.

En ese sentido, el fenómeno ricotero y el fenómeno del Indio como máxima expresión de ese universo puede ser entendido como una forma de construcción de comunidad en tiempos de fragmentación social. Mientras el neoliberalismo de las décadas de 1990 y 2000 promovía la individualización de las experiencias y la lógica del "sálvese quien pueda", las misas ricoteras producían exactamente lo contrario: encuentros masivos donde miles de desconocidos se reconocían mutuamente como parte de algo común.

La sociología contemporánea ha mostrado que las sociedades actuales padecen una profunda crisis de los mecanismos tradicionales de integración. Los sindicatos, los partidos políticos, los clubes de barrio e incluso muchas instituciones educativas han perdido capacidad para producir pertenencia colectiva. En ese contexto, fenómenos culturales como el Indio ocuparon parcialmente ese vacío.

Muchos encontraron allí amistades, parejas, redes de solidaridad e incluso sentidos para sus propias trayectorias vitales. No es casual que numerosos seguidores hablen de Los Redondos utilizando un lenguaje cercano a la experiencia religiosa. Tampoco es casual que la palabra "misa" haya surgido espontáneamente para describir los recitales.

Lo que observé aquella noche en San Luis fue precisamente eso: una comunidad en movimiento. Personas que llegaban desde distintos puntos del país cargando banderas, historias, anécdotas y expectativas. Personas que quizás nunca volverían a encontrarse, pero que durante algunas horas compartían una identidad común. La música funcionaba como vehículo, pero el fenómeno era mucho más amplio.

Por supuesto, como todo fenómeno social complejo, las misas ricoteras también expresaron tensiones y contradicciones. Hubo episodios de violencia, problemas organizativos y tragedias que obligan a evitar cualquier idealización romántica. Pero incluso esos conflictos forman parte de la complejidad de una experiencia que movilizó durante décadas a cientos de miles de personas de nuestra comunidad.

Quizás por eso la muerte del Indio trasciende la desaparición física de un músico. Lo que conmueve a tantos y a tantas no es únicamente la pérdida de un artista, sino también la sensación de que concluye una etapa significativa de la cultura popular argentina. Se despide una figura que logró articular identidades, emociones y formas de pertenencia que marcaron a varias generaciones.

Aquel ricotero que criticaba a los sociólogos tenía razón en algo fundamental: durante mucho tiempo observamos con mayor atención las estadísticas, las instituciones y las estructuras tradicionales, evidentes, formales, mientras fenómenos culturales de enorme relevancia con un impacto social enorme se desarrollaban frente a nuestros ojos. Las misas ricoteras fueron mucho más que recitales. Constituyeron espacios de socialización, construcción identitaria, producción simbólica y generación de vínculos comunitarios. Habrá que estudiar como se reconfigura y se reconstituye dicho fenómeno luego de la desaparición física del Indio.

Si la sociología pretende comprender cómo se construye una sociedad, cómo se reproduce, donde se encuentran los espacios de integración, rupture, participación, identidad de una Sociedad, entonces necesariamente debe prestar atención a estos fenómenos. Porque allí, entre banderas, canciones, viajes interminables por las rutas argentinas y multitudes cantando al unísono, también se estaba produciendo sentido, pertenencia y construcción de un espacio significativo en términos sociales, políticos y culturales.

* El autor es sociólogo – Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, UNCuyo. Docente de Contextos Socioculturales, Ética, Responsabilidad Social y Sustentabilidad. Comunicación y Cultura Organizacional e Innovación y Creatividad, Instituto Universitario de Ciencias Empresariales. Coordinador del Área de Ciencias Sociales. IUCE.

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