"La libertad tiene el precio de la soledad", dijo en alguna entrevista el Indio Solari. Pocas frases, así de escuetas y directas, podrían definir mejor esa chispa vital que se apagó ayer viernes, a los 77 años.
Controvertido, huidizo y genial, el Indio Solari pasó sus últimos años luchando contra el Parkinson. Cómo pasó de pintar cuadros para ganarse la vida a ser la voz del pogo más grande del mundo.
"La libertad tiene el precio de la soledad", dijo en alguna entrevista el Indio Solari. Pocas frases, así de escuetas y directas, podrían definir mejor esa chispa vital que se apagó ayer viernes, a los 77 años.
No hay forma de negar que Carlos Alberto Solari fue una de las figuras más influyentes y enigmáticas de nuestra cultura. Como todos los genios, fue controvertido y transformó innumerables vidas. Intentar explicarlo, o siquiera abarcarlo, es imposible.
Líder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota y posteriormente de Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, construyó una obra destinada a trascender. Y a brillar sola, en su mística singularidad.
A diferencia de la mayoría de las grandes estrellas populares, el Indio edificó su leyenda desde la distancia. Durante décadas evitó la exposición mediática, rechazó el marketing y convirtió cada aparición pública en un acontecimiento absoluto, como lo recordarán bien los mendocinos, que vieron a la provincia (y especialmente al departamento de San Martín) revolucionarse con sus dos megashows en 2013 y 2014.
"Sinceramente, me resulta muy incómodo el reconocimiento público", admitía ya en 2004 en una entrevista con Los Inrockuptibles. "Me formé en años en los que lo conveniente era la clandestinidad, así que cuando siento que todo el mundo me vigila, me da cierto escozor", pensaba.
Desde al menos una década que padecía Parkinson, algo que lo había alejado definitivamente de los escenarios, aunque no de la composición. En los últimos años, siguió participando de algunos shows a través de la pantalla. Aunque siempre estaba, como todos saben, amurallado en su casa de Parque Leloir.
En el último tiempo, las contadas entrevistas que daba eran telefónicas, y las que no lo eran buscaban evitar mostrar su deterioro físico. Resultaba conmovedor. A contraluz, de hecho, se filmó la última entrevista extensa que dio, al canal de streaming Gelatina, en 2024. En un mano a mano de más de una hora con Pedro Rosemblat, volvió a mostrar la personalidad reflexiva, crítica y provocadora que lo caracterizó durante toda su carrera.
Una de las definiciones más importantes se dio hacia el final de la charla, cuando confesó: "La vejez es una cagada. Yo no sirvo para viejo. Hacer canciones es lo que me mantiene vivo".
Los primeros pasos del Indio estuvieron lejos de los grandes escenarios que más tarde lo convertirían en una leyenda. Nacido en la ciudad de Paraná en 1949 y criado en La Plata, transitó durante su juventud por distintos oficios y experiencias vinculadas al arte, el diseño y la contracultura.
Dijo en 2004: "Cuando era muy joven hasta viví en Brasil exponiendo cuadros, aunque también escribía. En esa época, cuando tenías inquietudes no había nada que te ordenara las cartas: la cultura rock no tenía premios, tenía palos. Si tenías intereses artísticos no había nada que te indicara para qué lado ir, así que hacías de todo. Escribías canciones, pintabas, zapateabas, hacías guiones de películas, filmabas en Super 8, componías bandas sonoras… Y al principio, lo mío era escribir guiones con el hermano de Skay: él fue quién nos presentó, y ahí arrancó esto de hacer canciones juntos".
Fue a mediados de la década de 1970 cuando comenzó a gestarse el proyecto que desembocaría en Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, una banda que mezclaba música, performance, teatro, simbolismo y una fuerte impronta independiente. Sus letras combinaban poesía urbana y bastante críptica: metáforas, imágenes surrealistas y frases abiertas a múltiples interpretaciones que ayudaron a crear un aura de misterio en torno a la banda.
Mucho antes de que la misa ricotera fuera sinónimo del "pogo más grande del mundo", sus shows en vivo transmitían una mística que desafiaba las convenciones del rock tradicional. Con el tiempo, aquella energía inicial evolucionó hacia convocatorias multitudinarias, pero nunca perdió el componente ritual que transformó a los Redondos en un fenómeno que excedía lo meramente musical.
El Indio nunca ocultó sus posiciones políticas ni sus preocupaciones por la realidad social. En sus últimos años mantuvo una mirada crítica sobre la situación económica del país y sobre el funcionamiento de la democracia. "No podemos hacer nada en el pasado, momentáneamente. Y del futuro no tenemos la lógica. Lo que nos obliga a resolver este presente que bastante jodido está. Yo creo que las fuerzas populares ya deberían estar en otra presencia, porque nos están cagando en la cara. La gente no se da cuenta de que el diablo se caga en su nariz. Ahora el Papa coincide conmigo, estamos en la misma", señalaba en ese streaming.
También cuestionó la influencia de los organismos financieros internacionales sobre las decisiones nacionales. "La democracia no sé si tenemos tantos años, porque si el que gobierna es el Fondo Monetario… Acordémonos que una de las condiciones básicas de un Estado es que pueda manejar su economía, si la manejan en otro lado no estamos tan liberados. La democracia no nos ha dado un sistema que podamos vivir de la manera que promete", reflexionó.
Más allá de su imagen asociada al rock, el Indio mantuvo siempre una mirada amplia sobre la cultura. En aquella conversación destacó especialmente el protagonismo creciente de las mujeres dentro de la música argentina. "Yo soy un hippie rocker que se la creyó y que sigue pensando lo mismo. Yo creo que a las que hay que mirar es a las muchachas. Las muchachas están haciendo cosas muy buenas. No son abundancia porque el medio sigue siendo bastante machista. Hay diferencia con lo que era entonces, pero sigue siendo…", expresó.
Más de una vez notó que los reiterados cuestionamientos que recibía provenían de la derecha, que no soportaba ver a alguien de izquierda y millonario.
Cuando el Indio Solari repasaba su obra, no elegía necesariamente los discos más populares, como "Gulp!" (1985), "Oktubre" (1986) o "Luzbelito" (1996). Solía destacar "Momo Sampler" (2020) como el trabajo más importante de Los Redondos. Destacaba especialmente su carácter experimental.
También mantenía una mirada crítica sobre la música actual. "Yo no escucho cumbia, no me gusta, no es una cosa que me interese. Pero un artista que mueva gente con ese género está perfecto, se lo ganó, y aparte, quizá la cumbia representa ese mundo que yo no sé representar", decía.
Aunque era más implacable con el rock nacional, del que decía que solo era "boleros rápidos". "Me gustan unas letras de Charly García o Fito Páez. Cuando escucho, me parecen que están bien con respecto a la media que hay acá. Después hay otras cosas que son espantosas", sostenía en Gelatina.