Ver a tu esposa en la cama con un extraño, mientras la práctica voyeurista se desarrolla, y vos participás mirando... Observar a tu esposo entrelazado en las piernas de otra mujer, mientras te dejás llevar por el placer de la escena... ¿Fantasía? ¿Sexo abierto? ¿Perversión? La información fidedigna de los profesionales, sobre estos aspectos, es fundamental. Por un lado el doctor José Luis Rodríguez, sexólogo, especialista en disfunciones sexuales, y médico psicoterapeuta especialista en sexología clínica. Por el otro, la mirada de Paula Corso, especialista en psicoanálisis vincular. Y un paso más, que nos anuncia que el fenómeno ya existe en nuestra provincia: testimonios en primera persona.
“El término swinger en sí, significa ‘el que oscila’, que cambia. Para entender lo que implica, la definición que más se aproxima es la que dice que swinger es una pareja que practica el sexo con otras pero sin separarse y en el mismo espacio físico, es decir: trasladando el placer de uno a otro, mirando al ser amado, gozar” detalla Rodríguez.
-En términos de marco histórico... ¿Es una práctica sexual que siempre existió?
-Si investigamos un poco, podríamos decir que es una práctica relativamente reciente en cuanto a los conceptos, ya de identidad, agrupación y hasta defensa que, quienes la realizan, manifiestan. En cuanto a lo histórico, la referencia más antigua que se encuentra (proporcionada por los mismos integrantes), se encuadra en el marco de la Segunda Guerra Mundial. Dice esta historia que la práctica comienza en los campamentos de los pilotos de la fuerza aérea, a quienes se les permitía vivir con sus familias. En particular me resulta un poco extraño; primero pensando en la juventud de los pilotos, en lo casi estrafalario de trasladar una familia al frente de batalla para que no se depriman, y que la única fuente sea la de los propios swingers. No me ha resultado posible encontrar otra fuente que refiera la misma historia. La versión, entonces, de un grupo cerrado de personas, conviviendo y sin contacto con otros, podría resultar un caldo de cultivo para la práctica. Pero no me parece suficiente ni determinante para una conducta que abarca muchos aspectos como para explicarlos a partir de uno solo.
-¿Qué significa ser swinger para una pareja?, ¿qué se busca?
-A grandes rasgos significa tener relaciones sexuales por fuera de una pareja estable, con el conocimiento, consentimiento, y hasta participación de la pareja. En lo íntimo, refiere una situación de libertad sexual que va más allá de la ‘fidelidad’, entendiéndola como un compromiso social; y entonces el permitirse la práctica no la vulnera, ya que el compromiso personal es considerado por encima. Se argumenta que, en algunos casos, se busca experimentar nuevas sensaciones (al ver a la pareja en relación con otra persona) o que se persigue fortalecer el vínculo en esa pareja. Estos podrían ser dos extremos: el personal y el relacional, entre los que se pueden ubicar múltiples razones.
-¿Qué pro y contra puede vivir una pareja?
-Como en toda práctica sexual, y en toda variación, se tendrán detractores y seguidores. Es difícil hablar de “pro y contra”, ya que dependerá del acuerdo que tenga esa pareja, los límites que establezca, y la tolerancia de cada uno. Creo que lo más difícil es que dos personas compartan exactamente sus preferencias; quiero decir, que lo más probable es que las variaciones individuales de preferencias, gustos o interpretación sean las que puedan constituir problemas para ellos.
-¿Existen prejuicios respecto a esta elección sexual?
-No estoy seguro de que sea una elección sexual. Me parece que se aproxima más a una práctica, y ahí la elección es variable. Frecuentemente en una pareja swinger se observa que uno de ellos tiene más “entusiasmo”, y el otro acompaña. Entonces, ¿quién elige? Los prejuicios sociales son importantes ya que la existencia de la práctica y de sus seguidores, hace que muchas personas se sientan cuestionadas en sus valores y principios. Lo nuevo genera miedo, y ese miedo provoca rechazo. Lo que me parece importante es destacar dos cosas: la primera es que no son tantas las personas swingers, y la segunda es que en ningún caso obligan a participar a quien no quiere hacerlo.
-En Mendoza, ¿las parejas le consultan a la hora de experimentar esta práctica? ¿Qué miedos o interrogantes tienen al respecto?
-No es muy frecuente. La consulta tiene más que ver con la fantasía de incluir a otra persona en la relación sexual de la pareja, pero solamente con la fantasía. Fantasías que puede tener cualquier persona, pero que no significa que necesariamente vaya a llevar a la acción. Los miedos en estos casos pasan justamente por tener esas fantasías, y pensar que inevitablemente los va a llevar a realizar actos con los que íntimamente no está de acuerdo. Ya el hecho de experimentar ese miedo es un indicador a tener en cuenta, en cuanto a la posibilidad de pasar de la fantasía a la acción.
-¿Cuándo puede tornarse "no positivo" para la persona y la pareja?
-Muchas veces uno de los miembros de la pareja está más interesado en el intercambio sexual que el otro. Lo peligroso es cuando el que “acompaña” pierde esas ganas de hacerlo, no quiere llevarlo a la práctica; más porque le genera desgaste, porque le hace sentir mal, o porque se enamoró de otra persona. Esto último suele ser un determinante en el desgaste de la relación: el enamorarse de otro no estaba en el “contrato”, se vulneró un acuerdo, y puede llevar a la ruptura.
-¿Qué 'se puede' y qué 'no', en cuanto a los códigos swingers?
- En general la pareja refiere que está admitido todo lo que sexualmente se les ocurra, por lo general juntos; aunque puede ser por separado, pero contándose luego hasta los mínimos detalles. Lo expresamente prohibido es que el contacto con las terceras personas vaya más allá de lo sexual. Inclusive el saludarse circunstancialmente en la calle puede llegar a ser motivo de rechazo absoluto. El acuerdo es que los límites son los de la relación sexual, por lo tanto no hay contacto social, y mucho menos emocional.
Muchas veces refieren como códigos el ingreso por recomendación, presentación o contacto en particular; el tener un determinado nivel de educación o de recursos económicos. No tener contacto fuera del ámbito donde se desarrollan los encuentros sexuales. Utilizar precauciones anticonceptivas, y de prevención de infecciones sexualmente transmisibles. Utilización por lo tanto de preservativo o asegurarse la “sanidad” de los integrantes. Y, finalmente, lo más importante de todo: el secreto y confidencialidad. El transgredir cualquiera de estos códigos o acuerdos puede significar la expulsión del grupo.
-¿Un consejo para quienes deseen experimentarlo?
-Dos consejos: el primero es la absoluta seguridad de qué están haciendo. Una cosa es una fantasía, y otra muy distinta es llevarla a la acción; ya que se transgrede un límite y siempre que se hace esto, no hay marcha atrás: las cosas nunca vuelven a ser como antes. La pareja (ambos) tiene que estar muy segura de si es capaz de afrontar esto y de vivir con ello. El segundo consejo es el cuidado de la salud de los dos: la prevención como herramienta fundamental.
-¿El intercambio de parejas constituye una patología o implica un sexo libre?
-No he encontrado quien lo defina como patología, y tomando en cuenta los parámetros para considerar una conducta como patología mental (que sería el único espacio para clasificarla), no reúne los requisitos. En cuanto a la definición de sexo libre, también es cuestionable; ya que la libertad también está presente en la elección de una pareja única. Atar la definición de libertad a hacer lo que quieras es un poco estrecho. Se puede ser libre en la prisión, y se puede ser esclavo sin llevar cadenas.