10 de abril de 2013 - 23:55

Un sutil y torpe congelamiento

La resolución publicada ayer en el Boletín Oficial, con la firma de Guillermo Moreno, aplica un modelo de congelamiento distinto al que se aplicó en el caso de los precios de los supermercados.

En el caso de los combustibles, la resolución establece que se tomará como precio tope o máximo “el que resulte igual al más elevado del 9 de abril del corriente año”. Esto quiere decir que habrá que ver los precios más altos y el resto de las empresas podrán equipararlo, de golpe o en cuotas.

Mal que nos pese, este congelamiento tiene una pauta conocida y es sólo para el que tiene el precio más alto, nivel al que los demás podrán llegar. Además, se divide al país en seis regiones y se determina el precio más alto por cada región.

Por esta razón, el titular de YPF, Miguel Galuccio, afirmaba que la empresa sostendría los aumentos.

Es que la petrolera estatal tiene su precio casi un 25% por debajo de sus competidores, por lo que tiene colchón para seguir aumentando hasta el 11 de octubre cuando, en teoría, vence el congelamiento.

El problema que surge es, como siempre, lo que puede pasar el 11 de octubre, porque habrá acumulación de costos que las empresas intentarán cubrir. Esto puede generar un salto inflacionario, que nadie podrá decir que es inesperado.

También es un tiro sobre la línea de flotación a las pocas empresas interesadas en explotar petróleo, porque le mantendrán congelado el precio del crudo sin importar lo que pase en el mercado internacional ni en la evolución de sus costos.

La consecuencia puede ser que se acelere la caída en la producción y haya desabastecimiento interno, lo que aumentará la demanda de combustibles importados y, con ello, la consecuente pérdida de divisas del Banco Central para pagar las compras al exterior.

Realmente, no se puede creer que a esta altura de la historia se recurra a mecanismos fracasados de las décadas de los ‘60 a los ‘80 creyendo que así se combate la inflación, mientras el Estado aumenta sus gastos un 38% cuando los recursos crecen sólo el 24%.

La inflación la genera el Estado, que ha llenado la economía de distorsiones y no es asfixiando a la actividad privada ni mintiendo con las estadísticas como van a detenerla.

Con esta impericia y torpeza, lo único que se está consiguiendo es paralizar cada vez más la economía y acelerar la inflación, lo que configura un escenario típico de “estanflación”.

Con estas cosas que vemos a diario, viene bien recordar una vieja frase del general Perón cuando, con ironía, razonaba que “no hay nada más peligroso que un tonto con iniciativa”.

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