Mi amistad con Diego se dio cuando él llegó a Honduras a jugar con Motagua, equipo que hoy dirige como técnico. Después, en el año 2007, yo era el director deportivo del Victoria y lo llevé a jugar en ese club, donde logramos hacer un buen trabajo.
Mi amistad con Diego se dio cuando él llegó a Honduras a jugar con Motagua, equipo que hoy dirige como técnico. Después, en el año 2007, yo era el director deportivo del Victoria y lo llevé a jugar en ese club, donde logramos hacer un buen trabajo.
Ahora en Motagua, los directivos confían en Diego y este servidor como director deportivo, donde nos encontramos con un equipo diezmado y en el penúltimo lugar de la tabla, así que el reto era grande.
Por suerte, con trabajo se cambió la cara del club, y no sólo en lo deportivo. Diego es mi gran amigo, un buen hombre, buen hijo, esposo y mejor padre. Una persona inteligente y atrevida a la que le gustan los desafíos.
Además, posee un carisma inigualable que lo llevó a ser uno de los grandes ídolos del Motagua y del fútbol ecuatoriano. En su época de jugador, regaló grandes tardes de fútbol a los aficionados de cada uno de los equipos que integró, mientras tanto, a las persona cercanas, también nos sigue regalando grandes momentos en la vida para sonreír.