Tardó, pero al fin llegó el verano. Lánguidamente, como deben transcurrir los veranos que se precien de serlo. Costó un poco, tras la resaca que dejaron los angustiantes saqueos prenavideños, aunque después no ha habido demasiado de qué alarmarse.
En lo que va de enero no abundan las grandes noticias, aunque, sobre todo, no abundan las buenas noticias. Curiosamente, eso no altera la languidez estival, como si el sopor se hubiera apoderado de la sociedad.
Cómo afectará
Las mediciones del ánimo de la opinión pública aparecen estancadas en los dos últimos meses, según las encuestas más confiables. El humor social muestra parámetros estabilizados, más cerca de la expectación que de la expectativa, más próximos a la incertidumbre que a la ilusión. Con la certeza de que algo ocurrirá, el temor de cuándo y cómo será, y la inquietud de "cuánto me afectará".
Sólo algunos fuegos de artificio propios de las noches estivales, como los explosivos tuiteos presidenciales o las bombas de estruendo disparadas por funcionarios oficialistas y políticos opositores, encendieron fugazmente los tableros informativos. Nada de fondo.
Algo se desliza
En el fondo lo que sí asomaron y se consolidaron fueron algunos datos concretos que logran agudizar esa imprecisa sensación cenagosa de que algo se va deslizando, lenta, pero imperiosamente:
* La primera quincena de enero destrozó las ilusiones de comerciantes, hoteleros y concesionarios de balnearios y propietarios de viviendas de la costa atlántica argentina, acunadas desde hace meses con el arrullo del cepo cambiario, que prometía un verano condenado al éxito y destinado a romper récords.
* El boom de consumo de las fiestas de fin de año en los centros comerciales implosionó con el comienzo de 2013 y empezó un sostenido y más que perceptible desplazamiento descendente.
* La evolución de los precios en el supermercado consolida la presunción de que la inflación estará este año cada vez más lejos del 10 por ciento del imaginativo Indec y más cerca del 30% que pronostican los economistas independientes, a los que ya ni los defensores de Moreno intentan desmentir.
* Las primeras discusiones salariales demuestran que el piso oficial de aumentos del 20% tenía poca consistencia y ya cedió definitivamente. Se refuerzan, en cambio, los pronósticos de que las paritarias arrojarán subas de sueldos más cercanas al 25% que reclaman tanto gremialistas opositores como fervientes cristinistas.
* El dólar paralelo ya más que blue es definitivamente negro, como una nube que ensombrece el cielo oficialista. El dólar oficial es una quimera a la que casi ningún aspirante a viajero internacional logra ver, aunque el Gobierno dice que existe.
Nada que no fuera previsible o nada a lo que los argentinos no estemos acostumbrados, como para interrumpir la siesta veraniega o alterar el sismógrafo social.
Pero nada que resulte imperceptible. Como para que la recepción de la Fragata haya sido sólo un brindis de una noche de verano más que una celebración inolvidable, capaz de cambiar el rumbo del año. No es poco cuando a muchos les empieza a preocupar el costo de la fiesta.
