Soledad Villamil: bella como encendida

La actriz y cantante presentó el viernes en Mendoza su tercer disco, "Canción de viaje". Demostró su carisma, en un espectáculo cargado de sentimiento y sensualidad.

Desde que subió hasta que bajó del escenario dejó cuerpo y alma en cada una de las composiciones que eligió para presentar su tercer disco en Mendoza, “Canción de viaje”.

Si bien este material la aleja (“por un tiempo”, dijo ella) del tango, género que transitó en sus dos placas anteriores -“Canta” y “Morir de amor”- y la mete de lleno en ritmos latinoamericanos, el viernes regaló temas de toda su carrera como cantante. En ninguna composición escatimó entregar sus dotes actorales para realzar su voz.

Abrió la noche con dos temas de “Canción de viaje”: “Ya traté de olvidarte”, compuesto por ella misma, y uno que tomó prestado de los cubanos Pablo Milanés y Nicolás Guillén, “De que callada manera”.

Después intercaló temas sus tres discos. Alzó la voz con “Así nomás”, también propio, y con “Biromes y servilletas”, del uruguayo Leo Maslíah, entre muchos más que dieron forma a un show impecable de poco más de una hora y media.

Uno de los picos más altos del espectáculo fue cuando se puso en la piel de la chilena Violeta Parra con “Maldigo del alto cielo”. ¡Por favor! Cómo sufrió por amor aquella mujer, tanto que el desengaño de un amante la llevó a la muerte. Y el viernes se reencarnó en Soledad, o por lo menos eso pareció. Hizo propia la letra y el sentimiento de una manera magistral. El público la ovacionó.

Otro momento significativo fue cuando interpretó “Volvé”, escrita por Luis Bayón Herrera. En este tango, una mujer le suplica a su pareja que regrese a su lado a pesar de las infidelidades. Le pide que le siga mintiendo, le reconoce que nadie debería ser más odiado que él por sus actitudes, pero que vuelva. Le promete que, con tal de tenerlo a su lado, no lo molestará y tendrá la libertad para estar con cuanta mujer él desee.

Villamil, antes de cantarlo, dejó bien en claro que no comulga con su letra. “Tiene un machismo asqueroso, repugnante”, dijo, y bromeó “pero soy actriz y puedo fingir”. Y lo hizo de la mejor manera. Mientras de su garganta salía un tango limpio, en su cara se reflejaba la actitud de una mujer con dificultad para entender.

Su sensualidad fluía naturalmente en cada uno de sus movimientos. Soledad mostró su costado más humilde y carismático. A cada canción le precedía la explicación y un pequeño juego con el público. Saludó a los músicos que la escoltaban y por momentos se convirtió en sombra para que ellos brillaran. Un detalle: siempre habló en plural.

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