25 de abril de 2026 - 14:13

Murió Lita Tancredi: El recuerdo de referentes del teatro y su legado para la cultura de Mendoza

Referente ineludible del teatro mendocino, fue actriz, directora y docente, formó a generaciones y dejó una huella decisiva en la escena local.

Murió Lita Tancredi, una de las figuras más influyentes del teatro mendocino. Tenía 92 años y dejó una trayectoria de más de seis décadas marcada por el trabajo constante en la escena local, tanto desde la actuación y la dirección como desde la docencia y la gestión cultural.

Su nombre quedó asociado a la construcción de un teatro independiente en Mendoza cuando todavía no existían estructuras de apoyo ni políticas sostenidas para el sector.

Nacida el 16 de abril de 1934 en la Ciudad de Mendoza, su vínculo con el arte comenzó de manera temprana y determinante: a los 5 años debutó en el Teatro Independencia en una obra de Alfredo Bufano. Ese primer contacto no fue un episodio aislado, sino el inicio de una vida atravesada por el teatro. A lo largo de su carrera, sostuvo una relación ininterrumpida con la escena, construyendo un recorrido que combinó formación, producción y enseñanza.

Se formó en la Escuela de Música de la UNCuyo y en la Academia Santa Cecilia, donde obtuvo el título de profesora de Arte Escénico. Desde muy joven comenzó a dar clases y a dirigir, en un contexto donde el teatro se hacía sin recursos, pero con una fuerte convicción colectiva. Esa marca generacional es clave para entender su figura.

El periodista y crítico teatral Fausto J. Alfonso la sintetizó con precisión: “De Lita Tancredi primero hay que destacar su convicción, su empecinamiento para llevar a cabo proyectos a como dé lugar, con una garra bastante inusual”. Y agregó: “Ella arranca en los años 50, cuando no había ningún tipo de apoyo para el teatro, pero al mismo tiempo había una efervescencia. En los 50 y 60 en el teatro local las cosas ‘se hacían o se hacían’. Ella es parte de esa generación de impulsar proyectos”.

En ese escenario, Tancredi no solo participó sino que generó espacios. En 1957 fundó su propia sala teatral en la Ciudad de Mendoza, un ámbito que durante décadas funcionó como usina de producción y formación. Por allí pasaron obras, ensayos, talleres y elencos independientes, en una dinámica que consolidó una red cultural cuando todavía no existían circuitos institucionalizados. Ese espacio se mantuvo activo hasta la pandemia de 2020, cuando debió cerrar, marcando el final de una etapa clave en su recorrido.

Lita Tancredi a sus 90 años, en su casa.
Lita Tancredi a sus 90 años, en su casa.
Lita Tancredi a sus 90 años, en su casa.

Uno de los aportes más específicos de Tancredi fue el desarrollo del teatro para niños y para la familia, un campo que en sus inicios tenía escasa visibilidad. También fue pionera en la comedia musical en Mendoza e impulsora del tap, disciplina con la que incluso formó una compañía que llegó a presentarse fuera del país. Su producción incluyó más de un centenar de obras, muchas de ellas pensadas desde una lógica pedagógica.

Sobre ese punto, Alfonso remarcó: “En el caso de ella, con algo más específico, que era teatro para niños o para la familia, que en aquella época era muy difícil también”. Esa elección no fue menor: implicó abrir un campo de trabajo y de público en un momento en que la escena local tenía otros focos.

Pero si hay un rasgo que atraviesa toda su trayectoria es la formación. Durante más de 50 o 60 años, Tancredi trabajó como docente, acompañando a actores y actrices en sus primeros pasos y en su desarrollo profesional. “Es destacable la gran cantidad de discípulos que formó a lo largo de 50 o 60 años, muchos de los cuales son muy famosos, han tenido carreras importantes”, señaló Alfonso, poniendo el foco en un legado que excede su obra personal.

Esa tarea formativa estuvo acompañada por una mirada del teatro como herramienta de inclusión. Impulsó proyectos con adultos mayores y con personas con discapacidad, como el Festival Creando en Libertad, donde el eje estaba puesto en la participación y en el acceso al hecho artístico. En ese sentido, su trabajo no se limitó a la escena, sino que también tuvo un impacto social sostenido.

Lejos de quedar anclada en una única estética, en sus últimos años mostró una apertura que también fue señalada por el crítico: “En los 90 y principios de los 2000, se arriesgó a propuestas que le traían sus propios alumnos y abordó estéticas o autores que habitualmente no se los relacionaba con ella. Todo lo abordó de una manera muy profesional, muy seria, y despegándose de sus recetas teatrales habituales”. Esa capacidad de adaptación habla de una artista que no se limitó a repetir fórmulas, incluso después de décadas de trabajo.

A lo largo de su vida recibió múltiples reconocimientos, entre ellos el premio Galina Tolmacheva de la UNCuyo. En 2024 fue declarada Ciudadana Ilustre de la Ciudad de Mendoza, una distinción que funcionó como síntesis de su aporte al desarrollo cultural de la provincia. En ese marco, ella misma puso en palabras su recorrido: “Hice lo mejor que pude para brindarle arte a Mendoza”, afirmó, alejándose de cualquier construcción grandilocuente.

En otra de sus definiciones, dejó una idea que también funciona como síntesis de su forma de trabajo: “La mejor receta es trabajar con amor y entusiasmo”. Y al cumplir 90 años, resumió su vida en una frase directa: “Dediqué mi vida al arte y hoy recibo la recompensa”.

Su muerte marca el final de una trayectoria central para entender el teatro mendocino. No solo por la cantidad de obras producidas o por su presencia sostenida en la escena, sino por el entramado que ayudó a construir: espacios, formación, públicos y una manera de hacer que sostuvo al teatro incluso cuando no había nada más que voluntad. Porque antes de que existieran políticas, subsidios o circuitos, hubo personas como Lita Tancredi que hicieron que el teatro sucediera igual.

Lita Tancredi en el recuerdo de los hermanos Fabián y Ariel Sevilla

Nosotros llegamos a lo de Lita porque en 1986 habíamos escrito una versión musical de El mago de Oz y nos dijeron que quien se encargaba de hacer ese tipo de teatro con música era Lita Tancredi.

Lita en ese momento tenía su escuela de artes y venía haciendo con sus estudiantes un espectáculo anual que se llamaba Cuento ballet y quería, de algún modo, hacer algo nuevo, algo diferente. Y justo nosotros caemos con la propuesta de una comedia musical: escribíamos el libro, la letra y la música, y tuvimos la suerte de estar en el momento justo en el que ella buscaba ese cambio. Entonces leyó la obra, le gustó, escuchó las canciones y en el año 87, con los estudiantes más grandes que ya tenía, chicos de 14 a 18 años, estrenamos el 7 de junio de 1987 en el Teatro Quintanilla El mago de Oz. A partir de lo cual se formó el elenco juvenil Lita Tancredi y después se sumó el ballet, el Genesis Ballet Tancredi, y así armamos un elenco de casi 25 personas, que se mantuvo hasta el año 95, cuando nosotros decidimos seguir nuestra carrera por nuestra parte.

Hicimos todos los años comedias musicales con producciones muy grandes, que hoy no sé si se podrían hacer, dirigidas por Lita, con coreografías de distintas profesoras del instituto. De ahí salieron actores que hoy son grandes nombres de Mendoza, incluso directores: Adrián Sorrentino, que se sumó en el año 89; Aníbal Villa, que se sumó en el año 91; los dos cantantes, excelentes actores. Después muchos actores que se fueron a Buenos Aires y estuvieron en obras allá, y muchos cantantes también. Incluso una de ellas, Eliana Bayona, triunfó y hasta el día de hoy lo sigue haciendo en Alemania como cantante lírica. O sea que Lita fue, de algún modo, el motor para que en la Mendoza de fines de los 80 se hiciera un género que no estaba instaurado. Es más, fue muy criticada por hacer comedia musical en un momento donde supuestamente se tenía que hacer teatro con mensaje, teatro comprometido, teatro por la memoria. Nosotros hacíamos teatro para toda la familia, entretenimiento, algo así como “rock entretenido”.

Y lo que más rescato es su forma de trabajo. Yo soy escritor y Ariel también, y estudiamos comedia musical porque nos dedicábamos al teatro con Lita. Salíamos de la Facultad de Ciencias Políticas y nos íbamos a ensayar. Eso es lo que quiero destacar de su característica: era de la escuela del ensayo y de la disciplina, pero también de la creación propia.

Ella siempre nos decía que el guion estaba perfecto, pero que los actores tenían que poner lo suyo.

Entonces, en los ensayos se nos permitía improvisar, porque Ariel y yo también nos metimos a actuar, y eso nos permitió con el tiempo ser directores. Cada actor podía crear el personaje como lo sentía y después Lita te iba guiando hacia lo que ella consideraba que tenía que ser.

Yo destaco eso y lo aplicamos a la vida hasta el día de hoy.

El ensayo, la responsabilidad y el compromiso: pese a que éramos actores o escritores muy jóvenes, nos tomábamos muy en serio cada producción, cada función, y le dábamos la vida a todo.

Lo que sí quiero destacar es que Lita tuvo que ganarse la aceptación y un espacio en la comunidad teatral. Y esto es un reclamo que le hago a quienes hoy seguramente están dolidos por la muerte de quien fue una prócer del teatro para niños y adolescentes en Mendoza: se la criticó mucho.

Se le decía que era una vieja anticuada, que teniendo una escuela no formaba actores sino alumnos.

Pero con el tiempo, ella, que era muy sagaz, imparable y de no darse por vencida, se fue ganando el respeto y la consideración de aquellos que en algún momento la defenestraban. Y eso es lo que a mí, aunque ya no trabajábamos con ella, me generaba algo: verla ser parte de la comunidad teatral de Mendoza, una más.

Yo decía: finalmente le dieron el lugar que le corresponde.

Creo que Lita va a ser recordada por muchos y se merece todo el reconocimiento, más allá de sus particularidades. Porque había que ser parte del elenco Lita Tancredi y había que estar con ella cuando se ponía en directora.

No era tan “abuelita buena”. Era una directora muy exigente. Y, te soy sincero, esa exigencia a muchos nos formó. Hasta el día de hoy somos como somos en nuestro trabajo gracias a lo que aprendimos en su escuela.

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