22 de noviembre de 2015 - 00:00

Socios ecologistas: los tiburones hermanan a Cuba con Estados Unidos

Cuba está rodeada de tiburones. Los pescadores los pescan, los residentes se los comen y, cada vez más, los turistas vienen a verlos. Ahora, la nación isleña se está preparando para manejarlos, y sus esfuerzos están impulsando una naciente sociedad ambiental con los Estados Unidos.

“Es un gran adelanto para Cuba y la región”, dice Jorge Angulo Valdés, director del Grupo de Conservación Marina del Centro de Investigación Marina de la Universidad de La Habana y profesor invitado en la Universidad de Florida, en Gainesville. “Es hora de que nos juntemos, identifiquemos objetivos comunes en manejo de recursos y los pongamos a funcionar”, destaca.

Cuba ha lanzado un plan de gestión que tiende las bases para investigación y, con el tiempo, regulaciones para proteger extensas poblaciones de tiburones y rayas en gran parte no documentadas. Aproximadamente la mitad de las 100 especies de tiburones que residen en el mar Caribe y el golfo de México ha sido vista en aguas cubanas, incluyendo algunos que han menguado considerablemente en otras partes, como el tiburón oceánico de puntas blancas (Carcharhinus longimanus) y el tiburón marrajo de aleta larga (Isurus paucus). El gobierno cubano ha consultado a ambientalistas y académicos de Estados Unidos y de otros países para desarrollar el plan.

“Cuba es cierto tipo de epicentro de biodiversidad para los tiburones”, dice Robert Hueter, director del Centro para Investigación de Tiburones del Laboratorio Marino y Acuario Mote, en Sarasota, Florida, que además es uno de los que están trabajando con los científicos cubanos. “El conocimiento aún no está al nivel para hacer estimaciones poblacionales rigurosas, pero con este plan nos estamos moviendo en esa dirección”, afirma.

Gran parte de lo que se sabe sobre las poblaciones de tiburones de Cuba ha venido de la industria pesquera, que a menudo captura tiburones como efecto colateral de sus operaciones regulares. El gobierno cubano ya ha establecido áreas marinas protegidas a lo largo de 20 por ciento de su línea costera y planea expandir la red dentro de los 70.000 kilómetros cuadrados de su pesca costera. También ha empezado a regular el equipo utilizado, y está buscando establecer límites de pesca para varias especies, incluyendo tiburones.

Científicos estadounidenses y canadienses dicen que la colaboración está contribuyendo a pavimentar el camino para una cooperación más formal, ahora que los dos enemigos de la Guerra Fría han restablecido relaciones políticas. En abril, la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA, por su sigla en inglés) envió un buque de investigación en un viaje alrededor de la isla con científicos cubanos.

Y durante una conferencia sobre los océanos celebrada en Chile, el secretario de Estado John Kerry y autoridades cubanas anunciaron el 5 de octubre que ambas naciones estaban finalizando planes para cooperar en investigación, educación y manejo de áreas marinas protegidas. El acuerdo podría finalizarse el próximo  mes, dice Billy Causey, director regional de la Oficina de Santuarios Marinos Nacionales de la NOAA, en Cayo West, Florida.

Ímpetu político

Ambientalistas estadounidenses empezaron a impulsar la idea de cooperación con Cuba en conservación marina luego de la elección, en 2008, del presidente Barack Obama, quien prometió durante la campaña involucrarse con Cuba. Las primeras señales de verdadero progreso se dieron en setiembre de 2009, dice Daniel Whittle, director del programa cubano del Fondo para la Defensa Ambiental (EDF, por su sigla en inglés), un grupo de defensa del ambiente basado en Nueva York.

Después, Estados Unidos permitió que cuatro científicos cubanos (tres de ellos investigadores marinos y costeros) asistieran a una serie de reuniones celebradas en el país. Y en noviembre del año pasado, Angulo Valdés fue parte de un cuadro de científicos cubanos que visitó el Departamento de Estado y a varios miembros del Congreso. Un mes después, Obama ordenó la restauración de los vínculos diplomáticos con Cuba.

“Lentamente está empezando a cambiar”, dice Whittle, haciendo referencia a los vínculos entre ambas naciones. “Por eso es que el anuncio en Chile fue tan significativo. Finalmente, los dos gobiernos admitieron públicamente que de hecho están trabajando directamente en cuestiones ambientales”, explica.

El EDF y otros grupos de conservación han estado intentando formar cooperación entre Cuba, México y Estados Unidos dentro del golfo de México. El viaje de abril del NOAA, que se enfocó en contar larva de atún azul (Thunnus thynnus) en aguas cubanas y mexicanas, marcó la primera participación formal del gobierno en ese frente desde el anuncio de Obama en diciembre, dice Causey.

La principal pregunta que enfrenta el plan de manejo de tiburones es si el gobierno cubano podrá movilizar suficiente dinero para implementarlo. El EDF y otros grupos han estado recaudando fondos para pagar parte del trabajo inicial del plan, incluyendo la capacitación de grupos de pescadores para identificar e informar de los tiburones que atrapen. Sin embargo, los científicos necesitan conducir sondeos poblacionales independientes de los realizados por las pesqueras comerciales, al tiempo que las instituciones de investigación cubanas ya están muy presionadas.

El país solo tiene dos embarcaciones de investigación operacionales, y escasos recursos para equiparlas y operarlas. El tipo de etiquetas que se necesita para rastrear el movimiento de los tiburones a través de satélites puede costar 2.500 dólares la pieza. Hasta el momento, Cuba solo ha etiquetado cuatro tiburones con este tipo de equipos.

“Tenemos que ver cómo pone en marcha este plan el gobierno y cómo solucionan el problema de financiamiento”, precisa Angulo Valdés.

“Va a ser un reto”, agrega.

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