El 25 de marzo de 2018, un cuerpo sin vida fue hallado en el fondo del lago Potrerillos, dentro de una bolsa de dormir que, a su vez, estaba envuelta con una de esas lonas utilizadas para cubrir cargas de camiones. Sogas y cadenas rodeaban ese bulto y, en uno de los extremos, la soga estaba sujeta a un balde con cemento seco. Ese peso había hecho que el cadáver quedara hundido a 17 metros de profundidad.
El cuerpo era el de “Conchy” Arregui, corredora de seguros de 59 años. Días antes del hallazgo, el propio Audano había reconocido que la había asesinado en un camping, también en Potrerillos. Relató con detalle cómo le disparó, cómo cargó el cuerpo en su camioneta y cómo, tras subirlo a una embarcación casera -fabricada por él mismo con bidones de plástico de 20 litros y cámaras de rueda-, lo arrojó a unos 60 metros de la orilla norte del lago.
A ocho años del brutal y conmovedor femicidio, uno de los más estremecedores en la historia judicial de Mendoza, Audano continúa detenido. A través de sus abogados ha intentado acceder al beneficio de la prisión domiciliaria en reiteradas ocasiones (amparándose en su edad -tiene 78 años-), aunque todos sus pedidos fueron rechazados.
“Me sorprendió la planificación y la puesta en escena. Cuando lo tenías enfrente, Audano parecía un abuelo bondadoso”, recuerda el fiscal Gustavo Pirrello, quien en 2018 integraba la fiscalía de Homicidios y estuvo al frente de la causa.
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Viajó a Argentina por amor y fue brutalmente asesinada por dinero: a 8 años del femicidio de "Conchy" Arregui
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De hecho, fue el propio Audano quien, en febrero de ese año, se presentó ante Pirrello para denunciar la desaparición de su esposa.
“También me llamó la atención la capacidad física para hacer todo: cargar el cuerpo, trasladarlo y arrojarlo al lago”, agrega el fiscal, destacando la frialdad con la que actuó el femicida.
Del amor al odio
Ya instalada en Mendoza, Conchy se radicó en una casa ubicada en el distrito de Las Compuertas (Luján de Cuyo). Con el dinero que había ahorrado tras vender sus pertenencias en Chile, compró un terreno en esa zona del piedemonte y construyó su vivienda.
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En octubre de 2016, la pareja se casó en una ceremonia sencilla y comenzó a convivir. Pero poco más de un año después, en diciembre de 2017, las discusiones constantes desgastaron la relación. Arregui y Audano decidieron separarse.
Según relató Conchy a sus familiares durante un viaje a Chile, fue Audano quien pidió el divorcio. Ella aceptó e incluso planeaba regresar a su país. Sin embargo, antes quería vender la casa que había construido con su dinero.
Tal como había hecho años antes con sus pertenencias en Chile, Arregui buscaba vender esa propiedad para reunir fondos y comenzar de nuevo. Pero todo indicaba que Audano no estaba dispuesto a perder esa vivienda.
El femicida que se presentó como denunciante
El 9 de febrero de 2018, Roberto Audano se presentó ante el Ministerio Público Fiscal. Se mostró preocupado por la desaparición de su pareja y aseguró que, tras una discusión, ella había viajado a Chile.
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Audano
“Audano decía que había perdido contacto con ella y que también los familiares no lograban comunicarse”, recordó Pirrello sobre ese primer encuentro.
Con esa versión, la fiscalía activó los primeros mecanismos: pidió informes a Migraciones y a la CNRT para verificar si había salido del país. La respuesta fue negativa. No existían registros de salida ni de viaje.
Las dudas comenzaron a crecer. Pirrello solicitó entonces las cámaras de seguridad de la terminal y sus alrededores. Pero tampoco allí aparecía ni Audano ni Conchy. De a poco, la investigación empezaba a cambiar de rumbo.
La versión de la familia que lo cambió todo
En medio de la incertidumbre, los familiares de Conchy viajaron desde Chile a Mendoza. Ante el fiscal, confirmaron que la pareja atravesaba una crisis, pero aportaron un dato clave: Conchy no pensaba irse de inmediato.
Antes quería vender la casa de Las Compuertas. Ese detalle modificó por completo la hipótesis inicial.
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También confirmaron que el 5 de febrero de 2018 había sido el último día en que tuvieron contacto con ella. Esa fecha coincidía con la que había aportado Audano.
Los vecinos y la camioneta: claves para la investigación
Los testimonios de los vecinos terminaron de debilitar la versión de Audano. Varios recordaron que ese 5 de febrero la camioneta del hombre permaneció durante mucho tiempo con las puertas abiertas en la puerta de la casa, algo que les resultó extraño.
Ante esa situación, Pirrello ordenó un allanamiento en la vivienda. Allí se secuestraron pertenencias de Conchy, armas de fuego y el celular de Audano, quien ya había pasado de denunciante a principal sospechoso.
El GPS no miente
El análisis del teléfono fue determinante. A través del GPS, los investigadores reconstruyeron el recorrido de Audano ese día. Se confirmó que Conchy lo había acompañado al odontólogo, tal como él había declarado.
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Pero luego, el trayecto cambió. El registro marcó que ambos fueron a un camping en Potrerillos, donde permanecieron unos 40 minutos. Después se dirigieron al sector norte del dique, donde estuvieron entre las 19 y las 22:30.
Las cámaras de seguridad reforzaron esa información. Y aportaron un detalle clave: en una de las imágenes se veía a dos personas dentro de la camioneta. Más tarde, al salir del camping, solo una.
El celular intervenido y la confesión
Con pruebas cada vez más firmes, la fiscalía avanzó. Se intervinieron teléfonos del entorno de Audano y se secuestró su camioneta.
Los análisis químicos detectaron restos de sangre en la puerta del acompañante. El cotejo de ADN confirmó que pertenecían a Concepción Arregui (se compararon los datos con los de un cepillo de dientes de la mujer). Audano fue detenido.
El momento en el que Audano se quebró con su confesión y contó el macabro asesinato
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Pero aún faltaba una pieza clave. A través de escuchas telefónicas, uno de sus hijos contó a sus hermanos que su padre le había confesado el crimen durante una visita en la cárcel.
Con todo en su contra, Audano terminó confesando. Relató que asesinó a Conchy en el camping, que envolvió el cuerpo, lo trasladó hasta el dique Potrerillos y, a bordo de la balsa fabricada por él mismo, lo arrojó al agua atado a un balde con cemento para asegurar que se hundiera.
El hallazgo del cuerpo y la condena
Aunque los indicios ya apuntaban a que en el lago podía estar el cuerpo, la confesión permitió focalizar la búsqueda. Buzos de la Policía y de una escuela privada realizaron un operativo durante días.
Buzos rastrillaron el dique Potrerillos pero no hallaron el cuerpo de “Conchy” Arregui
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Tras 10 jornadas de rastrillaje, el cuerpo fue hallado a fines de marzo de 2018 en el fondo del lago.
La necropsia confirmó que Arregui había sido asesinada de dos disparos en la cabeza, uno en la sien y otro en la nuca.
El caso se cerró con un juicio abreviado. Ante la contundencia de las pruebas, Audano reconoció su responsabilidad y fue condenado a prisión perpetua por el femicidio de Concepción “Conchy” Arregui.