Los cuadros de dolor, especialmente crónicos, están apareciendo cada vez con más fuerza y es muy alta la población afectada. Se estima que 1 de cada 4 personas sufre algún tipo de dolor, lo cual afecta su calidad de vida y su salud.
El ritmo de vida y la tensión constante mantienen al cuerpo en hiperalerta. Qué es la neuroinflamación y por qué la automedicación puede agravarlo.
Los cuadros de dolor, especialmente crónicos, están apareciendo cada vez con más fuerza y es muy alta la población afectada. Se estima que 1 de cada 4 personas sufre algún tipo de dolor, lo cual afecta su calidad de vida y su salud.
Incluso Latinoamérica supera la media a nivel global en la prevalencia de estos cuadros: alcanza al 25% de la población, mientras que a nivel mundial se habla de una prevalencia de dolor crónico de entre el 20 y el 22%, según datos 2019 de la Federación Latinoamericana de Dolor.
A esto se refirió la doctora Guadalupe Rosales, presidenta de la Asociación Argentina para el Estudio del Dolor, en diálogo con Los Andes, quien señaló que, pese a los avances científicos, esta problemática, lejos de revertirse, va en aumento.
Tanto es así que destacó que el lema del año 2026, establecido por la Asociación Internacional para el Estudio del Dolor, es el dolor neuropático. Pero dijo que también hay una alta incidencia del dolor llamado nociplástico, dentro del cual se encuentra la fibromialgia, por mencionar un ejemplo. El asunto es que una gran proporción de estos cuadros está asociada al estilo de vida y son multicausales, de allí el desafío para abordarlos: no solo por las diversas aristas que hay que contemplar, sino por las dificultades de modificar conductas y hábitos.
Se considera que un dolor es crónico cuando este persiste por más de tres meses. La experta explicó que el dolor es una señal de alerta y de alarma tan disfuncional, angustiante y poderosa que es casi imposible sacarla de la mente y es en este punto que termina por afectar dramáticamente la calidad de vida y luego la salud.
Mencionó que una persona con dolor crónico, algo diario, cotidiano, que no cede, empieza a perder el hambre, a dormir peor y se empiezan a afectar sus relaciones.
“El dolor sostenido en el tiempo es una complicación de la vida que hace a la disfuncionalidad de todas las áreas”, aseguró.
“El dolor neuropático caracteriza el 2026 por la prevalencia altísima que hay de dolor quirúrgico, postraumático, lumbalgia, cervicalgia, dificultades osteoarticulares. La prevalencia ha aumentado dramáticamente, probablemente por el ritmo de vida, por los hábitos que llevamos y también por las dificultades de posturas y de actividades relacionadas con el abuso excesivo de las pantallas”, afirmó la profesional.
Explicó que en el caso del dolor neuropático hay un daño en el sistema nervioso y muchas veces en un órgano concreto: “Por ejemplo, un paciente que tuvo una fractura de tobillo, se lo operó y posterior a la operación, empieza con más dolor del que tenía previo a la fractura. Eso es porque el sistema nervioso se dañó, empezó a recibir señales que no correspondían”.
En cambio, en el caso del dolor nociplástico, se trata de un dolor crónico que surge de una alteración en la forma en que el sistema nervioso central procesa las señales de dolor, sin que exista una lesión física evidente en los tejidos ni un daño directo en los nervios.
De todas formas, aseguró que hay un incremento de dolores asociados al estilo de vida, de ambos tipos, y que esto se presenta con alta frecuencia incluso en jóvenes y adolescentes.
“El dolor neuropático se eligió como lema porque ha aumentado dramáticamente por factores de estilo de vida: sedentarismo, obesidad, aumento del tabaquismo y posturas relacionadas con el trabajo”, advirtió. Y prosiguió: “La gente está extremadamente sentada, muchas horas; el uso del celular produce una conducta corporal y postural que está generando cefaleas tensionales, dificultades de cervicalgias, incluso de rigidez a nivel lumbar y con alteración de todo el funcionamiento de la columna, asociados al estilo de vida”.
En este punto, la alta exigencia de la vida actual incide notoriamente. Hoy se vive con una alta demanda: muchas de trabajo, más actualmente con la pérdida del poder adquisitivo, se participa de más actividades, más si se tiene a cargo personas dependientes, la hiperconexión, la necesidad de rendir, estar siempre ocupados, son parte del cuadro. Y gran parte de las actividades están mediadas por pantallas.
“Si lo traducimos al campo del dolor, pensemos en un organismo y una mente en hiperalerta, estamos hipervigilantes, estamos permanentemente atentos a estímulos, a notificaciones, a comunicaciones y a imágenes que están generando no solamente déficit cognitivos y déficit de atención, sino que en el campo del dolor están manteniendo y generando mucha más dificultad en la reducción de los dolores tensionales”, explicó Rosales.
“Ese sistema de hipervigilancia nos hace activar todo el tiempo un sistema de tensión muscular -agregó-, y esa tensión muscular genera dificultades en un montón de áreas porque estamos rodeados de músculos de los pies a la cabeza”. Entonces sucede que la tensión de la musculatura intestinal o abdominal genera problemáticas gastrointestinales; la tensión a nivel musculoesquelético produce dificultades de cervicalgias, de lumbalgias, de dolores de cabeza. Las tensiones relacionadas con toda la musculatura de la cabeza generan no solamente dolores de cabeza, sino también patologías de bruxismo y todas las dificultades de la articulación temporo-mandibular. “Somos un grupo muy complejo de músculos y si estamos permanentemente en tensión por la hipervigilancia de la vida cotidiana, no terminamos de reducir los factores más severos para que cedan los dolores crónicos”, subrayó.
Es el caso de la fibromialgia, que tanto se diagnostica actualmente y que tiene una alta asociación con el estrés: “En ese caso, no hay antecedentes de daño de órganos y lo que está es inflamado el sistema nervioso”, explicó. “Lo que pasa es que hay como una sensibilidad; el sistema nervioso percibe como estímulos dolorosos estímulos que no deberían serlo. Eso se llama alodinia e hiperalgesia. Se percibe mucho, todo está exacerbado”.
Dijo que la fibromialgia es un dolor de mecanismo, es decir, que es una patología en la que no hay ninguna víscera ni ningún órgano que esté dañado, no hay una lesión, pero hay una neuroinflamación. Es decir, que hay dolor pese a no haber una lesión.
“Hay un dolor generalizado que parte del sistema nervioso central, es decir, que se regula a través de nuestra mente. Entonces, por eso en ese campo -tanto en la fibromialgia como en el síndrome de intestino irritable, en las migrañas, en las vulvodinias, en la patología que se llama de dolor de boca ardiente, en el síndrome de piernas inquietas y en el síndrome de fatiga crónica- son patologías dentro del grupo donde se incluye la fibromialgia, y hoy sabemos que comparten factores comunes muy importantes donde el abordaje de la salud mental es central”, detalló esta profesional, que es licenciada en Psicología y doctora en Dolor Crónico.
“Por ejemplo -detalló- en la fibromialgia duele todo el cuerpo; en el síndrome de intestino irritable duele todo el proceso gastrointestinal, pero no hay un tumor, no hay una gastritis, no hay una úlcera, no está dañado el tejido”.
Un aspecto en el que se detuvo particularmente la profesional es la automedicación muy frecuente frente a este tipo de problemáticas. No se trata de algo nuevo, sino de algo que se ha visto potenciado de la mano del acceso a mayor información y, en particular, de la inteligencia artificial.
Mencionó la doctora que es común ir a la dietética y buscar algún tipo de suplemento dentro del campo de los minerales o las plantas medicinales. También existe una oferta amplia en farmacias de suplementos, también de origen natural, o productos de venta libre.
“El riesgo es que suplementar sin control médico termina generando muchas veces lo que se llama efecto paradójico del dolor, y a veces hay dolor porque hay intoxicaciones y procesos de toxicidad en los organismos. Lo vemos en la clínica los distintos especialistas y ahí es donde tenemos que parar un poco la pelota, educar a la población, enseñar que la inteligencia artificial hoy no es un médico de cabecera y que los medicamentos o suplementos de venta libre tampoco son inocuos; generan riesgos y hay que hacer siempre una revisión personalizada de lo que requiere cada persona”, remarcó.
Dijo que es lo que se llama beneficios de corto plazo, riesgos de largo plazo.
La complejidad del abordaje es tema aparte: se trata de algo multicausal que debe ser abordado desde diversas especialidades. De hecho, en Argentina no hay un profesional que se forme desde el inicio en tratamiento del dolor, sino que son profesionales de diversas áreas que se han especializado en este tema.
Además, es una especialidad transversal a distintas especialidades de los profesionales de la salud.
“El dolor crónico debe ser abordado desde un paradigma biopsicosocial -dijo Rosales- por lo tanto, con disciplinas que incorporen la mirada de la medicina del dolor, de la especialidad que requiere la patología que se está abordando (muchas veces son dolores oncológicos, dolores ginecológicos, dermatológicos, donde siempre timonea el especialista), pero a su vez se debe trabajar con el campo de la salud mental y con el campo de la terapia manual o de la rehabilitación. Y esto está configurado en las guías clínicas de práctica de excelencia a nivel global y en Argentina también lo configuramos de esta manera”.
Justamente para abordar estos desafíos, el 25 y 26 de septiembre se realizará la segunda Jornada Cuyana de Dolor y la sede será Mendoza.
Es organizada por la Asociación Argentina para el Estudio del Dolor, está destinada a profesionales de la salud con el objetivo de actualizar conocimientos y estrategias clínicas para el abordaje integral del dolor. Será en la Universidad de Mendoza.