El fallecimiento de un joven de 18 años en una discoteca en Mendoza —cuyo informe de autopsia reveló que padecía problemas cardíacos previos— reabrió un debate urgente. Los hábitos de consumo en las "previas" y la noche mendocina fueron motivo de advertencia de una especialista.
Más allá de las patologías de base, la combinación de diferentes sustancias se ha convertido en una práctica frecuente que esconde un peligro directo para el corazón.
En la columna “Tu Corazón al día” de Radio Aconcagua, la doctora Anyelen Nasif Bernardi, médica cardióloga, especialista en cardiometabolismo y diabetes, analizó detalladamente qué ocurre en el organismo cuando se mezclan depresores y estimulantes. En ese marco, alertó sobre las consecuencias de un hábito cada vez más naturalizado desde edades tempranas.
La trampa de la mezcla de sustancias: "Activate y deprimite" al mismo tiempo
Uno de los mayores riesgos de esta costumbre no es solo el consumo de una sustancia en particular, sino la peligrosa combinación de efectos contrapuestos en el sistema cardiovascular.
"Ya el alcohol es un depresor del sistema nervioso central, eso puede generar arritmias, sobre todo si lo vamos mezclando con algunos estimulantes", advirtió la médica.
Mezcla de sustancias: cuál es el riesgo oculto de moda instalada en salidas y reuniones.
La mezcla clásica de alcohol con bebidas energizantes es el ejemplo más claro de esta contradicción biológica y una moda muy instalada. El energizante actúa como un activador del sistema nervioso central y genera taquicardia, pero el alcohol tiende a provocar bradicardia.
Al combinarlos, el corazón recibe una orden contradictoria. En palabras de la especialista: "La droga de por sí genera daños a nivel de conducción cardíaca; es como recibir información doble: activate, deprimite". Esta falta de sintonía en los mensajes que recibe el músculo cardíaco es lo que puede desencadenar una arritmia grave.
El peligro de las sustancias sintéticas: "Una bomba rítmica"
La combinación nociva no se limita al alcohol y los energizantes. El uso de marihuana o de drogas sintéticas como el éxtasis y el "tussi" (conocido como cocaína rosa) agrava exponencialmente la situación.
Al ser consultada sobre el impacto directo de estas pastillas en el corazón de los jóvenes, la cardióloga fue categórica: "Todo eso es un desorden, una bomba rítmica, por así decirlo".
Aunque los jóvenes suelen sentir que su cuerpo "se la banca", la especialista remarcó que ese margen de resistencia se reduce drásticamente si existe alguna patología de base no diagnosticada. El verdadero problema radica en la interacción de los compuestos y en la falta de límites sobre qué se necesita para sostener el estímulo de la noche.
El circuito de la dopamina y el "tobogán" del día después
El consumo de sustancias químicas y artificiales genera una alteración artificial del bienestar que atrapa rápidamente a los usuarios en un círculo difícil de romper. "Te genera una dopamina que hace que uno se sienta tan ahí arriba... es un sube y baja constante. Subís y te tira por el tobogán y volvés a subir", graficó Nasif Bernardi.
Ese deseo de prolongar el estado de euforia ("sentirse fuerte, súper a full, sentir que todo lo podés") es lo que empuja a volver a consumir cuando empieza el bajón.
Explicó que el consumo nocturno se traslada cada vez a edades más tempranas y está fuertemente marcado por componentes sintéticos de alta capacidad adictiva.
Sin embargo, la realidad se impone pocas horas después con un fuerte impacto psicológico posterior. Al día siguiente, el contraste con la euforia artificial del boliche pasa factura. "La vida se ve como oscura, gris", describió la médica, señalando que, tras consumir éxtasis o drogas duras, los pacientes enfrentan un período de 24 a 48 horas de un profundo bajón anímico.