8 de junio de 2026 - 11:14

Un hombre solo en las vías con una urna: la emotiva historia de un fanático en la despedida al Indio Solari

Darío, un docente de educación especial, conmovió a todos en las inmediaciones del polideportivo de Wilde. Con una urna de madera en sus manos, logró el permiso de la familia para que los restos de su compañero de la infancia descansen cerca de su máximo ídolo.

Enviado Especial de Los Andes a Buenos Aires. Una postal extraña y cargada de una melancolía que cortaba el aire detuvo el pulso de los miles de fanáticos que se concentraron en Avellaneda para despedir a Carlos Alberto "El Indio" Solari. En medio de las vías del tren que une Villa Domínico con Constitución, un hombre permanecía sentado, completamente solo. Vestía una camiseta retro de la Selección Argentina y mantenía la mirada calma, perdida en la nada. En su regazo sostenía con fuerza una pequeña caja de madera.

La escena, casi cinematográfica, escondía un pacto de amistad inquebrantable que desafió a la propia muerte. Al ser consultado sobre si el objeto en sus manos era una urna con cenizas, el hombre pareció volver en sí y respondió con una contundencia que emocionó a los presentes: "Sí, son de mi amigo".

Un despertar, un recuerdo y una "loca idea"

El protagonista de esta emotiva historia es Darío, un vecino de Wilde y profesor de Educación Especial, cuya sensibilidad cotidiana se potenció la mañana del domingo 7 de junio. Al despertar, supo que a pocas cuadras de su casa, en el polideportivo José María Gatica, una multitud inconmensurable lloraba los restos del exlíder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. En ese instante, la marea de recuerdos lo llevó directo a una persona: su amigo de la vida, Omar.

"Omar Daniel Cardozo Duarte", remarcó el docente con orgullo y nostalgia, al recordar a su compañero, quien falleció en 2022 tras batallar contra una "malvada enfermedad". "Era muy fanático del Indio y Los Redonditos, los fue a ver muchas veces", rememoró Darío, dimensionando la pasión de su amigo.

Impulsado por ese lazo que ni la muerte pudo romper, Darío no lo dudó. Caminó hasta la casa paterna de Omar y golpeó el portón de hierro, repitiendo el mismo ritual de cuando lo iba a buscar de chico para salir a jugar al barrio. Al salir los padres del joven fallecido, el docente les planteó una propuesta que parecía una locura: "Yo sé que él me hubiera dejado hacer lo que estoy a punto de decirles. Quiero llevar sus cenizas y dejarlas para que descansen junto al Indio".

El abrazo con un padre "duro" y el destino final

Contra todos los pronósticos y la lógica del duelo, los padres de Omar entendieron el tamaño del homenaje. "Se despidieron ellos en privado de los restos de su hijo y me entregaron la urna", relató Darío, todavía conmovido por la reacción familiar. "Nos dimos un abrazo increíble, incluso con su padre, un herrero 'duro', de esos hombres poco demostrativos", resumió el docente sobre el momento en que obtuvo la bendición para la travesía.

Con el cofre de madera apretado contra el pecho, Darío caminó hasta la calle Otero, en las inmediaciones del velatorio masivo. Allí se sentó a esperar a la hija de Omar, quien decidió sumarse esta "linda aventura": lograr que los restos de su papá descansen eternamente cerca del ídolo, ahora de ambos.

"Omar era el alma del barrio, un personaje hermoso. Alegre, empático y muy amiguero", llegó a decir Darío antes de que la voz se le quebrara. En ese preciso instante, como si el propio destino estuviera dictando el guion de la jornada, otros amigos de la infancia de Omar aparecieron entre la multitud ricotera, se sumaron a la escena y se fundieron en un abrazo colectivo. Una última misa, un último pogo silencioso en plena vía pública, para asegurar que el viaje de Omar hacia la eternidad sea con el mejor de los rocanroles.

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