Según el último Relevamiento del Estado Psicológico de la Población Argentina realizado por el Observatorio de Psicología Social Aplicada (OPSA) de la Facultad de Psicología de la UBA, solo el 33,2% de los adultos declara estar satisfecho con su vida sexual.
Este dato surge de una encuesta nacional a más de 2.200 personas, donde apenas un 15,8% se manifestó “muy satisfecho” y un 17,4% “algo satisfecho”.
Por el contrario, el estudio evidencia que más de una de cada cuatro personas (25,8%) se siente insatisfecha, mientras que el grupo mayoritario, un 40,95%, se ubica en una zona neutra, definiendo su situación como “ni satisfecho ni insatisfecho”. Para los especialistas, este fenómeno no es casual y responde a una combinación de factores psicológicos, sociales y tecnológicos.
El "tercero en discordia": celulares y series
Uno de los principales obstáculos identificados por los expertos es la presencia de la tecnología en el dormitorio. El psiquiatra Walter Ghedin señala que los teléfonos celulares y las series "se meten en la cama" como distractores para liberar tensiones tras la jornada laboral, provocando que el sexo quede relegado a un segundo plano.
Además, la luminosidad de las pantallas aumenta el insomnio y altera la actividad cerebral, dificultando la relajación necesaria para el encuentro.
La influencia del entorno digital también genera expectativas poco realistas. Ghedin advierte que la hipersexualización en redes sociales y el consumo de pornografía pueden causar un efecto contrario al deseo, ya que las personas intentan reproducir escenas de ficción en su intimidad, lo que incrementa la ansiedad.
Brecha generacional y el peso de la rutina
Curiosamente, la disminución del deseo no afecta a todos por igual. El informe destaca que la Generación Z muestra una baja notoria en el interés vincular, mientras que las personas mayores de 50 y 60 años están experimentando un "reencuentro" sexual, muchas veces tras separaciones o viudez.
Para quienes conviven y tienen hijos, las exigencias de la vida cotidiana son el mayor freno. "Llego muy cansada del trabajo. Muchas veces apuesto por algo rápido solo para cumplir", relata una mujer de 38 años en una de las entrevistas del estudio. La falta de comunicación es otro denominador común: muchos participantes admiten que casi nunca conversan sobre sus dificultades sexuales con sus parejas.