Como si su historia ya no resultara increíble y sorprendente, hace poco más dos semanas Yoel consiguió una nueva meta en su vida: por primera vez en su vida hizo cumbre en un "ochomil".
"Es el mismo camino que se usa para el Everest, aunque en el campo 4 se divide. Yo fui como guía, por lo que tenía que llevar oxígeno. Pero a quienes yo guiaba lograron ascender sin oxígeno suplementario y sin asistencia de sherpas para transportar cargas", describe a Los Andes.
Aunque tiene su casa en Mendoza. el Pelu divide su estadía anual entre la Alta Montaña mendocina y San Rafael, la Patagonia, Perú y Yosemite (California, Estados Unidos). Por supuesto, siempre con la montaña y la escalada como hilo conductor de su vida.
De una constructora a la montaña, su lugar en el mundo
A los 19 años, mientras Yoel Fabrizio trabajaba en una empresa constructora, sintió un impulso difícil de explicar.
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El montañista mendocino que volvió de la muerte y ascendió uno de los picos más altos del mundo
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"Me agarró la loca y me fui al Aconcagua", resume. Si bien lo primero que lo motivó fue la curiosidad, comenzó a trabajar como campamentero. Después llegaron las tareas de logística, el trabajo como porteador y, finalmente, la profesionalización. En 2015 obtuvo el título de guía de montaña, lo que marcó el rumbo de la vida del Pelu. Desde entonces, cada temporada regresó para trabajar en la montaña más alta de América.
Pero, como a toda película, a la vida de Fabrizio aún le faltaba ese instante de drama y tensión; aquel que casi marca el final de sus días con solo 28 años. Fue octubre de 2018.
Los 30 metros fatales que casi le cuestan la vida
La vida de Yoel casi no puede concebirse sin la montaña, y por ello es que siempre ha estado en sus planes, en su agenda, en su día. En octubre de 2018, Pelu había viajado en colectivo a la Patagonia. Tras un día entero de viaje, llegó a la casa de un amigo, donde apenas pudo descansar unas pocas horas. A la mañana siguiente, partió con destino al cerro Piedra Parada, en Chubut, uno de los íconos de la escalada en Argentina.
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El montañista mendocino que volvió de la muerte y ascendió uno de los picos más altos del mundo
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"Estaba muy cansado", recuerda a poco menos de 8 años de ese dìa en que cayó de una altura de 30 metros.
"Me acuerdo perfectamente del momento en que me caí. Estábamos descendiendo utilizando una maniobra de rapel compartida, no verifiqué correctamente uno de los anclajes y me solté", recapitula sobre los instantes previos a la caída libre.
Incluso, recuerda que en los segundos posteriores a impactar contra el piso intentó levantarse. Pero allí se dio cuenta que estaba "todo quebrado".
Las lesiones fueron gravísimas. Fabrizio fue trasladado de urgencia a un hospital del lugar y luego derivado a Mendoza en un avión sanitario. Pasó cerca de un mes y medio en terapia intensiva, parte de ese tiempo en coma inducido. Y después permaneció otro mes internado en sala común. "Los pronósticos no eran nada bueno", cuenta.
Volver a vivir, volver a la montaña
Cuando Yoel Fabrizio recibió el alta -a fines de diciembre de 2018-, comenzó un proceso que parecía tan difícil como cualquiera expediciones (o más aún). Ese año nuevo fue a recibirlo junto a unos amigos a Puente del Inca, y el recuerdo de su silla de ruedas sin poder entrar en el lugar es una de esas anécdotas que, hoy, le sacan varias carcajadas.
De la silla pasó al andador y, luego, a los primeros pasos. Hasta que un día regresó a la montaña.
"Seis meses después del accidente volví a escalar. El primer lugar al que fui fue en Potrerillos, en un lugar donde estaba al ras del piso. Ya llevaba varios meses de gimnasia y pileta, por lo que era momento de volver", recapitula.
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El montañista mendocino que volvió de la muerte y ascendió uno de los picos más altos del mundo
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Hasta que un día volvió a escalar en altura. Así fue como viajó a El Chaltén para escalar la emblemática Aguja de Guillaumet, un año después de la caída. Y luego, por supuesto, regresó a su primer amor también: el Aconcagua. La temporada 2019 - 2020 lo encontró armando campamentos de altura -primero- y luego, una vez más como guía.
"Esa temporada hice dos guiadas. Y en uno de los grupos que acompañé estaba una chica que tiene el récord Guinness como la mujer más joven en ascender el Aconcagua", rememora el nacido y criado en Las Heras.
"Cada día era entender y darme cuenta de que sí se podía. Era pensar: 'esto lo estoy pudiendo hacer'. Yo ya llevaba diez años en la montaña, lo tenía en el ADN", refuerza con convicción.
El primer "ochomil" de su historia
Si bien hace una vida prácticamente normal, Pelu conserva placas y tornillos en la cadera, secuelas inevitables de aquel accidente. Ello no le impide entrenar y seguir haciendo lo que más le gusta: escalar y mimetizarse con la montaña.
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El capítulo más reciente -y uno de los más extraordinarios de esta historia de vida- llegó el pasado 19 de mayo. Aquella mañana, Matías Yoel Fabrizio alcanzó la cumbre del Lhotse, la cuarta montaña más alta del planeta.
"Era mi primer ochomil. Nunca había ido, ni antes ni después del accidente, Salimos del campo 3 el 18 de mayo a las 19. Llegamos al campo 4 cerca de las 23, pero nos sorprendió un temporal de viento y nieve", relata.
Aquella noche la pasaron dentro de la carpa, soportando condiciones extremas. y al otro día, 19 de mayo, a las 7 alcanzaron la cumbre.
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"Me probaron de todas las formas posibles: como guía, como campamentero, como manager", resume entre risas.
A donde la montaña lo lleve
Yoel pasa apenas un par de meses al año en Mendoza. El resto del tiempo lo reparte entre expediciones y temporadas de trabajo en distintas partes del mundo. Pasa dos meses en Perú, tres en la Patagonia y los otros tres en Yosemite.
"Siempre recomiendo hacer deporte, el que a cada uno le guste. Pero hacerlo todos los días. Yo quiero transmitir esa experiencia positiva de seguir adelante", concluye.