Chila es mucho más que sus podios en la alta competencia internacional y, detrás de sus participaciones en las carreras más exigentes de Europa y los Andes, hay una historia signada por la resiliencia, el instinto maternal que debió sobreponerse a pruebas de salud extremas desde muy joven y la pasión por guiar a su comunidad de corredoras.
— La más larga que he corrido fue de 360 kilómetros y fueron 26.000 positivos. “Positivos” para la gente que no sabe es todo lo que vos trepas. Es todo montaña, es todo trail, y la carrera esta fue en Europa. Las montañas en Europa son cimas muy empinadas. Fue una experiencia hermosa. También antes corrí 330km con mi pareja, Martín. Esa carrera es la PTL, que vamos este año de nuevo, y esa carrera nada más se corre en dupla y es por currículum. Aceptan entre 100 y 120 equipos en el mundo.
— La primer carrera que corrí de esta distancia nada más dormimos 8 horas en los 5 días. Es agotador. Pero a medida que voy practicando estas carreras, mi cuerpo cada vez se va adaptando mucho más, mi cabeza está muy preparada y sobre todo mi corazón y mi alma, esas ganas de siempre llegar a la cima. Escucho mucho mi cuerpo.
Escucho mis momentos, lo que pasa es que lo bueno cuando corremos con Martín es que coincidimos un montón. Cuando él está bien anímicamente, yo no estoy tan anímicamente bien, entonces como que nos vamos empujando y nos vamos diciendo: "Che, descansemos acá, descansemos acá", porque también tenés que tener un plan de carrera. No es que tenés que ir tres días sin dormir y después dormir, porque tu cuerpo no está adaptado, no se duerme, entonces siempre tenés que pegar como pequeños descansos en momentos.
Silvina Chila Perez en La Cima de Los Andes.
Marcelo Álvarez
— ¿Cuántas horas seguidas has llegado a correr sin parar a dormir?
— Creo que 34 horas más o menos, porque es una carrera que nunca dormí.
— En un esfuerzo de esa magnitud, ¿qué pesa más: la cabeza o el entrenamiento físico?
— Es que es un combo de todo. Yo cuando llego a la competencia tuve un montón de entrenamientos que se ven y los entrenamientos silenciosos que nadie ve: el descansar, la alimentación y tu vínculo amoroso, tu vínculo familiar, tu vínculo que es fundamental en tu vida. Llego muchos momentos en estado flow. Es alucinante cómo voy corriendo y de repente me despierto y digo: "¿En qué momento yo, mi cuerpo, llegó hasta acá?". Es alucinante poder llegar a ese estado flow.
— ¿Cuándo empezó tu vínculo con el deporte y con las carreras?
— Yo soy deportista de muy chiquitita. Desde muy chica entré al Club Mendoza a jugar al tenis y siempre hacía las pretemporadas, me iba al parque San Martín. Salía del club y me iba a correr vueltas a la manzana, al lago, corría por mi casa; siempre de chiquitita corrí. Empecé a correr a los 18 años, ya me metí a atletismo que me encantaba. Y estas carreras las empiezo a hacer cuando Gonzalo, mi hijo más chico, tenía un año aproximadamente, pero antes de cuando a mi hijo lo operan del corazón me empiezo como a meter en todo esto de la correría y meterme más en corridas en calle.
La "maratón" más difícil de su vida
— Te tocó afrontar la maternidad muy joven, a los 21 años, y al poco tiempo la operación de corazón de tu hijo recién nacido. ¿Qué significó salir a correr en medio de esa situación?
— El correr me ha ayudado muchísimo a que todas esas emociones que inconscientemente el alma las guarda, el correr me ha hecho que salgan a su exterior. Estoy convencida de que correr sana al 100%, y si fuese al 1000 te digo al 1000%. Ayuda muchísimo. Correr, meterte en la naturaleza, que el sol te dé en la cara, todas esas cosas te sanan y creo que el alma empieza como a salir una luz y un brillo que por ahí el correr te lo va exteriorizando. También te vas escuchando.
— Fueron pruebas muy duras que te puso la vida a corta edad...
— Yo no soy una persona que experimente el miedo. Yo siempre tuve como la personalidad de ir para adelante, y me parece que el correr me hizo eso de ir para adelante. Seguir y dale. Ir para adelante y mientras vas corriendo vas sintiendo todo lo que tu cuerpo y tu alma va transitando. A Facu lo operan del corazón, me voy al control de Facundo, lo ve el médico y me dice: "Hacéle un control del corazón". Voy a hacerle un control del corazón —el médico sabía que no había algo bien— y cuando llego a hacerle el estudio me dicen que tiene una transposición de los grandes vasos. Tenía la arteria pulmonar donde tenía la aorta y la aorta en la pulmonar.
No había muchos médicos en Argentina que hicieran esa operación, había Fernando Antelo en el Sor María Ludovica en el Hospital de La Plata. Contactamos con él y nos dice: "Ustedes lo tienen que traer pero en carácter de urgencia". Tenía 23 días. Su operación duró 16 horas, en esa operación es a corazón abierto, después tuvo tres días a corazón abierto. Yo entraba 5 minutos en el día a verlo y cada vez que entraba yo decía: "Mi hijo va a estar bien". Y fue como ¡guau! Yo creo que eso me dio mucha fuerza a mí como mujer, como corredora, como humana.
— Hoy ves a tus hijos grandes y te acompañan de cerca en este camino deportivo. ¿Cómo es la relación con ellos respecto a tus carreras?
— Cuando yo empecé con estas carreras siempre mi motor han sido mis dos hijos, Gonzalo y Facundo. Siempre les he preguntado situaciones, por ejemplo cuando me fui a Europa que me quedé tres meses a correr, a los primeros que les pregunto son a ellos. Pero no para que ellos me autoricen porque yo soy su mamá, sino como: "Miren lo que me está pasando". Porque yo creo que el deporte es un ejemplo para todo el mundo. Me decían: "Mamá, es tu sueño". Gonza tiene un alma ahí, una conexión conmigo que es muy bonito cómo cada uno va mostrándome su esencia y me van empujando a que corra y a que pueda lograr esto que logro. En momentos de carrera que he tenido cansancio, hay momentos que he agarrado el celular y les escribo. Y cómo cada uno va haciéndome sus mensajes y está buenísimo, porque Facundo empieza: "Bueno mamá, escuchá tu cuerpo, fijate". Y Gonzalo: "¡Dale mamá, vos podés!".
— En los momentos de máximo agotamiento en la montaña, ¿tenés algún método o estrategia mental para mantenerte enfocada?
— Me hablo mucho. Muchísimo. Me hablo un montón en voz alta. Y después me escribo muchas frases en todas las manos y toda la... me escribo, me escribo con un marcador. En momentos de carrera las leo, y ayudan muchísimo porque te traen al presente. También los corredores tenemos números, cuando das vueltas tengo todas frases mías o mensajes que tal vez alguien, un ser querido me escribió en un momento antes de la carrera y me llegó al alma, y me anoto como palabras que me puso esa persona en el número o en la mano.
— Además de tu faceta como atleta, entrenás a grupos de mujeres. ¿Qué lugar ocupa ese rol en tu vida?
— Mi podio es Chilates. Ese es mi mejor podio en mi vida deportiva, en mi vida emocional. A mi mayor podio, que son mis hijos y mi familia, mi podio así como Chilates lo fui construyendo granito a granito. Empecé con muy poquitas alumnas. Yo digo que somos una tribu de mujeres que nos acompañamos en momentos que cada una va transitando lindos, no tan lindos, y es impresionante cómo el abrazo de amigas y la contención te hacen, ¡y corriendo, imaginate! Estás con gente que querés, que te va estableciendo una amistad y a la vez corriendo en la naturaleza. Es alucinante.
— ¿Qué mensaje o legado te gustaría dejar en la gente que entrena con vos o que sigue tu carrera?
— Que gracias a La Chila llegué al deporte que me llevó a la cima, pero a la cima de esa explosión de alma. Decir qué lindo todo lo que me transmitió La Chila corriendo, que todo esto de correr y el deporte me llevó a florecer y a ser mejor persona. Eso es lo que también hace el deporte: te ayuda a ser mejor persona. Yo creo que todo lo que yo transmito es porque lo viví, es porque en ciertos momentos algo me ha pasado y entonces desde ese lado humano de Chila puedo llevarlo al deporte.