19 de julio de 2026 - 01:05

Federico Croce "En la Cima": "Me dijeron que la gente se iba a reír de mi voz"

El reconocido periodista mendocino, dueño de una de las voces y firmas más distintivas de la provincia, en una charla íntima con Laura Rez Masud.

Con décadas de trayectoria recorriendo los eventos más importantes de Mendoza, analizando a la política, el empresariado y el arte desde la crónica social, Federico Croce reflexiona en esta entrevista sobre su presente, los miedos superados en su carrera, los códigos del periodismo de color y las particularidades de la sociedad local.

"Me llegaron a decir que la gente se iba a reír de mi voz", confiesa con la soltura que lo caracteriza, en una charla que va de la anécdota divertida a la definición periodística.

Federico Croce cuenta y su elección de ser periodista

—¿Pensás que has llegado a la cima o siempre se puede escalar un poco más?

—Mira, yo en momentos de mi vida siempre he dicho "quiero más, quiero más, quiero más". Creo que a la cima está bueno llegar y sentir que uno ha llegado. Pero ahora no estoy tan ambicioso. A mí me encanta cómo vivo, dónde vivo, me gusta el lugar en el que estoy, y me parece que esa gente que está siempre corriendo la coneja, es decir, que está siempre buscando algo más, a veces corres el peligro de no disfrutar lo que ya has conseguido y el momento en el que estás.

Creo que es tan válido, porque tampoco soy quién para decir cómo hay que vivir la vida, el que es ambicioso y siempre quiere algo más, como el que dice "che, mirá, yo así estoy bien, me gusta esta vida que tengo, estoy cómodo y la quiero seguir viviendo así". Yo estoy un poco así ahora. Me gusta mucho mi vida y ya no tengo tantas ganas de correr y de seguir consiguiendo cosas o conquistando metas, qué sé yo. Que no quiere decir que aparezca algo, a lo mejor mañana mismo, que me seduzca y que yo diga "che, quiero eso o quiero ponerme a laburar para llegar a eso".

—¿Siempre quisiste ser periodista?

—Yo siempre fui muy visible. Esa es la palabra con la que me defino. Claro, siempre fui una persona muy histriónica, de muchas maneras, así festivo, de muchos movimientos, muy charleta. Era al que le ponían en el cuadernito de comunicaciones: "Hoy Federico charló mucho"; al que citaban a la mamá para decirle que charlaba mucho.

Siempre fui muy conversador. No era que me portaba mal, pero hablaba, charlaba desde chiquito. Hablé antes del año. Tengo historias de abuelos, de mi mamá, que decían que me sentaban en el escaloncito de la vereda y le charlaba a la gente, a cualquiera que pasaba. Me tomaba el trole para ir a cobrar con mi abuela, que iba a cobrar la jubilación o la pensión de mi abuelo fallecido, y le charlaba a la gente. Es decir, siempre fui muy locuaz y charleta.

Federico Croce y Laura Rez Masud

Federico Croce y Laura Rez Masud "En la Cima" de Los Andes.

—Y curioso, quizás, también.

—Y curioso, totalmente. Y en el colegio siempre fui vistoso, siempre fui organizador de cosas. Estaba en el centro de estudiantes, era delegado del curso, medio nerd, estudioso, pero también era sociable.

—Se te ve como alguien alegre. Aunque todos tenemos momentos difíciles, parece que sabes convertir las cosas malas en oportunidades o ver el vaso medio lleno. ¿Es así?

—Yo creo que a todos nos pasan cosas. Siempre pienso eso. Nadie tiene una vida perfecta y absolutamente feliz. La vida es un devenir, no sabemos qué nos puede pasar dentro de diez minutos. Y la alegría para mí siempre ha sido muy importante. Siempre he dicho que hay que ser alegre o hacer reír a alguien, a veces con acidez —yo soy muy ácido— a veces con una risa blanca, si querés, con ternura, pero hay que tratar de ser lo más feliz que uno pueda.

Federico Croce le confesó a Laura Rez Masud los desafíos y miedos de su carrera

—¿Y aceptas también que hay gente a la que le puede no convencer tu personalidad? ¿A esta altura de la vida te lo tomas de otra forma? Estás muy expuesto, trabajas en un medio masivo, y te conoce prácticamente todo Mendoza.

—Bueno, yo empecé estudiando Derecho, abogacía, y la terminé a la carrera y dije... Me pasé a escribanía, en escribanía llegué al final, y no tengo matrícula porque... pero dije: "Qué horror que es esto". O sea, yo era muy estudioso, me gustó mucho cursar la carrera y cuando terminé, me agarró como un ataque, dije "esto no me gusta, no es mi vida, yo no nací para esto". Me puse a estudiar comunicación y me puse a trabajar al toque.

Mi primer trabajo fue en una revista y en Diario Los Andes en el suplemento de turismo. Y a partir de allí, claro, ahí dije "esto es lo mío". La gráfica no te da tanta visibilidad, no te muestra tanto a vos, a pesar de que firmes una nota. Y en MDZ sí, empecé a trabajar en la parte de los sociales. Yo empecé a hacer cualquier cosa al principio, hacía policiales, y después pasé a la parte de los sociales, y dije "yo soy para esto". Encontré mi lugar. Al poco tiempo abrieron una radio y Orlando Terranova me dice "me gustaría que estés". Ahí vinieron mil miedos.

—¿Qué miedos aparecieron?

—Era la primera vez en donde yo me iba a visibilizar con mi cara, con mi voz, salir en un cartel, estar en un programa. Y ahí el miedo fue que soy una persona muy recordable, que tiene modismos, que tiene un tono de voz afectado y determinado. Hay periodistas que llegaron a decirme "tenes una voz que la gente se va a reír". Yo ahí sufrí porque eso te da miedo, te produce mucha inseguridad. Y después hubo otros periodistas, que por suerte les hice caso, que me dijeron "no hay nadie como vos". Y ahí aprendí que muchas cosas que tenemos, que creemos que son o falencias o disvalores, lo podemos transformar en una característica que nos sea distintiva, como en una virtud, claro, a tu favor. Porque yo ahora entro a una fiambrería y decir "quiero un kilo de jamón" y me dicen "¿vos sos Fede Croce?", porque me reconocen por la voz. Convertir una cosa que te daba miedo en una seguridad y en una característica tuya, en un distintivo.

—Los sociales, ¿están dentro del periodismo así como la sección policiales, la sección judiciales o el periodista que hace política? ¿Qué podemos decir de los sociales en Mendoza?

—Es como un súper debate. A ver, los sociales en Mendoza son para mí una cosa muy rara y muy única. En las grandes capitales, como en Buenos Aires, vos tenes farándula. En las provincias, los sociales un poco suplen eso. Pero el social es absolutamente periodismo, que es una discusión que yo siempre tuve también con muchos periodistas que, ¿viste que hay periodistas que ponen como secciones que son como que están en Primera y secciones que son la B? Te lo digo futbolísticamente.

Muchas veces el periodista de espectáculos, el periodista de sociales, está como medio minimizado por otros periodistas, por el de economía, por el de política. Y el social ¿qué es? Es contar un evento —que puede ser empresarial, que puede ser artístico, que puede ser cultural, que puede ser político inclusive— desde un punto de vista de color. ¿Qué es de color? Contar qué pasó, qué hicieron, qué comieron, qué se pusieron, alguna perlita, algo chismoso pero elegante. Eso es lo que se separa del chisme más, si querés, del mundo del espectáculo, del amarillismo del espectáculo. ¿Y por qué digo que es recontra periodístico? Porque en el social, si vos sos un verdadero periodista, el que hace la nota social, vos te enterás de un montón de cosas del político y del empresario que no te enterarías, por ejemplo, en la Casa de Gobierno o en la Legislatura, o no te enterarías sentado en el despacho del empresario haciéndole una nota. Porque encontrás al político, encontrás al empresario en otro mood, es decir, lo encontrás más relajado, descontracturado.

Federico Croce

Federico Croce "En la Cima" de Los Andes.

—Y además tenés que estar observando todo el tiempo: miradas, vestimenta. Estás desde que empieza el evento casi hasta que termina, sos un observador y te lleva muchísimas horas de trabajo.

—El social tampoco es tan fácil. A ver, todo tiene su lado B. Cuando la gente te dice: "Ay, no, tu trabajo hacer sociales implica estar todo el día en lugares lindos, estar de fiesta, estar tomando vino, estar comiendo en bodegas espectaculares". Pero yo siempre digo: ¿vos sabés las ganas que tengo yo a veces de estar en pijama mirando una serie en mi casa echado? Y te obliga a veces a salir y a trabajar en horarios en que todo el mundo ya descansa, porque generalmente son eventos nocturnos o vespertinos, y te obliga también a estar siempre... Por más que vos la estés mal —qué sé yo, con tu pareja, hayas tenido un problema laboral, no tengás ganas—, poner una sonrisa en tu cara y tener onda, ¿entendés? Vos tenés que obligarte a ser jovial y a... Ese es tu trabajo. Está muy ligado a las relaciones públicas el social.

—Y la experiencia y todos los años que llevás trabajando de esto, ¿te han confirmado que al mendocino le encanta la nota de color, le encanta el social?

—Totalmente. Eso es algo impresionante porque hay como una doble vara en el sentido de que mucha gente dice "ay, los sociales, qué cosa hueca, qué cosa frívola, ver la galería de fotos". Y la gente tiene que saber que en los diarios son de las notas más leídas, siempre. O sea, los clics que se llevan los sociales, los clics que se llevan estas notas —no hablo solamente de MDZ, hablo en general— son de las más leídas. A la gente le encanta chusmear quién estuvo, quién no estuvo, quién estaba con quién, qué se puso tal, etcétera, etcétera. Las galerías de fotos de sociales son súper miradas.

—¿Y acá en Mendoza existe realmente la alta sociedad o es un mito?

—No, sí existe, sí existe la alta sociedad. Obviamente que va cambiando. Para mí lo que no existe en Mendoza son las celebridades. O sea, no hay como en el mundo del espectáculo en Buenos Aires, que tenés a Mirtha, Susana, Moria. Acá los comunicadores, la gente de la tele mendocina, yo no creo que tenga ese nivel de famoso o de celebridad. Sí sos conocido, por supuesto, pero no hay una cosa de divo, de diva, para mí. Pero la alta sociedad sí, lo que pasa es que la alta sociedad ahora va cambiando ese concepto. Antes la alta sociedad era como más intocable, se movía dentro de un círculo que no salía de ese círculo. Hoy todo es un poco más difuso.

—Debés saber y conocer historias tremendas. ¿Te pasó alguna vez que alguien te dijera "por favor no publiques esta foto" o "por favor, lo que viste te pido reserva"?

—Sí, sí. Con los sociales hay que tener códigos. Una palabra muy importante es tener códigos. Vos tenés que contar cosas pero siempre de un modo elegante para no herir una susceptibilidad, porque si no, eso te cierra puertas. Y de hecho, la gente te agradece si vos contás algo hasta determinado punto. Me ha pasado un montón de veces sacar una foto —que la foto se saca— y después recibir el llamado y decir: "Por favor, no puedo salir con esta persona", "estaba con esta chica y todavía mi otra relación no está terminada", "no me quiero mostrar con este señor". Eso te pasa, y también te pasa bajar una foto. Eso a veces es un criterio editorial ya, porque si ya está publicado, tampoco es que se baja una foto por capricho. Sí antes de que salga la nota, si alguien pide por favor por un motivo valedero. También me ha pasado, qué sé yo, una persona que estaba en un evento y tristemente al día siguiente le sucedió una desgracia o tuvo un problema grande, y me dicen: "Mirá, la verdad te pido que no me publiques de fiesta porque me acaba de pasar esto". Y por supuesto que yo eso lo he respetado.

—Te debe pasar que te piden subir información también, o te han llamado para darte primicias.

—Primicias o... el social, como te decía, es una vidriera. Y hay veces que, yo siempre digo, hay cosas muy divertidas de los sociales que si escribiéramos un manual los que hacemos periodismo de sociales, nos reiríamos mucho porque tenés ciertos estereotipos de personas que son divertidos. Por ejemplo, la persona que te persigue. La persona que persigue al periodista hasta que le sacás la foto, que no te la pide, pero vos te das vuelta y está acá al lado tuyo; vas a otra parte del salón, te das vuelta y sigue estando, hasta que vos decís "¿quiere una foto?". O tenés la persona que te dice, por ejemplo: "Estoy vestida de Dolce & Gabbana", para que vos se lo pongas en el epígrafe. Te señalan su look así con la manito, te hacen así y te dicen "Gucci". Y vos te reís, te da risa interna, pero suceden cosas así que son divertidas.

Ping-pong con el periodista de sociales que más conoce a los mendocinos

—Hagamos un ping-pong entonces. Yo sé que tenés un montón de gente querida, vivís en las bodegas y tenés gente conocida también. Animémonos a jugar un poquito y a decirme un nombre o una definición. Por ejemplo, un empresario mendocino.

—Un empresario mendocino... bueno, los David. Para mí, los David en este momento, siempre es gente que he respetado mucho, gente que es súper atenta, gente que es muy calma. Yo empecé a adorar a la familia David y a decir "qué buenos empresarios son" en el momento de la pandemia. En el momento de la pandemia, que todo el mundo estaba muy nervioso, que iba al mayorista con nervios, a comprar, a stockearse, salían ellos con una parsimonia, con una calma, calmaban a la gente. Las filas de gente, "hay para todos", decían. Desde ahí yo dije "che, mirá qué bien esta gente". Después los conocí mejor y me parecen empresarios que se hicieron de abajo y que son muy correctos.

—¿Un político?

—Y mirá, te voy a nombrar dos para no herir susceptibilidades. Radical, Raúl Baglini. Yo a Raúl Baglini lo conocí, yo trabajé en la Municipalidad de la Capital muy chiquito, cuando fue la intendencia de Raúl, y aprendí muchas cosas de él. Me parecía un hombre muy correcto, muy cercano, me gustaba su personalidad. Y del justicialismo, yo quiero nombrar a los Bermejo, a Adolfo y a Alejandro. Los Bermejo fueron excelentes personas. Más allá, yo no hablo de su orientación política o su pensamiento, hablo de cómo se manejaban como personas, cómo se han manejado conmigo en el trabajo, excelentes. Una vez hasta Ale Bermejo me levantó, se me había... no me venía a buscar la movilidad y me trajo a mi casa, me dijo "Croce, vení, subite al auto", me llevó a mi casa. Personas muy generosas y buena onda.

—¿Un artista?

—Uy, conozco un montón de artistas, sobre todo plásticos mendocinos. Voy a nombrar mendocinos, porque me gusta... A mí mi artista preferido mendocino es Osvaldo Chiavazza. Me parece maravilloso su arte, me encanta, me parece bellísima sus obras. Hay obras que me he quedado mirando mucho tiempo, algún cuadro de Osvaldo. Me parece un gran, gran, gran pintor.

—¿Alguna bodega que te guste ir seguido? Qué difícil porque tenés tantos amigos.

—Qué difícil las bodegas porque el 80% de mi vida va por las bodegas. Pero mirá, ¿sabés qué te voy a nombrar? Te voy a nombrar a Bodega Salentein, porque para mí fue pionera en el enoturismo, recontra pionera del enoturismo. Me parece bellísima Salentein porque tiene un museo en su interior que es fijo, es decir, tiene un museo que es como un mini MALBA, digo yo. Es hermoso y tiene la capilla esa que hizo la Eliana Molinelli, que la capilla es hermosa. Yo a toda la gente le digo: si vas al Valle de Uco, pasá por Salentein. La capilla se llama Capilla de la Gratitud.

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