5 de julio de 2026 - 01:05

Celso Jaque "En La Cima": "En el mapa del delito hubo un error de cálculo"

El intendente de Malargüe y exgobernador de Mendoza habla de su vida y de las decisiones que marcaron una etapa en la provincia.

Celso Jaque fue el último invitado a "En La Cima" de Los Andes y, en una entrevista íntima con Laura Rez Masud, repasa su extensa trayectoria pública, desde sus inicios en la militancia juvenil hasta su llegada al sillón de San Martín.

El actual intendente de Malargüe, analiza el impacto de las políticas de Estado, la conectividad con los departamentos del Sur y los desafíos pendientes.

Además, el exgobernador de Mendoza recuerda el controvertido mapa del delito y en el que reconoció que "hubo un error de cálculo". También habla de las decisiones que marcaron una etapa en la provincia, como la creación del Metrotranvía y del Espacio Cultural Julio Le Parc.

Celso Jaque en un mano a mano con Laura Rez Masud

— Ha ocupado numerosos cargos públicos a lo largo de su carrera. ¿Cómo se inició esta vocación por la actividad política?

— He tenido la suerte de poder servir a mi provincia y a mi comunidad desde diferentes lugares. Mi vocación por lo público y por el servicio inició desde muy joven. Allá por el año 1973, en una de las tantas recuperaciones de la democracia, estábamos en elecciones y a mí me interesaba participar. Me iba a la sede del Partido Justicialismo para, no solo escuchar, sino también salíamos en una estanciera a hacer la publicidad.
En ese año tuvimos dos elecciones: la primera, Cámpora-Solano Lima; luego, Perón-Perón. A partir de allí, ese involucramiento fue de alguna manera frenado luego por el golpe militar, donde tuvimos muchas libertades restringidas. Una vez ya en la universidad, en la recuperación de la democracia y cuando empieza la democracia en la universidad, empiezo a interesarme para ver de qué manera podíamos también ser parte de la vida pública de la universidad y de mi facultad.

— ¿Ese interés por la política venía de su entorno familiar?

— Mis papás no, pero creo que yo siempre heredé de mis padres la vocación por el servicio. Ellos siempre estuvieron involucrados en la cooperadora de la escuela, en clubes, en lugares donde podían servir, y creo que eso fue lo que a mí me llevó, pero no tuve una influencia directa de mis padres para involucrarme en esto. De hecho, siempre recuerdo que estando en la universidad, cuando estábamos ya recuperando la democracia universitaria, creamos una agrupación universitaria que el nombre original fue Centro de Estudiantes Universitarios Libres (CEUL) y luego pasó a ser Círculo de Estudiantes Universitarios Libres.
En ese momento, cuando hablaba con mis papás, que estaban en Malargüe —en esa época no era como ahora que uno tenía teléfono fácilmente, era a través de cartas o haciendo en la calle Chile largas colas los domingos para llamar por teléfono— y uno le contaba estas cosas, estaba siempre el hecho de "no te metás, tené cuidado", por todo lo que nos había tocado vivir.

— ¿Sus padres llegaron a ver el desarrollo de su carrera política?

— Sí, me alcanzaron a ver. Incluso hasta cuando asumí de embajador, mis dos padres vivían. Mi papá fallece estando yo en Colombia, en el 2012, y mi mamá fallece en el año 2022. Yo provengo de una familia de trabajadores. Mi mamá se crió en la zona rural, en el campo de Malargüe, con una vida de mucho sacrificio. Ella nunca fue a la escuela. Aprendió a leer y escribir porque mi abuelo al campo le llevó tres meses un maestro, que siempre me contaba se llamaba Baucha Villaqueo, que iba dando clases, lo contrataban.
En tres meses mi mamá aprendió a leer, sumar; ella sacaba cuentas mentalmente. Iba a una verdulería en Malargüe donde siempre iba a comprar, preguntaba precios, compraba y cuando terminaba le decía al dueño "¿cuánto es?". Como el dueño sabía que ella sacaba sus cuentas mentalmente, le daba otra cifra, entonces a veces le decía "me estás cobrando de más" o "fijate bien, me estás cobrando de menos".
Ella, en eso de no haber ido nunca a la escuela, me transmitió lo más importante: el valor de la educación. Y ella lo demostraba acompañándome y estando, por ejemplo, en la comisión cooperadora de la escuela. El orgullo para ella siempre fue, primero, el hecho de haber podido llegar a lo que ellos siempre anhelaron y no pudieron, que fue que yo llegué a la universidad. Mi papá era metalúrgico, un soldador, trabajó en las Industrias Siderúrgicas Grassi en Malargüe más de 25 años. Para ellos, el que yo pudiera llegar a la universidad, que fue con mucho esfuerzo, no fue un tema menor.

— ¿Cómo afectaron las dificultades familiares a su etapa universitaria?

— Estando yo en la universidad, ya por empezar tercer año, mi papá tuvo un grave accidente trabajando en su taller metalúrgico que hizo que perdiera prácticamente la visión. Fue muy grave, tuvo mucho tiempo internado aquí en la ciudad de Mendoza, y aun en todo su estado, que estaba muy enfermo, no dejaba en todo momento de decirle "vos tenías que rendir, tenés que rendir, tenés que estudiar, no abandonés", aun a sabiendas de que las dificultades que se venían eran muy grandes. Eso, la transmisión de aprender a luchar por lo que uno quiere y no dejar de lado a pesar de las adversidades, fue parte de lo que me enseñaron. El haber llegado a eso creo que fue el orgullo que ellos sentían.

Celso Jaque y su "cima"

— Con todos esos logros obtenidos, ¿siente que alcanzó la cima de su carrera o todavía quedan metas por cumplir?

— Yo estoy agradecido de Dios y de la vida por todo lo que pude hacer. Fundamentalmente porque en lo que he realizado, que es desempeñarme en la política, siempre lo entendí como un servicio. El haber podido servir en las cosas a mi comunidad, sea mi comunidad chica que es Malargüe o en la provincia, dejando aquellas cosas que han podido transformarse en políticas de Estado, a mí me llena de orgullo.
Lo que he podido lograr, no sé si llegué a la cima, pero estoy feliz de lo que pude lograr no por mí mismo, porque en la vida nunca las cosas se logran solo. Yo lo pude lograr por mis padres, por mis amigos, por mi compañeros de partido; los lugares a donde uno va llegando nunca llega solo.

— ¿Aquel joven que vino del sur a estudiar a la Universidad Nacional de Cuyo ya se imaginaba ocupando la gobernación de la provincia?

— Te voy a contar una anécdota. Nosotros vivíamos, después del terremoto del 85, cinco chicos en un departamento en la calle Juan B. Justo. Teníamos una costumbre: solo consumíamos carne, dado los precios, cuando rendíamos todos bien y hacíamos unas milanesas a la napolitana que me tocaba hacerlas a mí. Si rendíamos todos bien en esa fecha de exámenes, recién si los cinco rendíamos y aprobábamos, había milanesa.
En una oportunidad, era julio, habíamos rendido y faltaban tres de los cuales todos estudiábamos para contador y habíamos rendido estadística, que había sido escrito. Los otros dos ya tenían sus notas, habían aprobado, faltaba nosotros para ver si había milanesa o no. Fuimos a ver a la universidad con uno de mi compañeros, con Raúl, nos fuimos en colectivo y después nos vinimos caminando; habíamos aprobado los tres, había milanesa.
Cuando viniendo ya de los portones del parque, veníamos caminando, y en la primera calle paralela hacia el sur de Juan B. Justo y Paso de los Andes había un buzón —en ese entonces el correo tenía los buzones—, yo le digo a Raúl: "Sanchu, ¿sabés qué? Yo voy a ser gobernador de esta provincia". Él me mira y me dice: "Sí, seguro". Yo le digo: "No, en serio, yo voy a ser gobernador de esta provincia". Él me estaba gastando un poco, como diciendo "sí, yo voy a ser emperador". Yo lo decía con convicción. Ahí debo haber tenido unos 24 años.

— ¿Qué lo impulsaba a proyectarse en ese cargo en aquel momento?

— Me imaginé más que nada porque el hecho de haber vivido en un departamento alejado, donde no siempre tuvieron todas las cosas... Yo viví mi adolescencia y mi juventud prácticamente sin hacer deporte porque no tenías un polideportivo. Educación física en el colegio que yo iba lo daban en un campito de enfrente, entonces corrías entre los cardos rusos con los fríos que había en Malargüe, no tenías prácticamente actividades culturales. Estando yo en la secundaria, en el período del gobierno de facto, el intendente de Malargüe toma la decisión de hacer una especie de Consejo de la Juventud. En el colegio que yo iba, una gran rectora muy democrática dijo "va usted, usted, usted y usted a ese consejo". Empezamos a ir y cada vez que nosotros hacíamos una propuesta, como por ejemplo "sería importante poder trabajar para tener un lugar donde hacer deporte", "no se puede"; "sería importante traer una orquesta sinfónica para saber de qué se trata", "no se puede". Era todo el "no se puede".
Cuando hice el nuevo edificio municipal siendo intendente, en el segundo piso, donde está el intendente, lo hicimos en forma circular como una búsqueda de la perfección, y escrito así, martilinado en ese cemento, quise poner la frase: "Se puede". Porque entiendo que quien está en un lugar así está para que se pueda. Cuando yo soñaba lo de gobernador, ¿por qué lo decía? Porque entendía que los que vivimos lejos de la Casa de Gobierno no nos entienden. No se entiende porque aquí, si vos hablás acá y decís que en una ciudad como la mía todavía no tenemos cloacas, te dicen "¿cómo no va a tener cloacas si acá desde que nació un niño ya tenía cloacas?".

— ¿Vivió situaciones concretas donde se hiciera evidente esa falta de comprensión del interior?

— Me pasó una vez una discusión con equis persona, hablábamos del tema educación, querían cerrar una escuela en Malargüe y para trasladar esos chicos me decía la persona: "Bueno, pero ¿cuál es el problema? Te damos abono". Y yo le decía: "¿Abono para qué, si no hay transporte?". "Bueno, te damos plata y que alquilen ahí una combi". "¿A quién, si son puestos aislados y no hay?". Bueno, y lo peor de todo es que teníamos un mapa, mira el mapa y me dice: "Pero mirá, cuánto problema si esto es cortito", así, cortito sobre el mapa. Eso cortito del mapa eran 200 kilómetros. Esto demostraba que eso que yo pensaba antes era lo que te cuesta que te entiendan cuando una provincia es tan extensa, tienes una concentración tan grande en un sector y el resto está aislado. Yo me imaginaba que si podía ser gobernador lo primero que iba a tratar de hacer era cómo empezábamos a evitar la migración interna, que no significara que para que vos pudieras crecer o tener una oportunidad, sí o sí te tuvieras que venir al Gran Mendoza.

— ¿Y su compañero Raúl recordó esa promesa el día que usted asumió la gobernación?

— Se acordó y siempre me ha acompañado y ha estado siempre conmigo, siempre recuerda de esa vez cuando yo le decía que iba a ser gobernador. El poder estar allí, a pesar de todas las dificultades, ha sido una de las cosas con lo que más me ha honrado la comunidad de Mendoza.

— ¿Siente que cumplió con las expectativas que generó su gestión o le quedaron asignaturas pendientes?

— Yo creo que hay cosas en las que pudimos hacer. Yo me preocupé mucho por tratar, primero, de llegar a los lugares donde no siempre se llega; segundo, de hacer aquellas cosas de las que siempre se hablaba y no se hacían. Ejemplo: Comahue-Cuyo. Desde los años 70 se decía la necesidad de tener la Comahue-Cuyo porque justamente nuestra provincia estaba aislada del sistema eléctrico nacional, dependíamos solo de Córdoba, y el Sur dependíamos solo de Los Nihuiles. Trabajamos, hicimos junto con el gobierno nacional, y Comahue-Cuyo quedó. Una obra que no muchos lo van a ver; salvo que cuando uno va hacia el Sur o hacia el Este y que alguien te diga "¿eso qué es?", es la Comahue-Cuyo, no solo no saben qué es, sino la importancia que tiene a partir de tenerlo porque Mendoza dejó de estar aislada.

El "el mapa del delito" y su gobernación (2007-2011)

— Durante su gobierno se implementó el mapa del delito, una iniciativa que generó intensos debates. ¿Qué balance hace hoy de esa política de seguridad?

— Hay dos cuestiones. Primero, que nosotros lo empezamos a aplicar y lo bueno, si no sirviera, hoy se está haciendo. De hecho, si vos vas al Ministerio Público Fiscal, se está realizando sobre la base de lo que nosotros siempre dijimos, y pudimos hacer el sistema, porque ¿qué lo que es? Es poder vos tener en tiempo real qué es lo que va pasando para ir vos mejorando el sistema. Nosotros lo aplicamos. ¿Cuál fue, si uno tuviera que llamar, un error? Un error de cálculo en el tiempo en que pretendíamos o fue el tiempo o fue el lugar que el porcentaje que queríamos disminuir.
Pero cuando vos ves a lo largo de los cuatro años de mi gestión, nosotros bajamos mucho más el tema del delito y nosotros logramos en serio atacar a toda lo que era la inseguridad, no solo desde el punto de vista de la policía, sino también de lo que significaron las políticas públicas. Recordemos programas como "De la esquina a la universidad", lo que trabajamos para que los policías, que hasta ese entonces se tenían que comprar la ropa, comprar las balas, no tenían prácticamente una capacitación permanente, todo eso lo cambiamos. Compramos nuevas unidades, pusimos en serio el 911 integrado, que no estaba integrado, empezamos a poner cámaras en toda la provincia con los sistemas de que la gente pudiera ver los televisores y qué es lo que pasaba en cada lugar.

— También destaca acciones en el área educativa y social vinculadas a este tema.

— Empezamos a trabajar en mejorar la educación, por eso, entre otras cosas, en ese momento blanqueamos el salario docente para que realmente los docentes pudieran tener un salario más digno, pusimos en valor todo lo que significaba la supervisión. Y vos dirás "¿pero eso qué tiene que ver con la seguridad?". Mucho. Porque todas las políticas sociales... La seguridad no solo tiene que ver con cómo actúa la justicia y cómo actúa en su momento la policía, el poder de represión, sino que tienes que evitar. Y lo que más a veces cuesta entender es que de todas las discriminaciones que existen en el mundo, la peor de todas es la discriminación en el uso del tiempo libre. Y cuando vos no le das importancia, ahí es donde está el caldo de cultivo para muchos de los otros problemas que luego terminan en la inseguridad.

— ¿Qué obras o proyectos de su período como gobernador le producen mayor satisfacción al verlos funcionar hoy en día?

— Cada vez que yo puedo ver pasar el Metrotranvía, me pongo feliz. Y cada vez que leo que lo van a seguir con el programa para llegar a Luján, para llegar a lo que es el aeropuerto, lo que nosotros llamábamos el Tren del Vino, que hoy es el tren... Lo empezamos nosotros. Nosotros empezamos con el Metrotranvía y se sigue cumpliendo con lo que nosotros hicimos en San Diego de haber firmado el convenio para que todas las duplas que fueran saliendo del sistema de San Diego pudieran ser compradas por Mendoza para hacerlo. Nosotros lo inauguramos hasta Maipú. Recuerdo que no pudimos llegar a Luján porque en algún momento las vías que íbamos a utilizar pusieron todo asfalto para hacer una ciclovía. Qué bueno que siguió, porque fue una verdadera política de Estado el poder empezar con un sistema de transporte que fuera más amigable con el ambiente, que pudiera ser mucho más seguro, que pudiera unir mayor cantidad de personas. No diría que se me infla el pecho, sino que decir "qué bueno que hay una política de Estado", porque es lo que más cuesta. Generalmente todo el mundo que llega a ocupar un espacio cree que la historia empieza a partir de él; este es el mayor error que a veces se comete en la política. Uno, en realidad, es un eslabón de una larga cadena, de una que ya viene, es un eslabón en estos momentos y va a quedar un eslabón de otros que siguen.

— ¿Y existe algún proyecto que le genere frustración por no haber alcanzado los objetivos previstos?

También apostamos a la cultura, el Le Parc. El Le Parc lo empezamos nosotros. Si vos decís algo que me duele: me duele que no haya cumplido la función para la que pensamos el Le Parc. El Le Parc iba a ser la primera incubadora de industrias culturales del oeste argentino, y no lo entendieron. Inauguraron el Le Parc, se inauguró, lo dejé para que inaugurara la gestión siguiente, y no lo entendieron. No entendieron el concepto de lo que implicaba en ese momento la economía naranja. ¿Por qué te duele? Porque hoy estaríamos mucho... Sería mucho mejor porque hubiéramos apostado en serio a lo que significa la cultura visto como algo que desde el punto de vista económico genera empleo, genera recursos, como lo han hecho otros lugares como Medellín.

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