San Martín en España: los años de formación de un “enemigo del absolutismo”

A pocos días de un nuevo aniversario de la muerte del Libertador, Eduardo García Caffi, presidente el Instituto Sanmartiniano, evoca una etapa poco conocida de su vida.

José de San Martín, cadete del Regimiento de Murcia, cuadro al óleo del pintor argelino Hocine Ziani. Gentileza: Instituto Nacional Sanmartiniano.
José de San Martín, cadete del Regimiento de Murcia, cuadro al óleo del pintor argelino Hocine Ziani. Gentileza: Instituto Nacional Sanmartiniano.

Fue hijo de un militar destacado del Reino de España y nació cuando su padre era gobernador del sitio al que el rey lo había destinado, en ese territorio en el Virreinato del Río de la Plata llamado Yapeyú. Muy pronto, en su niñez, destacó por su inteligencia y, cuando con su familia se instaló en España, a sus siete años, afloró en él su inclinación por las armas. A los 13 recibió el bautismo de fuego, al servicio de la Corona, en África. Y hasta la avanzada edad de 34 años, ascendió en experiencia, batallas y reconocimiento como militar del por entonces imperio más grande del mundo.

Somos argentinos, y para nosotros la figura de José de San Martín es parte de la genética cultural (valga el término). Pero si no conociéramos su historia, nos resultaría increíble que ese mismo hombre, ese notable soldado de España, es el que en la década siguiente se convertiría en uno de los artífices de la emancipación de tres naciones. A punto tal de ser llamado “el Libertador”.

La infancia y la formación militar de San Martín en España, con su posterior conversión a la causa independentista, es uno de los aspectos más fascinantes de la figura del prócer mayor de Argentina, Chile y Perú.

Sin embargo, lo que podría parecer, a primera vista, una contradicción en su carácter y sus ideales, es propio de “un hombre enemigo de todo absolutismo”, que decía abrazar una “causa que es la del género humano”. Así lo consideró, en diálogo con Los Andes, Eduardo García Caffi, presidente del Instituto Nacional Sanmartiniano. El también músico y exfuncionario cultural, prepara los homenajes oficiales al prócer en el aniversario de su muerte, este 17 de agosto, pero se permitió un momento para repasar los años de formación del General.

–El padre de San Martín era gobernador de Yapeyú para el imperio español cuando nace su hijo y poco después la familia vuelve a España. ¿Qué se sabe de la infancia de José?

–Al término de su cargo como gobernador, el padre vuelve a España. No hay tantos estudios sobre su niñez, pero sí datos que proporciona su madre, Gregoria Matorras. Ella aseguraba que fue el hijo el que menos gasto le había ocasionado era José Francisco. Desde sus primeros años manifestó un espíritu austero, rasgo saliente de su personalidad. Era muy estudioso y reconcentrado. Se entregaba con placer al dibujo, a los ejercicios matemáticos y a la música.

–¿También era un apasionado por la música?

–Sabemos que estudió teoría musical y que tocaba la guitarra. Bartolomé Mitre ha apuntado esas vocaciones de juventud de San Martín y ha contado que podría haber vivido de ser músico tranquilamente.

–¿Y en cuanto a sus rasgos físicos y de conducta?

–San Martín tenía un acento andaluz y medía un metro setenta de estatura, un hombre alto para los cánones de la época. Hay otras caracterizaciones interesantes, como la que hace Adolf Gerard, quien lo acompañó hasta su muerte en Boulogne Sur Mer. Cuando muere el general, Gerard escribe: “San Martín era un hermoso anciano de una elevada estatura, que ni el tiempo, ni la fatigas ni las enfermedades lograron encorvar. Sus rasgos, firmes, pero simpáticos; su mirada, penetrante y viva; sus modales, afables; sus conversaciones, gratas de escuchar. Había leído todo lo que se podía leer. Hablaba inglés, francés e italiano del mismo modo. Su misericordia era inconmensurable. Amaba al obrero, pero lo quería sobrio y laborioso. Pero sobre todo, siempre decía la verdad”.

–¿Cómo fue la educación académica y miltar, tan precoz, de San Martín?

–Hoy hay consenso de que se educó en la Escuela de Temporalidades de Málaga. Cuando tenía 11 años y cinco meses, el 1 de julio de 1789, ingresó al Regimiento Leal de Murcia. La edad mínima de ingreso era 12 años, pero como su padre y hermanos eran militares, le permitieron entrar con menos edad. Después comenzó su vida militar plena, y antes de cumplir los 14, en el norte de África, participó de los combates con los moros. El bautismo de fuego se produjo el 28 de junio de 1791.

–¿Qué circunstancias mueven a San Martín a volcarse a la causa emancipadora?

–En 1811, en Cádiz, San Martín se entera de los procesos revolucionarios en América y decide su regreso. Hay una frase de él importante en este punto: “No he sido más que un instrumento accidental de la justicia y un agente del destino”. Y dice: “Mi causa es la causa del género humano”. El año en que San Martín ingresó al Regimiento de Murcia fue el de la Revolución Francesa. Eso, y sus lecturas, lo influyeron. La pelea de San Martín fue siempre contra el absolutismo. Primero peleó contra las invasiones napoleónicas, y luego contra los que sólo querían súbditos obedientes de la Corona. San Martín pensaba que los ciudadanos debían formarse para vivir en una comunidad organizada y elegir sus autoridades. También tenía una visión americanista e integradora. Él sentía obligado por una misión “superior”, convocado por algo se diría hasta místico, para desarrollar su lucha por la libertad.

–En su “conversión” de militar español a antirrealista, ¿no pesó también su contacto con las logias masónicas?

–Los masones dicen que él era masón, y la contraposición dice que, si él entronó a la Virgen como patrona de su ejército, no podía serlo. La verdad hace falta algo que realmente dé pruebas de su masonería. En este aspecto sobre su figura, hay miradas interesadas.

–¿Quedó enfrentado San Martín a su familia por esta decisión? ¿Pudo haber combatido contra alguno de sus hermanos?

–No alcanzó a combatir contra sus hermanos. Y, ciertamente, no hay registros sobre su disputa familiar. Su padre había muerto antes de esta decisión, que sin dudas provocó un sismo familiar. Pero luego su figura y su genio se hicieron tan grandes que terminó siendo admirado por familia. San Martín era un hombre distinto.

–A pesar de ser uno de los artífices de las independencias en América, ¿también representa, de algún modo hoy en día, el vínculo ineludible que hay entre todos los pueblos de España y América?

–Sin dudas, San Martín es también el padre de esa hermandad. No hay que negar que hubo académicos que miraron con recelo a la figura de San Martín al principio, pero todo quedó relegado por la grandeza de sus actos. Cuando uno analiza su figura es difícil entrarle por algún lado malo, por su integridad.

La etapa española del Libertador

  • Llegó allí a sus 7 años.
  • No volvió a América hasta cumplir los 34.
  • Fue militar y luchó en guerras contra la Francia napoléonica.
  • En 1794 peleó junto a dos de sus hermanos: Manuel Tadeo y Juan Fermín.
  • En 1808 el soldado español Juan de Dios lo salvó de la muerte. Cinco años más tarde, un hecho similar lo viviría con Juan Bautista Cabral.
  • Forjó su pensamiento con ideales de la Ilustración que influyeron en su conversión americanista.
  • El 9 de marzo de 1812 volvió a Buenos Aires en la fragata inglesa George Canning y comenzó a forjarse la etapa más gloriosa de la vida de San Martín. En el bando opuesto.

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