4 de noviembre de 2026 - 19:24

Reinventarse a los 60: los beneficios de seguir aprendiendo y 10 claves de especialistas para lograrlo

Esta etapa hoy plantea una transición de vida y no un cierre. Envejecimiento saludable, por qué la neuroplasticidad no desaparece y el rol del autoconocimiento.

Tener más de 60 años hoy es muy diferente a como era hace algunas décadas: se trata de personas que siguen activas, con proyectos e incluso ganas de aprender. Las posibilidades de tener buena salud potencian estas oportunidades, a lo que se suma el hecho de contar con más tiempo para sí mismos, mayor autoconocimiento y el plus de la tecnología como facilitador (cuando no un obstáculo si no se sabe manejar, pero también se puede aprender).

En setiembre, en el marco de la Semana de la Psicopedagogía organizada por UFLO Universidad, se abordó una pregunta central: ¿qué significa aprender cuando somos adultos mayores? Los profesionales coincidieron en que la adultez no es sinónimo de deterioro y que ser adulto mayor no constituye una experiencia única. “Cada historia de vida está atravesada por experiencias, decisiones, vínculos y contextos diferentes”, reconocen.

Reinvención a los 60: la adultez ya no es un cierre, sino una etapa de transición para seguir aprendiendo y descubriendo.

Reinvención a los 60: la adultez ya no es un cierre, sino una etapa de transición para seguir aprendiendo y descubriendo.

El planteo invita a pensar la adultez desde las capacidades, la autonomía, la participación y el respeto a cada persona. Sin dudas, aprender algo nuevo puede cambiar la forma en que se envejece. Permite mantenerse activo mental y físicamente, y quizás incluso favorecer el contacto social según el caso, una de las claves para preservar la buena salud. Aporta al bienestar emocional, brinda objetivos y proyectos y, sin dudas, es el gran aliado contra el deterioro cognitivo.

Cambio de época: una nueva perspectiva sobre la adultez

No puede interpretarse esto aislado del contexto en el que las personas no solo viven más, sino que buscan transitar un envejecimiento activo y con buena calidad de vida.

“Durante décadas, la narrativa dominante sobre la vejez giraba en torno al retiro, el descanso y el cierre de ciclos. Sin embargo, en el siglo XXI, esa visión está siendo desafiada por una generación que redefine lo que significa envejecer”, plantea el Centro Internacional sobre la Longevidad (CENIE).

“Hoy, muchas personas mayores de 60 años están reinventándose: cambiando de carrera, iniciando proyectos creativos, viajando solas por primera vez o incluso fundando empresas. La longevidad ya no es solo una extensión de la vida, sino una oportunidad para redescubrirse”, agrega en su análisis.

Aprender nuevas cosas o encarar nuevos desafíos ayuda a mantenerse vital y en buen estado de salud. En este sentido, la entidad plantea que en muchos países superar los 80 años es cada vez más común. Por eso, los 60 se han transformado en una etapa de transición, no de cierre.

Después de años de dedicación al trabajo, tareas domésticas, crianza y otras responsabilidades, la mayoría llega a esta etapa más aliviada de cargas, lo cual abre la puerta a mayor tiempo libre, dedicarse más a proyectos postergados o descubrir nuevas actividades.

El CENIE plantea que hay un cambio profundo en las prioridades: surge una necesidad de autenticidad, propósito y conexión. Y el contexto, además, tiene un gran facilitador: la tecnología. “Ha democratizado el acceso al conocimiento y a las oportunidades. Hoy, cualquier persona con conexión a internet puede aprender, emprender o compartir su visión del mundo”, reconoce.

Calidad de vida y reinvención exitosa

“Como geriatra y gerontólogo, considero que la calidad de vida después de los 60 años no depende solo de la edad ni de la ausencia de enfermedad, sino de cómo se ha ido construyendo la vida a través de todo el ciclo vital”, advierte el doctor Félix Nallim, Presidente de la Asociación Gerontológica Argentina (AGA).

En ese camino -enumera- influyen la alimentación, la actividad física, el descanso, la educación, los vínculos afectivos y comunitarios, la salud mental, la prevención oportuna, y asimismo, la seguridad y la previsión social, como pilares indispensables de protección, cuidado y dignidad.

Estrategias de especialistas para aprender a los 60: el autoconocimiento, el respeto por los ritmos, el uso de estrategias de memoria y la participación comunitaria.

Estrategias de especialistas para aprender a los 60: el autoconocimiento, el respeto por los ritmos, el uso de estrategias de memoria y la participación comunitaria.

Para que la reinvención sea exitosa, es fundamental cultivar el autoconocimiento. “Preguntarse qué apasiona, qué se desea aprender y qué legado se quiere dejar puede ser el punto de partida”, propone la entidad. Considera que el aprendizaje continuo es otro pilar, por eso sugiere que explorar cursos, talleres o incluso estudios universitarios puede abrir puertas insospechadas.

“También es clave contar con una red de apoyo, rodearse de personas que inspiren, escuchen y acompañen. Y, por supuesto, mantener la flexibilidad: aceptar que el camino puede tener curvas, que reinventarse no es llegar a un destino, sino disfrutar del trayecto”, sostiene.

Las 10 claves para seguir aprendiendo después de los 60

Durante las jornadas de UFLO Universidad se presentaron contenidos sobre procesos cognitivos, atención, memoria y estrategias para aprender de la mano de varios especialistas que confluyeron en cómo acompañar y promover el aprendizaje en la adultez mayor. De allí se desprenden diez claves con propuestas centradas en la experiencia, la autonomía, los apoyos necesarios y la participación en comunidad.

Reconocer que se puede aprender durante toda la vida: la plasticidad y la capacidad de cambio no desaparecen con la edad. El cerebro adulto conserva capacidad de reorganización ante la experiencia y el entrenamiento. La propuesta no consiste en recuperar el funcionamiento de otra etapa, sino en ampliar y sostener la reserva disponible. La escolaridad, los vínculos sociales y las actividades con sentido contribuyen a una reserva cognitiva, emocional y corporal.

Partir de la experiencia y elegir qué aprender: la persona adulta llega con una experiencia previa que debe ser considerada un insumo. Necesita saber para qué aprende y ser protagonista de la decisión. La historia propia puede convertirse en material de trabajo: la escritura, el juego, la conversación y la comunidad permiten recuperar experiencias y reconocer que cada persona tiene algo para contar y aportar.

Respetar los ritmos sin bajar la exigencia intelectual: con la edad pueden presentarse cambios en la velocidad de procesamiento, la memoria de trabajo, la flexibilidad ante problemas nuevos y la atención dividida, mientras se sostienen conocimientos, vocabulario, experiencia profesional y saber hacer. Para facilitar el aprendizaje, UFLO propone dar tiempo, reducir la demanda simultánea y ofrecer una instrucción por vez. Se recomienda evitar hablar mientras se proyecta un texto nuevo, no pedir copiar y escuchar al mismo tiempo, y utilizar materiales legibles.

Usar estrategias para recordar mejor: el conocimiento general, el vocabulario y el saber hacer pueden mantenerse e incluso crecer. Es útil relacionar la información con conocimientos previos, explicarla con palabras propias y recurrir a técnicas como la recuperación espaciada y las mnemotecnias. También sirven agendas, alarmas, pastilleros y lugares fijos para objetos importantes.

Practicar en forma distribuida y con apoyos graduales: la práctica mejora el rendimiento, aunque puede requerir más ensayos. El apoyo debe retirarse gradualmente a medida que se adquiere autonomía. Conviene priorizar pocas metas y usar sesiones breves y frecuentes, materiales ampliados, colores o grabaciones para repasar en casa.

Elegir actividades con sentido, producto y destinatario: las propuestas pueden orientarse a un producto y un destinatario reales (un libro de recetas, un archivo del barrio, un podcast o una huerta) o a desafíos como un idioma, fotografía digital o un instrumento. La actividad debe tener una dimensión social y permitir la libre elección.

Explorar habilidades e intereses (Orientación Vocacional +50): acompaña la exploración de habilidades, conocimientos, emociones, intereses y valores para promover una vida plena. Ayuda a reconocer fortalezas y orientar decisiones ante cambios profesionales, familiares o de estilo de vida, abriendo camino a nuevas carreras, voluntariados, emprendimientos, hobbies o actividades educativas.

Diferenciar cambios esperables de señales que requieren evaluación: olvidar dónde se dejaron las llaves y luego encontrarlas, tardar en recuperar una palabra o necesitar más tiempo para una tarea nueva son cambios esperables. En cambio, la pérdida de autonomía, la desorientación en lugares conocidos, los cambios que la persona no registra o un lenguaje incomprensible requieren evaluación. Conviene revisar audición, visión, estado de ánimo, sueño y medicación. Si algo preocupa, se recomienda registrar hechos concretos y consultar al médico; una charla o test aislado no establecen un diagnóstico.

Defender la autonomía y cuestionar el edadismo: desde la perspectiva de derechos humanos, las personas mayores deben ser respetadas como sujetos de derechos, con autonomía, capacidad de decisión, consentimiento informado y participación. El edadismo surge cuando se considera sólo la edad y se ignoran las habilidades y la experiencia. UFLO propone revisar prejuicios, escuchar a la persona mayor y fortalecer su poder de decisión.

Aprender con otros y participar en la comunidad: Favorece la participación social y la construcción de identidad. Reunirse con pares, compartir saberes, promover el intercambio intergeneracional y participar en proyectos concretos fortalece el proceso. Las personas mayores pueden aprender, crear, enseñar y aportar sus conocimientos sosteniendo el sentido comunitario.

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