Raúl Alfonsín en Vendimia: cuando el palco funcionó como termómetro social

Con entradas agotadas, reinas invitadas y cupos gratis para jubilados, la Vendimia 1984 mostró cómo la provincia volvía a reunirse.

En 1984, Mendoza no solo celebró la cosecha: se miró en un espejo público. La presencia del Presidente, declarado huésped de honor junto a su esposa por el Gobierno provincial, ordenó la lectura de la fiesta. En clave protocolar fue una visita de Estado; en clave social, una señal nítida: el poder nacional se sentó en primera fila para mirar —y dejarse mirar— en un ritual popular.

La liturgia vendimial se activó mucho antes del Acto Central. Como parte de historias de vendimia, la agenda funcionó como coreografía urbana: por la mañana se anunció la Bendición de los Frutos; por la noche, el Baile de las Reinas en El Bermejo sumó sociabilidad y flashes. Entre ambos extremos, la ciudad se movió con horarios, traslados y acreditaciones, y con esa sensación de “semana grande” en la que todo parecía latir al mismo ritmo.

El palco, las llaves y la “postal” democrática

En las calles la visita presidencial se sintió en detalles: vallas, horarios, comitivas y curiosos esperando un saludo. Para muchos, ver al Presidente aquí era confirmar que la fiesta volvía a ser asunto nacional.

El gesto de las Llaves de la Ciudad resumió la escena. No fue solo cortesía: fue una forma de inscribir la Vendimia en el relato democrático que se estaba reconstruyendo, con rituales públicos, símbolos compartidos y cámaras atentas. La política no invadió el espectáculo; se sentó a observarlo, como quien mide el pulso social de una provincia que volvía a congregarse.

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Momento en que Cándido Rubiolo, arzobispo de Mendoza, bendijo los frutos de la tierra.

Momento en que Cándido Rubiolo, arzobispo de Mendoza, bendijo los frutos de la tierra.

Diplomacia y gobernadores: Vendimia como vidriera

Al palco se le agregó otra capa: la Vendimia se volvió un mapa de relaciones institucionales. Se registraron visitas de gobernadores de provincias vecinas y autoridades de distintos puntos del país, y también presencias diplomáticas. En el listado aparecieron enviados de Chile, Francia, Japón y Finlandia, y se destacó la figura del embajador de Estados Unidos. Sin discursos, el mensaje quedó servido: la fiesta era celebración, pero también vidriera.

Entradas agotadas y un gesto de acceso

Mientras ese “arriba” se ordenaba, el “abajo” popular mostró su propio termómetro. Las entradas para el Acto Central del sábado en el Teatro Griego Frank Romero Day se agotaron. La información circuló en modo práctico: puntos de venta, horarios, cupos y la aclaración de que aún quedaban localidades para la repetición del domingo. El dato, seco en apariencia, contó mucho más: en democracia reciente, la multitud quiso volver a ocupar una noche compartida.

Ahí apareció una curiosidad con peso social: la política de acceso. Se informó la entrega de entradas gratuitas para jubilados y pensionados, articulada con PAMI, con requisitos para el retiro. Fue un detalle organizativo, pero también un gesto de época: la Vendimia se pensó como ritual colectivo y no solo como espectáculo para quienes podían pagarlo.

Un “encuentro de soberanas”, con guiño internacional

Y, en paralelo, la fiesta se armó como un verdadero “encuentro de soberanas”. Se anunció la llegada de reinas nacionales de distintas celebraciones —la Manzana, el Mar, la Nieve, el Maíz, la Corvina Rubia, entre otras— y se sumó un ancla internacional: la Vendimiadora Mayor de España, Ana Isabel Arrea Uruñuela, procedente de Logroño. El dato fue fotogénico y simbólico: la provincia intentó contarse hacia afuera, tejiendo lazos culturales y legitimaciones cruzadas entre fiestas populares.

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Un mensaje de bienvenida anticipó la llegada a Mendoza de la Vendimiadora Mayor de España, Ana Isabel Arrea Uruñuela, procedente de Logroño: un guiño de proyección internacional y de lazos culturales en la Vendimia de 1984.

Un mensaje de bienvenida anticipó la llegada a Mendoza de la Vendimiadora Mayor de España, Ana Isabel Arrea Uruñuela, procedente de Logroño: un guiño de proyección internacional y de lazos culturales en la Vendimia de 1984.

Una ciudad activada alrededor del rito

Con esos ejes —palco, delegaciones, reinas invitadas, entradas agotadas y gratuidades— la Vendimia 1984 quedó retratada como masiva, organizada y social. El anfiteatro fue el gran escenario, sí; pero la historia también transcurrió en hoteles, boleterías, oficinas de retiro y actos formales que convirtieron una visita presidencial en símbolo. Y ese fue el dato más elocuente: la provincia volvió a reunirse, con emoción, organización y un público dispuesto a ocupar su lugar.

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La esposa del Gobernador de la provincia fue la encargada de coronar a Nora II, reina electa de 1984.

La esposa del Gobernador de la provincia fue la encargada de coronar a Nora II, reina electa de 1984.

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