La histórica vendimia de 1986: el resurgir cultural y colectivo tras el terremoto de1985

Tras el sismo de 1985, la vendimia del cincuentenario reunió cerros colmados, picnic popular y una corona histórica para Santa Rosa.

La Vendimia de 1986 no volvió como un trámite: volvió como un gesto colectivo. Venía de un año en blanco, de esa ausencia rara que deja un ritual interrumpido. El terremoto del 26 de enero de 1985 seguía cerca en la memoria y en la prudencia de Mendoza. Por eso, cuando la semana vendimial recuperó su forma, Mendoza se movió como quien recupera una costumbre querida: con ganas de salir, de encontrarse y de comprobar que la noche compartida también podía reparar.

“Cincuenta vendimias de luz”

El cincuentenario le dio a esa vuelta un marco perfecto. No fue un número redondo para la estadística: fue una excusa para mirarse hacia atrás y decir “acá estamos”. Entre los asistentes circuló la sensación de álbum familiar: se compararon ediciones, se nombraron reinas, se recordó a quienes faltaban y se aplaudió como si el aniversario pidiera demostrar que el rito aún seguía de pie. El espectáculo central se tituló “Raza de cepas, cincuenta vendimias de luz”, una frase que sonó a promesa. Con dirección general de Pedro Marabini y guion de Miriam Armentano, la edición 50 apostó a lo luminoso como mensaje: encender el escenario y, de paso, encender el ánimo.

Cerros como platea y anfiteatro que no alcanzó

La curiosidad más elocuente de 1986 estuvo fuera del escenario. El anfiteatro se llenó, pero el deseo de estar desbordó las gradas: los cerros aledaños se poblaron como una platea extra. Fue una postal muy mendocina: gente subiendo con paciencia, ubicándose donde podía, ganándose una vista privilegiada a fuerza de piernas y de plan. La geografía se volvió escenografía: laderas convertidas en “gradas naturales”, con familias enteras mirando desde arriba como quien guarda el mejor ángulo para el recuerdo.

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Entre las visitas institucionales de aquella edición, el gobernador Carlos Menem asistió al Acto Central, en una Vendimia marcada por el regreso y la escala del Cincuentenario.

Entre las visitas institucionales de aquella edición, el gobernador Carlos Menem asistió al Acto Central, en una Vendimia marcada por el regreso y la escala del Cincuentenario.

La previa también fue parte del espectáculo

El movimiento empezó temprano, con tránsito, caminatas y ese pulso que suele seguir al Carrusel. Ahí apareció otra imagen de época: canastas, termos, paquetes y algo para picar que convertían la espera en picnic. No era “matar el tiempo”; era recuperar la experiencia completa: llegar con anticipación, elegir lugar, estirar la tarde y compartir. En 1986, la espera fue pertenencia. Unos cuidaban el sitio, otros abrían el mate y alguno repartía sanguches, como si la fiesta también se midiera en esa sobremesa improvisada.

Una corona primeriza y un empate de colección

En la elección, el cincuentenario sumó un giro perfecto para el archivo. La corona nacional quedó por primera vez en manos de Estela San Sebastián, representante de Santa Rosa. Que en el año 50 ganara un departamento que nunca había ganado tuvo ese sabor de coincidencia feliz, como si la historia quisiera subrayar un estreno dentro del aniversario. Y todavía hubo otra rareza: se registró un empate que derivó en dos virreinas. En una fiesta tan reglada, la excepción quedó como símbolo de una noche intensa: hasta la matemática se permitió una travesura y el comentario corrió de boca en boca.

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Estela San Sebastián coronó un hito: en 1986, Santa Rosa obtuvo por primera vez la corona nacional, en el año del Cincuentenario vendimial.

Estela San Sebastián coronó un hito: en 1986, Santa Rosa obtuvo por primera vez la corona nacional, en el año del Cincuentenario vendimial.

Nació CORENAVE: memoria con presencia

El cincuentenario dejó además una novedad institucional que con el tiempo se volvió parte del paisaje vendimial. En 1986 se impulsó formalmente la organización de reinas nacionales de mandato cumplido en una comisión con vocación solidaria y de preservación patrimonial. Así nació CORENAVE: una forma de convertir la memoria en participación, de sacar a las “reinas de antes” de la vitrina y llevarlas a la acción.

El regreso como relato

Por eso, al recordar 1986, no alcanzó con decir “fue el año del cincuentenario”. Fue el año en que la Vendimia volvió con una energía que se notó en lo mínimo: cerros llenos, gente instalada desde temprano, un resultado histórico para un departamento debutante y una comisión nacida para sostener el lazo entre pasado y presente. En esa Vendimia, la reconstrucción no se declamó: se vivió.

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