La noche que "bajaron a Charly García" del Acto Central minutos antes y con un teatro repleto
La versión rock del Himno quedó fuera de la Vendimia y, en un anfiteatro colmado, Mendoza debatió símbolos, música y arte.
Charly García llevó el Himno al rock y empujó un debate incómodo sobre cómo puede sonar un símbolo patrio.
Foto:
Fuente: Diario Los Andes.
En la Vendimia de 1991 pasó algo raro: el tema más comentado no fue lo que sonó, sino lo que no llegó a sonar. En la previa del Acto Central, una decisión dejó afuera de la banda sonora una versión del Himno Nacional Argentino reversionada por Charly García. En una fiesta hecha de sonido y multitud, el silencio se volvió protagonista.
En los pasillos del anfiteatro la escena se resumió en una frase: “estaba anunciado”. Alguien lo esperaba y, de pronto, no estaba. Ese vacío —apenas un track— funcionó como espejo de época: rock vs. solemnidad.
Liturgia vendimial y símbolos intocables
La Vendimia siempre operó como liturgia. Tiene instantes que ordenan a miles y ponen a todos en un mismo código. En Mendoza, además, existía un himno propio del rito: Canto a Mendoza, estrenado en 1946 y adoptado como canción oficial desde 1954. Con ese antecedente, la pregunta que flotó esa noche no fue solo musical; fue simbólica: ¿cómo debía sonar la patria cuando la ceremonia era masiva?
Por eso, el “himno rockero” entró al debate con peso extra. No era capricho estético: rozaba el límite entre homenaje e irreverencia, entre tradición y modernidad, entre lo escolar y lo popular.
La polémica venía de antes
La versión de Charly ya cargaba historia. Tras su aparición, había despertado pedidos de censura, acusaciones de falta de respeto y hasta una denuncia judicial invocando el artículo 222 del Código Penal. Cuando un juez falló a favor del músico y sostuvo que no había ultraje al símbolo, la discusión no se apagó: cambió de forma. Ya no era “si se puede” legalmente, sino “si se debe” culturalmente. Esa diferencia viajó directo a la Vendimia y encontró un escenario perfecto: miles mirando a la vez.
Un show y un “no” fuera de cámara
1991 llegó con el Teatro Griego Frank Romero Day colmado y un espectáculo titulado “Vendimia del hombre, más el hombre”, con libreto de Vilma Vega y dirección general de Luis Alfredo Villalba. En escena, la apuesta se apoyó fuerte en iluminación y escenografía y sumó guiños históricos, como si el show dialogara con su propio archivo.
LA- Vendimia histórica- Nota 3- Imagen 2
"Vendimia del hombre, más el hombre” apostó a una puesta de gran impacto, con la luz como protagonista.
Fuente: Archivo Diario Los Andes (Hemeroteca Biblioteca Pública General San Martín). Restauración digital asistida por IA.
Mientras tanto, el episodio del himno se cocinó fuera de cámara: en decisiones administrativas, en un “sí/no” que parecía técnico y terminó siendo cultural.
Modernidad visual, conservadurismo sonoro
Como si la época quisiera subrayar su contradicción, 1991 también fue el año en que se organizó un concurso privado para elegir el afiche promocional, con doce diseñadores y artistas invitados. Por un lado, la Vendimia buscó modernidad visual y se aggiornó en su imagen; por el otro, se volvió conservadora con el sonido.
La corona y lo que quedó en conversación
El cierre siguió el camino ritual: elección, coronación, fotos y salida lenta del anfiteatro hacia la madrugada. La reina nacional fue Patricia Cecconato. Pero el dato más persistente de ese año no quedó en la corona ni en el último cuadro: quedó en la discusión sobre símbolos. En 1991, la Vendimia también funcionó como ring cultural: el rock tocó la puerta del ceremonial… y la puerta, esa vez, no se abrió.