3 de febrero de 2026 - 09:00

Cuando el "Almuerzo de las Fuerzas Vivas" se volvió Agasajo y cambió la liturgia de la vendimia

De mesa solemne a salón en movimiento: en 1994 el encuentro vendimial cambió de nombre y de códigos, configurando otro capítulo de historias de vendimia.

El domingo 6 de marzo de 1994, la Vendimia amaneció resumida en dos fotos: una reina nueva en primer plano y el anfiteatro iluminado. María de los Ángeles Massi, de Godoy Cruz, se quedaba con la corona; la virreina llegaba desde La Paz; y el espectáculo “Vendimia de los cuatro vientos” prometía épica.

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María de los Ángeles Massi, representante de Godoy Cruz, fue coronada Reina Nacional de la Vendimia 1994 tras una elección reñida: la postal que abrió el domingo vendimial con la nueva soberana en primer plano.

María de los Ángeles Massi, representante de Godoy Cruz, fue coronada Reina Nacional de la Vendimia 1994 tras una elección reñida: la postal que abrió el domingo vendimial con la nueva soberana en primer plano.

Pero el fin de semana también se entendía por lo que había ocurrido unas horas antes, cuando la fiesta se mudó a un salón de conversaciones.

1936: la mesa que nació junto a la fiesta

Ese almuerzo del sábado no era un invento noventoso. Tenía raíces en 1936, el mismo año del debut de vendimia, cuando empresarios del entonces Centro de Bodegueros de Mendoza organizaron el primer encuentro en Bodega Escorihuela. La presencia del presidente Agustín Pedro Justo le dio peso político desde el origen: la Vendimia podía ser espectáculo popular y, a la vez, cita de economía. Desde entonces, esa mesa fue un segundo escenario, silencioso y decisivo.

Banquete, Fuerzas Vivas y “vitivinicultura”: nombres que contaron época

Con los años, el evento cambió de nombre según el clima social y quién tomaba la palabra. Fue “Banquete de la Vendimia” cuando la formalidad mandaba; fue “Almuerzo de las Fuerzas Vivas” cuando el encuentro quiso representar a varios sectores productivos, no solo al vino. Ahí el título decía mucho: “fuerzas” era peso, “vivas” era actualidad, y la comida servía de tribuna para hablar de cosecha, trabajo, impuestos y precios.

En los 80, la impronta se hizo más sectorial. Aparecieron rótulos como “Almuerzo del Centro de Bodegueros de Mendoza” o “Almuerzo de la Vitivinicultura”. Con el tiempo, la organización quedó en manos de Bodegas de Argentina, heredera de aquel Centro y representante de empresas distribuidas en las provincias vitivinícolas del país.

1994: “Agasajo”, la palabra que cambió la coreografía

El giro más visible llegó en 1994. El histórico “Almuerzo de las Fuerzas Vivas” mutó en “Agasajo de la Vendimia”. No fue un maquillaje menor: cambió el tono y el modo de estar. “Agasajo” sonó menos comité y más anfitrión; menos mesa cerrada y más recepción. Encajó con los códigos de los 90: pertenencia pública, foto, presentación impecable y la economía del saludo rápido.

La organización acompañó el rebautismo. Las mesas largas con comensales inmóviles, esperando el discurso, empezaron a ceder lugar a un formato más circulable: rondas de conversación, corrillos, recorridas, periodistas buscando frases y copas que funcionaban como llave. El lobby, que antes parecía un murmullo de sobremesa, se volvió una escena visible.

En ese mediodía, el vino operó como idioma común. Se brindó, claro, pero también se midió el pulso del sector: qué preocupaciones se repetían, qué promesas flotaban, qué gestos marcaban alianzas.

Dos escenarios, una misma Vendimia

1994 quedó como una Vendimia en capas. El anfiteatro entregó emoción, espectáculo y coronación; el mediodía ajustó el mapa del poder. Por eso el cambio de nombre valió como dato periodístico: mostró cómo una fiesta también cuenta su época. En Mendoza cuyana, la noche celebró; el sábado al mediodía, el poder brindó y se dejó ver.

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