Adiós a la capa: el año en que las reinas de la vendimia se vistieron "como Miss"
Sin terciopelo y con más brillo, la Vendimia 2003 discutió recato, imagen global y una Mendoza que se llenó de turistas.
Backstage sin protocolo: candidatas a reina celebraron y bailaron en la previa vendimial, en una edición que ese año también rompió moldes en la estética del Acto Central con la decisión de salir a escena sin capa.
Foto:
Fuente: Archivo Diario Los Andes (Hemeroteca Biblioteca Pública General San Martín). Restauración digital asistida por IA
La historia empezó lejos del anfiteatro. En una madrugada, candidatas al cetro vendimial se dejaron fotografiar en un pub de Avenida Arístides Villanueva: vestidos de fiesta, risas, baile y aire descontracturado. La imagen, salida entre amigas, funcionó como anticipo: puertas adentro, la Vendimia estaba afinando un giro estético con olor a “antes y después”.
El dato que encendió la conversaciónfue simple y explosivo: durante el Acto Central, las candidatas no usarían la clásica capa de terciopelo. La prenda era más que abrigo: era emblema, marco ceremonial y una manera de “poner distancia”. Sacarla de escena tocó una fibra identitaria y disparó una pregunta muy mendocina: ¿se estaba perdiendo el recato vendimial o solo cambiaba el lenguaje de época?
LA- Vendimia histórica- Nota 4- Imagen portada con IA
Backstage sin protocolo: candidatas a reina celebraron y bailaron en la previa vendimial, en una edición que ese año también rompió moldes en la estética del Acto Central con la decisión de salir a escena sin capa.
Fuente: Archivo Diario Los Andes (Hemeroteca Biblioteca Pública General San Martín). Restauración digital asistida por IA
Brillo y gramática “Miss”
La explicación mezcló logística con estrategia de imagen. Por un lado, la comodidad: bajar escalinatas, moverse con soltura, saludar sin enredos y sostener un vestuario más liviano. Por otro, la intención explícita: acercar la elección a códigos reconocibles fuera de la provincia, como si la Vendimia buscara hablar un idioma más internacional. En ese razonamiento, la capa quedaba asociada a lo antiguo; el vestido, a lo exportable.
El cambio tuvo nombre propio: Miguel Benavidez apareció como referencia central de la propuesta. Miró concursos de belleza y tradujo esa gramática al universo vendimial. La consigna sonaba moderna: menos “armadura”, más figura. Y, sin embargo, el resultado apostó a una paradoja luminosa: más brillo. Quedaron palabras que hoy suenan a cápsula del tiempo —peltre, strass, tornasol— y un gesto compartido que decía “cámara”: peinados recogidos para resaltar el rostro.
Sensual, elegante… y medido al gramo
Los detalles del diseño también hablaron del clima cultural. Se mencionó un estilo sensual y elegante: escotes más profundos, espaldas más expuestas y una cola breve, apenas un arrastre para caminar sin drama. Hasta el peso importó: se dijo que los vestidos rondaban menos de un kilo. La consigna era que el cuerpo pudiera moverse y sonreír sin pelear con la tela. En una fiesta donde cada paso se observa, la movilidad era parte del mensaje.
Tradición que no se fue del todo
El equilibrio con el protocolo fue delicado. La capa no desapareció por completo: se sostuvo que la reina saliente la mantendría por razones protocolares, como si la tradición pidiera una última vuelta completa antes de correrse. También circuló un detalle fino: Noelia Blanco tendría un look propio —se habló de una gama de azules— y una cuota de misterio alrededor del momento de la coronación, ese instante en que la estética se vuelve ceremonia.
La ciudad desbordó
Mientras se discutía moda, la calle hablaba con multitudes. La Vía Blanca de las Reinas mostró una convocatoria altísima y reforzó el dato de color: 2003 se vivió como una de las ediciones con afluencia turística récord. El brillo no estuvo solo en los vestidos; también en las veredas llenas, el murmullo de acentos y esa sensación de ciudad “de estreno” que acompaña a los fines de semana grandes.
LA- Vendimia histórica- Nota 4- Imagen 2 con IA
Vía Blanca multitudinaria: miles de personas coparon el recorrido y confirmaron el pulso turístico de la Vendimia 2003, una de las ediciones con mayor afluencia de visitantes de la década.
Fuente: Archivo Diario Los Andes (Hemeroteca Biblioteca Pública General San Martín). Restauración digital asistida por IA
Al final, no era solo una capa
La discusión terminó siendo más profunda que la prenda. Se trató de qué imagen quería proyectar la Vendimia: si una postal más global —menos terciopelo, más brillo— podía convivir con la liturgia mendocina sin traicionarla. La respuesta quedó donde se decide lo popular: en lo que la gente comentó, aplaudió, discutió… y, con el tiempo, naturalizó como parte de su historia.