Qué es la violencia simbólica que dicen experimentar 9 de cada 10 mujeres

Es una de las diversas formas de violencia de la que no están exentas las diversidades ni los varones y que condiciona vidas y conductas. Cómo evitar reproducirla.

Día Internacional de la mujer, el 8 de marzo, marcha De Ni una menos en la Ciudad de Mendoza. / José Gutiérrez - Los Andes
Día Internacional de la mujer, el 8 de marzo, marcha De Ni una menos en la Ciudad de Mendoza. / José Gutiérrez - Los Andes

La violencia simbólica quizás sea una de las más invisibles pero no por ello menos nociva. De hecho, puede tener impacto a gran escala por su forma de reproducción.

Es la ejercida a través de patrones estereotipados, mensajes, valores, íconos o signos, transmiten y reproducen dominación, desigualdad y discriminación en las relaciones sociales. Las mujeres, son las principales afectadas. De este modo, ejercida sobre ellas se naturaliza su subordinación en la sociedad, la asignación de determinados roles y la necesidad de cumplir con ciertos modelos. Sin embargo, los varones, aunque en menor medida, también deben cargar con sus consecuencias.

La incorporación silente de estas formas lleva a su replicación justamente por su naturalización. El trato, las formas, la mirada, el juicio y hasta sanciones de los otros y del sistema sobre las personas afectan sus conductas, sus elecciones, sus vidas, sus relaciones, sus empleos.

Los estereotipos son representaciones que asignan características y valores a cada género. Se basan en los roles e identidades que socialmente se les han asignado a varones y mujeres, así como a otras diversidades. Es un modelo único que se impone. Pueden ser generalizaciones, ideas simplificadas, distorsiones, descripciones parciales sobre las características de las personas según el género que se les asigna.

Ejemplos de frases que ponen en evidencia este tipo de violencia son:

“Las mujeres son competitivas entre sí”

“Si se quedó con él, es porque le gusta que la maltraten”

“Es celoso porque la quiere mucho”

“Los varones son “brutos””

“Los hombres no lloran”

Y en ese marco hay que sumar frecuentes bromas sobre aspectos como que las mujeres son consumistas o la demanda de que los varones deben responder con fortaleza ante las situaciones y “cuidar” de las mujeres por considerarlas en condición de debilidad.

Los medios de comunicación son un entorno habitual de reproducción de estos estereotipos. Un ejemplo claro de esto son las publicidades de productos de limpieza o para el hogar, durante muchos años dirigidos exclusivamente a las mujeres y que mostraban un determinado modelo de ama de casa. Paulatinamente se instala una tendencia al cambio en este sentido pero que va lento y por lo pronto parece superficial.

En 2020 la publicidad de una cerveza fue acusada de “violencia simbólica” y debieron “levantarla”. Brahma salió a pedir disculpas luego de que el comercial fuera calificado como “misógino”, “machista” y “violento”. Provocó además una publicación del Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad de la Nación sobre la “violencia simbólica”.

“La reproducción de la discriminación, desigualdad y dominación en las relaciones sociales a través de la difusión de mensajes, patrones, valores, íconos o signos es una violación a los derechos humanos de las mujeres conforme la Ley 26.485 y se conoce como ‘violencia simbólica’”, publicó en un hilo de Twitter la responsable del Ministerio, Elizabeth Gómez Alcorta.

“Se trata de un tipo de violencia que se encuentra naturalizada y no suele ser identificada como tal por quienes producen y reciben los mensajes. Es parte de lo establecido por nuestra cultura. Por eso, está presente en todos los demás tipos de violencia por razones de género”, expresó.

A mediados del año pasado la Secretaría de Comercio Interior, a través de la Subsecretaría de Acciones para la Defensa de las y los Consumidores, sancionó al Laboratorio Elea Phoenix, con una multa de $ 4 millones, por promocionar su producto medicinal Agarol Pür como estético y ejercer violencia simbólica contra las mujeres”.

Dirigida a las mujeres

La consultora Grow, que se dedica a temas de género, pudo mostrar el impacto abarcativo de la problemática. Luego de realizar un abordaje concluyó que 9 de cada 10 mujeres experimentaron violencia simbólica.

En el caso de los varones, respondieron lo mismo 5 de cada 10.

Además, 4 de cada 10 mujeres escucharon alguna vez que “las mujeres no pueden liderar determinados grupos de trabajo por ser más sentimentales”.

Otro dato que surgió es que mientras estudiaban un 82% de las mujeres escucharon comentarios relacionados a sus carreras y su género. Por ejemplo, observaciones como que la carrera o el entorno no era el adecuado para ellas o que las mujeres no tienen fuerza. Lo mismo le pasó al 93% de las personas de otras identidades de género y al 62% de los varones.

Para Grow estas situaciones operan de manera “invisible”, bajo la forma de estereotipos, expectativas y roles; y los mensajes que reciben condicionan profesiones, exigen determinados cuerpos, marcan qué puede y debe hacer una mujer.

Así, llevó adelante una encuesta online para conocer cuál es la experiencia de las personas respecto este tipo de violencia, tanto en sus espacios de estudio como en las entrevistas laborales. A fines de marzo, la encuesta había sido respondida por 638 mujeres, 167 varones y 32 de otras identidades de género.

Entre la información que recabaron se destaca además que al 29% de las mujeres consultadas le dijeron que la carrera elegida no le permitiría conciliar el trabajo con la vida familiar. Solo al 16% de los varones les pasó lo mismo. En tanto, al 46% de las mujeres le preguntaron en una entrevista laboral por sus planes familiares.

Esto le sucedió a los varones y a las personas de otras identidades de género en un 25% en cada caso. Esto se relaciona con la asignación social de tareas domésticas y de cuidado prioritariamente a las mujeres.

“La violencia simbólica nos atraviesa en nuestras vidas. Todos los días escuchamos mensajes que nos indican, de una u otra manera, cómo se espera que nos comportemos desde un enfoque de género. Hablar de esta influencia y de las responsabilidades que tenemos como instituciones, nos permite entender qué podemos hacer para transformar la sociedad”, expresó Georgina Sticco, co-fundadora y directora de Grow.

Qué hacer para detectar y no reproducir la violencia simbólica

Ante esto, hay ciertas prácticas que pueden incorporarse para detectar la incorporación de estas concepciones, hacerlas visibles y evitar su reproducción:

-Cuestionar el “sentido común” que fija como lo “normal” ciertas construcciones sobre mujeres y también sobre varones: roles de cada una/o, modelo de belleza, valoración del “hombre blanco, heterosexual, de clase media”.

-Plantear un sentido crítico ante mensajes discriminatorios, para no naturalizar su uso cotidiano.

-Reflexionar acerca de los estereotipos que puedan ser discriminatorios, estigmatizantes o violentos.

-Tomar en cuenta que existen diversos modelos de mujeres y varones, ya que no existe una única forma de ser mujer o varón.

-Evitar la representación de las mujeres a través de su cuerpo o sus características físicas y su consecuente cosificación.

Cabe recordar que existe la línea de atención a las víctimas de violencia de género. El 144 es gratuito, da contención, información y asesoramiento, funciona todos los días, las 24 hs y en todo el país.

Distintas violencias

Es importante tener en cuenta que hay distintos tipos de violencia contra las mujeres: física, psicológica, sexual, económica y patrimonial, y simbólica.

Además, existen diversas modalidades según se manifiesten y en qué entorno lo hagan. Pueden ser doméstica, institucional, laboral, contra la libertad reproductiva, obstétrica y mediática.

En Argentina existe la Ley N°26.485 de Protección Integral para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia Contra las Mujeres en los Ámbitos en que desarrollen sus Relaciones Interpersonales .

La norma aborda la violencia de género de manera integral y transversal, en línea con la Convención Interamericana para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra la mujer (Convención de “Belem do Pará”). Por ello, entiende la violencia hacia las mujeres como problemática pública estructural atravesada por lo cultural, lo económico, lo político. Entre los objetivos de la ley se encuentra la “remoción de patrones socioculturales que promueven y sostienen la desigualdad de género y las relaciones de poder sobre las mujeres”, tal cual expresa el artículo 2°.

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